Marie era una chica de veinte años, muy hermosa y lo sabía, aunque en realidad ella entendía que estaba condenada a ser así. No le gustaba ser tan linda. Hubiera preferido ser fea antes que bella porque era el principal motivo del porqué muchos malos hombres que la buscaban sólo la querían por su apariencia física.
Antes de decirle un "¿Cómo estás?" se limitaban a decirle: "Que bella eres", y eso la frustraba ya que nunca llegaba alguien que le dijera esas palabras. Así que se encontraba desilusionada de todos los hombres en general, y por ello nunca había decidido en tener un amor.
La mayoría además de solo buscarla por su apariencia externa, también la buscaban por sus riquezas. Ya que era muy rica por ser hija del magnate millonario Henry Debuchy, creador de los mejores relojes del mundo, y con su empresa valorada en 150 millones de dólares.
Su padre le dio el regalo de ir a París ya que era el gran sueño de Marie, conocer la torre Eiffel como la gran mayoría de las chicas. Aunque ella creía que tal vez también podría conocer a un buen hombre en su estancia en la ciudad.
Un día, dentro de sus vacaciones, se volvió a encontrar con aquel chico que dijo que nunca la olvidaría. Pero antes de cruzarse con él, prefirió cambiar de calle. Y antes de hacerlo vio al chico que a lo lejos bordaba una pequeña sonrisa.
Otro día en una tarde muy calurosa, en el tren de la ciudad, se volvió a topar con el mismo chico. Pero antes de mirarlo prefirió no hacerlo y leer su libro, inclusive a pesar de no verlo, ella sentía que él estaba sonriente y muy alegre.
Una vez más, en el comienzo del día, lo volvió a ver en una cafetería en las afueras de París. Ella pidió para comer un Brownie bañado en «Fondue» especialidad de la casa y, al sentarse, por error vio al chico que se encontraba diagonal hacia ella, justamente con el mismo plato, pero este ya terminado de comer.
Así que apenas al llegar ella, él se paró de su silla. Le dejó propina al señor que lo había atendido, y salió muy sonriente otra vez como de costumbre vislumbrado en serenidad y tranquilidad.
Marie, no hacía caso al respecto de encontrarse a este chico, ya que le parecía lo mismo que todos. Aunque alguna vez si llegó a pensar que el chico había cumplido con su palabra de no molestarla pero fue un pensamiento fugaz y perdido en una de sus cuantas reflexiones vacías que solía tener de siempre.
En el último día de sus vacaciones, salió otra vez en su acostumbrada caminata por las calles de la ciudad parisina.
Marie se encontraba muy armoniosa y calma. Hacía mucho frió
Cuando de repente, escuchó algunos pasos atrás, y sucedió la catástrofe.
—Si te mueves te mataré, dame todo lo que tienes—expresó una voz desconocida a sus espaldas.
Marie se quedo congelada... y sin más nada que decir le entregó todo lo que tenía. Un teléfono, una cadena de plata que usaba, y en ese mismo instante el ladrón le dijo:
—Dame el reloj o si no mueres.
—No, el reloj no, es lo único que me importa—suplicó Marie—. Llévate todo, pero el reloj no... ¡por favor!
Era el último regalo que le había obsequiado su difunta madre, un reloj de oro con cristal de diamantes.
—No me dejas más opción Srta Debuchy, tendré que matarte, así que despídete de tu vida—sentenció el cruel ladrón enmascarado.
En ese mismo momento le apuntó con el arma en la cien.
Marie cerró los ojos y empezó a ver todo el transcurso de su vida en un solo segundo y se detuvo un momento a meditar:
«¿Así que mi vida se acaba de esta manera? Bueno, a pesar de no conocer el amor de mi vida, tuve una buena vida... gracias papá.»
Al pensar aquello dentro de ese corto y escaso milímetro de pensamiento, apareció ese chico en un acto de valentía. Férreo e inmisericorde, le propinó un puño al ladrón en la parte trasera de la cabeza desde un punto ciego, el ladrón terminó tirado en el suelo por ser empujado casi tres metros hasta chocar con el pavimento.
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Saltando al amor
RomanceA primera vista un chico encuentra a una chica en la calle del que jura es el amor de su vida pero... ¿Será que ella también lo es? Todos los derechos reservados. ©
