Huir

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Corrimos por todo el pueblo, a veces tomando un descanso de cinco minutos, aunque para mí no fueran suficientes. Todomatsu decía que los daydreams tienen más capacidad que la de un humano, así que no debíamos tomarnos mucho tiempo para descansar.

Malditos juegos. Maldito daydream. Malditas clases inútiles de educación física en las cuales no me esforzaba. Malditos todos.

- ¿Podrías dejar de maldecir? Es fastidioso. - Me susurró Todomatsu, estábamos en un callejón algo angosto. Los dos estábamos apoyados en paredes contrarias, así que estábamos obligados a vernos a la cara.

Pero Todomatsu no hacía eso, y yo tampoco. Él miraba por su esquina y observaba todo el lugar, como intentando sentir cuando el enemigo se acercaba. Él había dejado a Miyu en frente de la casa de una anciana (o que el creía que lo era), no quería ponerlo en peligro y también quería andar con más rapidez. Yo estaba muy ocupado viendo hacia mis zapatos (sandalias, realmente. Eso hacia este hecho de correr aún peor) limpiándome el sudor de mi frente. Me estaba muriendo de calor, mal día para llevar suéter.

Pero es lo único que tengo. MALDITO OSOMATSU. ME DIJO QUE ME ABRIGARA.

Todomatsu se respingó y se volteó a verme, seguro iba a regañarme por maldecir tan fuerte, pero no dijo nada y sus pupilas se encogieron. Una sombra apareció arriba de nosotros, yo tragué saliva fuertemente y miraba fijamente a Todomatsu. Él hacía lo mismo, no nos movíamos ni un centímetro, la sombra hizo un pequeño movimiento y pequeñas gotas algo espesas empezaron a caer. Mi daydream las veía con terror y un deje de asco.

- Está arriba de nosotros. - Murmuré hacia Todomatsu, los dos seguíamos tiesos del terror.

- No te muevas. - Iba a asentir lentamente, pero un grito hizo que los dos diéramos un salto y Todomatsu se puso detrás de mí, agarrando fuertemente mi suéter.

- ¡Salgan de ahí, cobardes! ¡Takoko esta lista para comérselos! - Ya habíamos salido del callejón y miraba con total terror el daydream enemigo.

Era un pez celeste con dientes como los de un tiranosaurio, pero eso era sólo la cabeza, el cuerpo era el de un pulpo del mismo color celeste, tenía algunas escamas de la cara rosa y otras amarillas, así pasaba en los tentáculos. Se estaba apoyando en las dos paredes con sus pegajosas ventosas; la cara del pez tenía ojos perdidos, como los de Hatabou, haciéndolo aun más aterrador. Tenía la boca abierta, los grandes dientes que tenía no le permitirían nunca cerrarla, por los costados de la boca salían gotas.

Conque esas eran las gotas que Todomatsu miraba con asco; era saliva.

Miré un poco más arriba de la criatura monstruosa y vi una silueta sentada encima. El sol que se posaba detrás no me permitía ver por completo la cara del -posiblememte- soñador. Pero luego analicé la voz que había gritado antes, era muy humana como para ser del daydream y sin duda me era totalmente familiar.

Al caer en quien era, solté un grito perplejo.

- ¿¡To-Totoko!? - Sentí que lentamente Todomatsu se soltaba de mi suéter, ya se le había pasado el miedo, y ahora tenía un semblante preocupado.

La silueta se empezó a carcajear, le dio unas palmadas al daydream y este dirigió uno de sus tentáculos hacía ella y la bajó al suelo, donde la vi cara a cara. Efectivamente, era Totoko, mi amiga de la infancia. Tenía una sonrisa socarrona y estaba cruzada de brazos.

- Tú. - Totoko me apuntó, yo seguía helado. ¿Totoko había conseguido un daydream como yo? ¿Por qué? Esa cosa parece salida de una pesadilla, pero Todomatsu me había dicho que también nacen de los deseos. No sé que sería peor. - Hazme las cosas fáciles y dejame matar a tu daydream ¿Sí, Ichimatsu?

Game Of DaydreamsHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora