Capítulo 4: Una presa difícil

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Estaba nervioso. Demasiado. La chica número nueve era la última de la lista, la última de mis víctimas, y debería sentirme contento por ello. ¡Sería libre al fin! Pero no era así cómo me sentía.

A veces pensaba en Clarisse y en cómo destrocé su vida y rompí su amistad con su mejor amiga. A veces pensaba también en ella, en Irene, o en las otras. Cada corazón que partía me hacía sentir un poco mejor, pero también un poco más miserable. ¿Qué clase de persona era? ¿Un triunfador o un monstruo? Yo solía ser un chico bueno. ¿En qué momento me había perdido?

- ¿Cuánto tiempo llevas mirando ese vaso?

La vi a través del cristal. Debería haber actuado según el plan, pero no era un buen momento. Mi humor era pésimo. Y ella era una persona difícil, muy difícil.

- Esta vez lo he pagado – apunté, molesto – A tu compañera, la rubia – ¿Por qué estaba tan molesto? ¿Era conmigo mismo o con ella?

La chica número nueve echó una mirada alrededor y se sentó en una de las sillas de mi mesa.

- Oye, siento lo del otro día – se disculpó – Me llamo Sandra.

«Lo sé», pensé. E intenté calmarme. Debía ceñirme al plan si quería conquistarla.

- Yo, Eric.

El silencio duró un par de minutos. Ella no dejaba de mirarme y yo no levanté la vista del vaso. No podía mirarla.

- Okay. Lo pillo – acabó por levantarse – O, ¿sabes? No. ¡Que te den! Yo al menos he intentado disculparme.

Levanté los ojos del vaso y le atrapé la mirada. Ella se calló de golpe y aguardó. No sé cuál de los dos estaba más sorprendido.

«¡Cálmate! No lo estropees», me dije.

- Parece que he conocido a alguien incluso más borde que yo – comenté. Estaba enfadado. Mucho. Odiaba no controlar la situación. Y, más allá, la odiaba a ella.

Sandra me miró en silencio. No estaba seguro de si eso era bueno o malo. Me miraba como si nunca nadie la hubiera insultado, y eso me ponía todavía más nervioso. ¿En qué narices estaba pensando tan callada?

Separó sus sugerentes labios con lentitud y me dejó sin palabras.

- Imbécil – y se fue a otra mesa.

No sé qué me pasó ese día. No sabía de qué forma actuar o qué careta ponerme. Ella era tan diferente, tan compleja, tan... ¡horrible! Tenía mis motivos para odiarla. Y no estaba seguro de que esta vez pudiera separar el plan de mis verdaderos sentimientos.

«Te odio, chica número nueve».

La chica número nueve [COMPLETA]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora