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Marie hacía otra vez de las suyas, y veía admirada desde lo alto del Salto Ángel.

Inclusive tenía ganas de saltar, si no fuera porque encontró un motivo para vivir, creyendo posiblemente en unos escritos que no tenían sentido alguno. Pero que por alguna eventualidad, o causalidad, tal vez más por sexto sentido femenino, creía fervorosamente que algo tenía que ver de todo esto.

Aunque primero Marie no entendía nada, porque estando en el Salto Ángel, a diario iba y volvía. Ya llevaba dos meses acudiendo al Ángel. Releía siempre los escritos en el hotel y regresaba otra vez, formulando una teoría que se quedaba cortada para sus aspiraciones y para lo que imaginaba. Siempre era así.

Su paciencia se agotaba y estaba decidida a no rendirse, pero ya descompensaba sus fuerzas e inclinaba mucho la cabeza. Se imaginaba como era de insoportable la vida y las cosas fantasiosas que no existían. O al menos que con todo el dinero disponible en el mundo... ella sabía que eran imposibles de observar.

Y más para sus ojos que eran tan comunes como el resto de seres mortales; y llegó el día en que sencillamente Marie se cansó de todo y salió en la noche rumbo al Salto Ángel... a ver las estrellas.

Marie llevó consigo una linterna, el Ángel se encontraba totalmente solo, al punto de parecer abandonado.

Miró al cielo por una hora y media reflexionando sobre lo patética y vacía que era su vida en ese momento.

Cuando por descuido, vio algo que le hizo pensar en una gran incógnita: ¿Esa estrella ha estado todo este tiempo ahí?

Ella estaba segura que aquella estrella no la había visto jamás en toda su estadía en el Ángel.

Curiosamente con esa estrella daría la inicial en el cielo de una letra, la "D". Marie recordó que la única palabra que decía en la escritura con esa letra, era "Descendit" y ahí fue cuando todo cobró sentido para ella...

Abrió sus ojos voraces como león herido que encontraba alimento abandonado.

¡Tenía que bajar al Ángel!

Claro esa sería la gran prueba, pero... ¿Cómo lo haría?

Verificó bien las vertientes de agua del Ángel y vio una pequeña parte de la cual se podía sostener para bajar. Marie no era la mejor alpinista, pero si había hecho alguna vez en su vida el intento de hacerlo y no se le daba mal.

Aunque eso sí era una verdadera locura, ya que se tenía de forma terminante y prohibida bajar al Ángel sin un paracaídas o mucho menos sin alguna protección protocolar. Pero a Marie la carcomió tanto la curiosidad que simplemente bajó sin medir las consecuencias, sabía que igual su vida valía poco y nada.

Aquello era lo que había estado esperando en toda su investigación, aquel momento, así que no lo pensó dos veces y descendió.

Saltando al amorDonde viven las historias. Descúbrelo ahora