CAPITULO CUATRO

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Onodera Pov's

Exactamente nos encontramos al frente de la puerta, Takano-san estaba de lo más feliz, mientras sus manos están ocupadas en mesear el coche. Aunque claramente le había dicho que se quedará quieto, pero la desobediencia es algo innata en esta persona sarcástica.

- ¿Seguirás observando la puerta?

-Cállate

Mi cuerpo temblaba, poco a poco el sentimiento de terror y la presencia del pánico invadían mi mente y cuerpo.

-No debiste presionarte tanto

Las palabras de él me hicieron sentir peor. Siempre pensaba eso de mí, que soy una persona que no necesita estar sofocándose con asuntos que son simples para cualquier persona. Pero no, como me lo había dicho una vez, no recuerdo cuando ni donde, pero si las circunstancias.

-Onodera, deberías olvidar todo

Sus palabras apresaron mi cuerpo en pánico, disgusto y enojo.

-No lo haré

-Te estás haciendo daño y me duele verte en esta situación. Por favor solo deja...

- ¡He dicho que no! Yo tomé está decisión, en el momento en que mi orgullo fue lastimado. Así que de una vez por todas te pido que no te inmiscuyas en mis asuntos, ¡tú no eres nada para mí!

- ¡Ritsu!

El hecho de pronunciar mi nombre, provocaba que los nervios me apresaran, el sentimiento de inutilidad y a la vez de necesidad amenazaban con desplomarme en pleno suelo de la editorial.

-Déjame...te lo pido, olvídalo, olvídate del asunto y olvídate de mi

-Sabes que no lo haré, ¿cierto?

-P-por favor...

Se acercó a mí, sus manos acariciaron mis mejillas. Mis reacciones siempre eran las mismas, la incapacidad de hablar claramente, el rubor en mis mejillas y la constante malicia de sus ojos avellanas. Sus dedos fríos y largos, ascendían hasta el tope de mis marcadas ojeras y descendían hasta las comisuras de mis labios.

-Recuerda, a pesar de todo lo que me digas no te haré caso- su sonrisa de suficiencia se asomaba en su rostro.

-Taka...- las demás palabras se atascaron en mi garganta.

-Por eso estaré siempre a tu lado, si es posible escogiendo la opción que menos daño te puede hacer, y el poco daño que puede haber prefiero que me ataque a mí.

Cerré mis ojos, al volver a sentir sus dedos acariciar la comisura de mis labios. Las caricias se trasladaron en la extensión de mis labios. Haciendo que otro sentimiento florezca en mí.

-No lo olvides

Sus labios se fundieron con los míos en un suave beso, mis manos temblantes lograron apartarlo de mí. Mis ojos me escocían, quería gritar y refugiarme en la soledad.

Su calor, su olor, su sabor, sus ojos, sus caricias, sus labios, todo me volvía loco. Hice acopio de mis últimas fuerzas y logré apartarme de él. Salí corriendo directo a los ascensores. Con el rostro rojo y los labios húmedos.

-El único que no te puede olvidar soy yo

Murmure intentando contener mis lágrimas, debería dejar salir todo, ya que después de todo eran pasado de las diez, y había unas cuantas personas en la oficina. Pero lógicamente estarían refugiados en su oficina, sin percatarse de lo que sucedía los alrededores.

-No, tengo que enfrentarlo

-Onodera...vámonos si no estás listo.

Me acerqué al timbre de la gran casa y entre dudas y temor pude presionar el botón.

-Buenas tardes

-Bue-buenas...busco al señor Onodera

- ¿Tiene alguna cita?

-N-no, soy Onodera Ritsu

-Disculpe la molestia, usted es siempre bienvenido joven Ritsu, en unos momentos vendrá a alguien a recibirlo

La voz del interlocutor se apagó y di media vuelta dispuesto a salir corriendo, antes de enfrentarme a mis padres.

-Ni lo pienses

Los dedos de Takano-san apresaron mi muñeca, impidiendo cualquier movimiento. Hubiera intentado escapar hace unos minutos y no estaría lamentándome de mi situación actual.

- ¡Takano-san! - replique mirando nervioso la reja que se iba abriendo.

Me jaló directo para que mi cabeza se chocara contra su pecho. Solté un quejido, pero no sabía si de frustración o miedo.

-Ya pueden pasar- uno de los jóvenes que estaban en el jardín nos indicó que pasáramos

-Vamos- la sonrisa que me brindo hizo que olvidara todo y me sumerja entre la blancura de su sonrisa y aquellos ojos hipnotizantes. 

En verdad, amo a este hombre, ¡pero no pienso decírselo!



_____

Psdta: Onodera sos un maldito.

Psdta2: Lo siento por la demora

Psdta3: -rueda por el suelo, encuentra las escaleras y sigue rodando(?)-

Psdta4: Me estoy quedando sin imaginación. ; ^ ;

¿QUE ESTAMOS QUE? TERMINADA Donde viven las historias. Descúbrelo ahora