Las ramas de los árboles se revolvían de un lado a otro con suavidad, dejando así una suave brisa de otoño. Tan solo llevaba una semana en Nueva York y ya estaba fascinada por ella pese a que una gran cantidad de población habitaba en ella y el tráfico era insoportable.
Observé la gran fachada de mi nuevo conservatorio de danza Joffrey Ballet, estaba a punto de atravesar la puerta por la que tanto tiempo luché por abrir, tras largos e intensos años de constante sacrificio, al final dieron su fruto. Sonreí para mis adentros al percatarme de que por muy lejos que estuviera de mi hogar, si así se le podía denominar, aquí comenzaba mi nueva vida, y este sí que era mi verdadero hogar.
Tras abrir la puerta de entrada, divisé a lo lejos el mostrador donde una mujer se ubicaba junto a varias chicas más, las cuales parecían ser bailarinas ante sus vestimentas. Me aproximé a ellas y esperé a que estas terminaran de hablar con la mujer que se encontraba al otro lado de la mesa. Tras unos cortos minutos, las chicas se alejaron riendo de allí.
-Buenos días. -Saludó con cortesía la mujer de mediana edad. -¿Viene a clases?
-Buenos días. -Dije un tanto avergonzada. -Sí.
-Dígame su nombre y apellidos, por favor.
-Alissa Lombrad.
La mujer se mantuvo unos instantes rebuscando entre varias hojas de unos portafolios lo que suponía ser mi nombre y mis apellidos.
-Segunda puerta a la izquierda. -Indicó sin despegar la vista de sus papeles.
-Vale, muchas gracias. -Murmuré a modo de despedida.
Daba gracias a que mis padres me inculcaron ingles desde que nací, puesto que no era mi lengua materna. Entendía perfectamente el inglés, y más los diferentes acentos con los que los americanos solían hablar a diferencia de los británicos.
Comencé a caminar por el ancho pasillo del conservatorio, en dirección a la sala que la mujer me acababa de indicar. Tras llegar a esta, entreabrí la chirriante puerta y de inmediato las miradas de las chicas que se encontraban allí, se posaron en mí.
Aquí comenzaba mi nueva vida.
***
-¡Ya hemos terminado la clase por hoy, chicas! -Nos indicó nuestra profesora de ballet. -Mañana a la misma hora.
Solté un largo suspiro de cansancio y me dejé caer despacio en el reluciente suelo de la sala. Deslicé mi mano por mi frente, limpiando así las gotas de sudor que recaían en ella. Me quité las puntas de baile y observé las heridas de mis dedos. Parecía que nunca sanaría.
-Hola.
Me cabeza se dirigió en la dirección de la que provenía aquella femenina y dulce voz. Una chica de cabello oscuro me sonreía estando de pie.
-Hola. -Saludé un tanto avergonzada ante mi posible espanto de cara.
-¿Eres nueva cierto?
Asentí con la cabeza.
-¡Ya decía yo! Nunca antes te había visto por aquí.
-No, hoy es mi primer día.
-Wow, qué bien. -Sonrió. -Por cierto, me llamo Clara.
Me tendió su mano y la acepté con mucho gusto pensando que era a modo de saludo, sin embargo me alzó del suelo.
-Yo soy Alissa.
-¿Alissa? ¿No eres de América, cierto? Lo digo por tu acento y por tu nombre.
-No. -Reí levemente. -Soy de Francia.
-¡Ojalá pudiera ir allí! Dicen que hacen unas crepes de miedo. Soy fanática de los crepes con nutella. Lo siento soy muy habladora.
Y tanto.
-No te preocupes. -Reí ante su último comentario. -¿Qué edad tienes?
-Dieciocho. -Dijo. -¿Y tú?
-Yo también. -Sonreí. -¿Aparte de esto, estudias algo más?
Asintió con la cabeza.
-Dirección y administración de empresas. ¿Y tú?
-Yo... -Balbuceé. –Nada.
-¿No estás en la universidad?
Negué con la cabeza.
-Bueno, de todos modos, esto es como si estuvieras haciendo una carrera.
-¿Tú crees?
-Por supuesto. -Sonrió. -Si eres buena en esto, entonces tendrás muchas salidas en el futuro.
-Espero que así sea... -Susurré por lo bajo.
-Salgamos de clase. -Anunció Clara tomando sus cosas que estaban a escasos metros de las mías.
Una vez que ambas recogimos nuestras cosas, salimos de la sala para así dirigirnos a la salida del edificio. Una vez allí, observé como Clara deslizaba su mano en el interior de su bolso, para así extraer de él las llaves de su coche.
-¿Tienes coche? -Me preguntó con las llaves del suyo en la mano.
-No. Prefiero caminar o coger el bus.
No podía permitirme el hecho de tener un coche, no en la situación que vivía.
-¿Quieres que te lleve a tu casa?
-Tranquila, iré andando. Tan solo está a unos minutos de aquí.
-Como quieras. -Respondió Clara con una sonrisa. -¿Qué te parece si antes de baile nos tomamos un café aquí al lado?
-Me parece genial.
-¡Estupendo! -Vociferó esta con emoción. -Nos vemos mañana a las diez. ¡Adiós! -Se despidió doblando la esquina del edificio.
-Adiós. -Me despedí de ella, volteándome en dirección contraria.
Comencé a caminar contemplando los altivos edificios de la ciudad en la que residía a día de hoy. No podía ocultar la sensación tan increíble que recorría mi cuerpo de tan sólo saber que al fin estaba en América, alejada de Europa y en especial de Francia. Era...
Solté un grito ahogado en cuanto mi cuerpo chocó con brusquedad contra un pecho firme, provocando que cayera al suelo.
-¡Joder! -Exclamó una masculina voz con fastidio.
Hice una mueca de dolor al presenciar un agudo dolor en mi trasero. Era doloroso, sí.
-¿Podrías tener más cuidado la próxima vez o es que no ves? -Volvió a preguntar aquel chico.
Alcé la vista, para así encontrarme con su rostro. Tragué fuerte en el momento que mis ojos se clavaron en unos oscuros e intimidantes ojos. La multitud de lunares y pecas que se encontraban en su cuello y en su rostro captaron por completo mi atención, recordándome a mi misma que yo también tenía pecas en el rostro. No sabía bien si lo que me intimidaba era la potencia y el vigor que su mirada transmitía, o el color oscuro de sus ojos. Tenía a todo un Adonis frente a mí. Su cabello castaño se encontraba revuelto y un tanto mojado, dándole así un aspecto informal pero atractivo.
-Lo siento... -Balbuceé en leves susurros.
-¿Qué lo sientes? ¡Has derramado todo el café en mis pantalones! ¡Y para colmo está ardiendo!
Una parte de mí se sentía realmente culpable, mientras que otra no dejaba de reír interiormente ante la escena.
-Puedo pagarte otra café si quie...
-No. -Negó con frialdad. -La próxima mira por dónde vas.
Y así sin más, se marchó del lugar en el que yo me encontraba, sin tan siquiera haberme ayudado a levantarme del suelo.
Bienvenida a Nueva York, Alissa.
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FRECKLES.
Teen FictionÉl era tan... Peculiar. Explosivo. Orgulloso. Incondicional. Reservado. Y lo más importante, altivo. Así es como era Hugo.
