Capítulo 5

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-Clara... -Murmuré. -No estoy muy segura de esto.

¿Por qué había accedido? ¿Por qué? ¿Qué se me había pasado por la mente para haber aceptado semejante propuesta?

-Tan solo tienes que pisar el acelerador y...

No le dio tiempo a terminar la frase cuando yo presioné con fuerza mi pie en el acelerador, provocando que el motor de su Mini Cooper rugiera con fuerza y un chirriante sonido alcanzara nuestros tímpanos.

-¡Allá vamos! -Vociferó Clara alzando las manos.

-¡La última vez que hago esto! -Grito apretando con fuerza el volante.

No tenía carnet, incluso había conducido solo un par de veces en mi vida. No obstante, aquí nos encontrábamos Clara y yo, conduciendo por las calles de Manhattan sin rumbo exacto.

En cuanto observé a lo lejos como habían dos direcciones y en frente un muro, los nervios se esparcieron por mi cuerpo.

-¿Para donde giro? -Vociferé con total alteración.

-¡Vamos a estrellarnos! -Rió Clara eufóricamente.

¿Pero y a esta que le ocurría ahora? ¿Quería morir o qué?

-¡Clara! ¡No estoy de broma! -Volví a gritar sin despegar la vista del frente. -¡Clara estamos muy cerca! ¡Incluso no puedo separar el pie del acelerador!

-Tengo hambre. -Bufó con los ojos entrecerrados. -¿Qué te parece si vamos a comer?

¿De verdad? ¿Apunto de estrellarnos y Clara pensando en comer? ¿De qué planeta había salido esta chica?

-¡Clara vamos a morir!

Tan solo nos encontrábamos a unos metros del muro, cuando Clara tomó el volante y lo volteó hacia la derecha con vigor, causando que el coche diera un giro por completo hacia la izquierda. Acababa de ver a la muerte pasar.

-Asi de fácil. -Respondió volviendo toda su atención a su móvil. -Aparca allí. -Señaló una zona libre frente a una cafetería.

Hice casos de sus palabras, calmando así poco a poco el temor que segundos atrás había presenciado.

Tras salir del coche, le tendí las llaves a Clara tras llegar junto a ella, y ambas nos encaminamos hacia la cafetería llamada Tropical. Entreabrí la puerta de la cafetería, contemplando a primera vista como varias personas abarrotaban la barra y otras se encontraban en varios bancos sentados comiendo.

-¿Nos sentamos en las mesas o en la barra? -Le cuestioné a Clara.

-Mesa. -Asentí con la cabeza, y acto seguido la seguí por detrás.

Nos ubicamos en una mesa situada junto al ventanal de la cafetería, cuyas vistas eran preciosas. Me situé frente a Clara, y lo primero que esta hizo, fue coger la carta de comida, y observar con deseo las imágenes de esta.

-Buenos días. -Nos sobresaltó un hombre de mediana edad. -¿Os tomo nota ya o queréis que me espere un poco?

-Yo ya sé lo que quiero. -Indicó Clara. -Una hamburguesa doble, con doble de queso y dos raciones de patatas.

Tanto el camarero como yo observamos boquiabiertos las palabras que acaban de salir de Clara.

-¿Y tú, Ali? -Preguntó esta como si nada.

-Un sándwich vegetal y un vaso de agua.

-¡Ah, y otro para mí, por favor! -Exclamó Clara con una grata sonrisa al camarero.

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