Capitulo 2

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Conseguir llegar a mi casa ha resultado ser bastante agotador, me confundí diferentes veces de calle, lo cual ocasionó que no llegara a la puerta de mi edificio hasta pasadas las tres de la tarde.

Me situé en el portal y saqué las llaves de mi mochila negra, la abrí y subí escaleras arriba lo más rápido que me permitió mi cuerpo. Una vez que me situé delante de la puerta de mi nuevo apartamento, la abrí con agilidad y me adentré en él cerrando la puerta tras mí.

Mi nuevo hogar no era precisamente un palacio. Era pequeño y acogedor. Nada más entrar por la puerta, un pasillo en colores suaves te atrapaba y al final de este, se encontraban una sala de estar con comedor y mi habitación con baño en suite.

Me encaminé hacia la cocina, en la cual me preparé un sándwich con los restos de fiambre que me quedaban en la nevera, hasta que no me acostumbrara a Nueva York mi vida sería bastante dura.

Recogí las migas de pan de la encimera de granito negro y decidí ir a darme una vuelta por la zona para conseguir conocerla más a fondo. Fui antes hacia mi armario, del cual saqué unos vaqueros y un jersey color azul celeste, me los coloqué dejando para el final mis botas negras. Me dirigí hacia el recibidor, donde extraje del perchero un chaquetón negro térmico junto con un pequeño bolso en el cual se situaba un mapa, mi móvil y algo de dinero, después de prepararme salí dando saltos de mi casa.

Esta vez, en vez de usar las escaleras decidí meterme en el ascensor, el cual tuve que compartir unos diez segundos con una niña de unos diez años, la cual tenía el pelo lacio negro y los ojos verdes y su pequeño perro color negro al que llamaba snoopy.

-Adiós. -Me despedí de la niña mostrándole una sonrisa, la cual ella me devolvió al instante.

Me encaminé hacia la puerta del edificio, observando el decorado de la entrada. Era de un tono rosado tirando a anaranjado lo cual le daba un toque moderno y divertido.

Al salir al exterior, terminé de abrocharme el abrigo y comencé a caminar por las diferentes calles observándolas con detenimiento. Al cabo de unos minutos, saqué el mapa de mi bolsito y decidí visitar el museo MoMA, situado en Manhattan. Tras una media hora dando tumbos, allí estaba, ante mí uno de los mejores museos de Nueva York.

Me adentré hasta las taquillas, en las cuales tuve que hacer una cola de aproximadamente unos quince minutos hasta que un señor de aproximadamente unos cincuenta años me atendió.

-Buenas tardes, jovencita, ¿Qué necesita? -Me preguntó sonriéndome.

Le devolví la sonrisa. -Estaba pensando en darme una vuelta por el museo.

-¿Con guía?

Negué con la cabeza.

-Son veinte dólares. -Dijo finalmente.

Se los entregué y acto seguido me entregó un ticket, con el cual podría ir abriendo todas las puertas de cada sala.

Me adentré por la primera puerta y pasé a la primera sala, repleta de diferentes tipos de cuadros como La noche estrellada de Van Gogh.

Estaba verdaderamente impresionada.

***

Fuera ya sólo emitían luz las farolas de alrededor, había pasado más de dos horas encerrada en el museo y estaba agotada.

Comencé a volver a recorrerme todas las calles tal y como las había situado en mi mente para evitar perderme de nuevo, pero antes de llegar a casa pasé por una confitería en la cual me compré una porción de pizza que me fui comiendo por el camino.

Una suave corriente de aire recorrió mi cuello provocando que todo mi cuerpo se agitara ante la provocación, por lo tanto decidí aumentar mi ritmo y en a apenas unos diez minutos ya había conseguido llegar a mi calle.

FRECKLES.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora