9.

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Eran las 10 de la mañana cuando la hora de visitas había comenzado. El hospital estaba tranquilo, doctores y enfermeras andaban de un lado a otro. Niall iba entrando con el celular en la mano mientras que con la otra sacaba su cartera del bolsillo trasero de su pantalón. Liam le había mandado un mensaje pidiéndole quedarse con el castaño el día anterior, pero por cuestiones de trabajo no había podido ir hasta esa mañana. Se acercó a la recepción saludando a la chica detrás, entregando su identificación. Su celular empezó a sonar, lo miró viendo el nombre de Liam en la pantalla.

—¿Cómo está Zayn? —preguntó inmediatamente al contestar.

—Hola. Me da gusto hablar contigo también, Niall. Está mejor. —Liam contestó del otro lado mirando a su prometido quien dormía tranquilamente. —Se bañó, lo obligue a afeitarse, comió y después se quedó dormido. Está más tranquilo.

—¿Nombre del paciente? —preguntó la recepcionista.

Intercambió unas cuantas palabras antes de recibir su pase de visitante.

—Eso es bueno. —continuó hablando con Liam. —Más por el tiempo que llevaba en el hospital. Comenzaba a apestar, ya no quería ni acercarme.

—Idiota. —rodó los ojos. —Pero de cualquier forma estoy contento. Me tranquiliza tenerlo aquí y no en el hospital donde apenas comía y dormía.

—Una vez lo vi durmiendo en la silla, no soltaba a Louis.

—Por eso prefiero tenerlo en casa. ¿Has visto a Harry?

—No. —entró al elevador. —No creo que se haya aparecido por el hospital desde que salió.

—Yo tampoco. —suspiró. —Debe estar confundido.

—Él debería estar aquí, con Louis, debería estar en nuestro lugar. Cuidándolo, las cosas serían más fáciles.

Niall se encontraba muy molesto con el rizado y no era para menos, no contestaba sus llamadas ni sus mensajes, no se molestaba en aparecer. Sabía que por el accidente debía tener chequeos constantes en el hospital, y aunque no lo hubiera visto, estaba enterado por el doctor que asistía a sus consultas.

—No puedes culparlo...

— ¿Por qué no? Louis no está bien, se lo dije, hable con él. Le contamos todo, ¿por qué tendría que dudar de nosotros?

—No es fácil, Niall. Creerles a unos desconocidos.

—No somos unos desconocidos. —salió del elevador dirigiéndose al cuarto de Louis.

—Para él lo somos. No recuerda los últimos años, es normal que tenga dudas si creernos o no. Imagínate despertar un día y no saber nada de tu vida ni de lo que te rodea.

Niall sabe que tiene razón, pero no evitaba que estuviera molesto.

—Esto es horrible, Liam.

Entró a la habitación, demasiado acostumbrado a esta. Su mirada pasó por todo el cuarto, las flores que trajo empezaban a marchitarse, el sonido de las maquinas adueñándose de todo. Su mirada pasó rápidamente por la cama de Louis, sin darse cuenta que el castaño lo miraba con los ojos entrecerrados, tratando de adaptarse a la luz.

—Deberíamos hacer algo. Yo creo... —escuchó arcadas detrás de él. Volteó rápidamente soltando el teléfono.

Louis estaba luchando contra el tubo en su garganta. Niall se acercó rápidamente.

—¡Louis! ¿Puedes oírme? Tranquilízate por favor. —Louis lo tomó del brazo mirándolo con sus ojos llenos de lágrimas, se estaba ahogando. —Louis no te preocupes, buscaré ayuda. ¡ENFERMERA! —gritó, corriendo en busca de ayuda.

No me dejes |l.s|Donde viven las historias. Descúbrelo ahora