Universos paralelos

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(Kuroo Tetsurou & Kenma Kozume)

ACLARACIONES: A partir de este shot voy a empezar a hacer las peticiones. Recuerden que sigo receptiva.

~♡~

- ¡Ni se te ocurra! - le reprendió su madre, realmente disgustada con la actitud de su primogénito - ¡No te vas a quedar un sábado por la tarde en casa jugando a los videojuegos! ¿Acaso has tenido algún problema con tus amigos?

El teñido la miró con los párpados caídos y sus dos almohadas amoratadas acunándolos, como dos grandes sonrisas.

- Ya te dije que no eran mis amigos, solo venían para hacer un trabajo del instituto... - suspiró extasiado, frotándose las ojeras como si quisiese borrarlas. La mujer adoptó un continente más serio e invadió la habitación de una peligrosa aureola, se colocó las gafas y miró con desdicha a su alrededor, como si estuviese rodeada de fango.

- ¡Me da igual! ¡En cuanto desayunes vas a ir a dar un paseo! - montada en cólera, (o, más bien, a su acecho) la morena abandonó con un severo portazo la cueva, sentenciando a su hijo al peor de los destinos - ¡Y no tardes mucho, que es la una ya!

Kozume sintió ganas de intentar, por todos los posibles medios, librarse de aquella trampa; los fines de semana, en cada callejuela, avenida o manzana de Tokio se aglomeraba más gente de la que cabía en la mayoría de las mayores capitales del mundo. Junto a la contaminación atmosférica, lumínica, acústica y todas aquellas virtudes que la era moderna había aportado a aquel lugar, se alzaba por encima de todos, imponente e inflexible, la contaminación social.

Verdaderas mareas humanas, remolinos y tsunamis aquejaban los barrios más transitados como el atosigante Shinjuku, donde las luces de neón y la gente fashion se codeaba en una danza tóxica. Y cómo no hablar del barrio joven por excelencia, Shibuya, uno de los distritos a los que, al igual que al anterior, Kenma temía más que un apagón en mitad de una de sus partidas; ambos, pues, tenían la cruz ganada.

Harajuku, en definitiva, siempre había sido una de sus preferencias, a pesar de estar constantemente infectado de adictos a la moda y personajes anime. Usualmente, si salía, iba allí a irse de tour por las tiendas de videojuegos, e incluso alguna vez se había pasado por allí para, simplemente, hacerse fotos con los cosplays que reconocía... Aunque siempre tenía la duda de si no sería mejor darse una vuelta por Akihabara, otra de sus preferencias; pues aquel era el mundillo de la tecnología y el manga y hasta a veces flaqueaba de exceso de personas en sus calles.

Apagando la PSP y guardándola en la gomilla de su ropa interior, Kenma caviló para sí a qué recinto arrimarse esta vez. Mas, como era algo lento para decidir sobre esas cosas y realmente le daba lo mismo, eligió Akihabara, pues era, casi, como entrar en otro hogar. Y de solo pensar la cantidad de ordenadores, tablets, móviles y consolas a las que podría echar un ojo, el -originalmente- pelinegro no podía denegarle la oferta a su madre.

Desayunó unas magdalenas algo pasadas y un tazón de leche con cacao, se vistió con unos vaqueros y una camisa que resaltaba su enjuta figura y se despidió de su madre, armado con el móvil, las llaves y un tedio terrible a encontrarse con algún adolescente molesto.

Sabía que el camino hacia su destino no era un paseo precisamente, pero aún así ya se había hecho a la idea de llegar cuanto antes, así que aceleró su marcha. Avanzaba a trompicones, cabizbajo y con los ambarinos orbes anclados en los zapatos, como dos relucientes monedas de casino.

No se molestó en otear mucho a su alrededor ni en mirar la hora; por lo que la hermosura del parque Ueno no se ganó su afecto ni en lo más mínimo. Sin embargo, unos minutos más tarde, hubo algo que provocó que todos sus sentidos se pusiesn alerta; la aparición de una pareja de descachimbados chavales a su espalda.

Haikyuu!! [one-shots]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora