Capítulo 4

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Mi madre me dijo una vez que nunca dejará de luchar por mis sueños, que tarde o temprano se vuelven realidad. Ella era mi sueño, que pronto se volvería real.

Nick Turner

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-¡¿Que?!- el grito de Diana a través del auricular ocasiona que separe el teléfono de mi oreja. -Ahora mismo voy para allá, no te muevas, tienes mucho que contarme-

-¿y a donde iría?- digo divertida.

-Tu sólo…- se queda tartamudeando unos segundos frustrada -Ya voy para allá- dice firme y termina la llamada.

Diez minutos después Diana se encontraba sentada sobre mi cama, con una sonrisa en su rostro.

-Quiero saber todo, ¿que te dijo? ¿como fue? ¿no lo vio mi tío, cierto?- niego rápidamente.

-Me asegure que no se diera cuenta, le dije a Lena que no dijera nada sobre lo sucedido-

-¿y bien?- pregunta mirándome alzando una ceja, yo me encojo de hombros restándole importancia para hacerla sufrir un momento -¡¿Que paso?!- su voz sale ansiosa y sonrió recibiendo una mala mirada por su parte.

-Te diré- me quedo en silencio unos segundos, Diana me ve con una mirada que si pudiera me matara en ese instante, sonrio y continuó -fue emocionante, llegó Lena y me dijo que me buscaba un chico, rápidamente supe quien era, aunque al principio no lo creía- sonrio aún más, el sólo hecho de recordar las cosas me provocan una sonrisa en mi rostro -platicamos de varias cosas, de la banda, de mis clases, un poco de nuestras vidas- suspiro.

-Te hemos perdido- Dice Diana cuando escucha mi suspiro y mira la sonrisa dibujada en todo mi rostro. -¿Cuando lo verás nuevamente?-

La sonrisa se borra rápidamente de mi rostro y mi mirada cae al suelo, mientras recuerdo lo último que le dije a Nick antes de que se fuera -Le dije que no podiamos volver a vernos- me levanto de la cama, camino a la ventana y me siento recargando mi cabeza en ella.

-¡¿que hiciste que?!- grita Diana observándome, desvío mi vista de la de ella y observó el jardín.

El cielo se encuentra de un gris oscuro, al parecer comenzará a llover en cualquier momento.

-¿Por que lo hiciste?- Diana se acerca a mi y se sienta a mi lado.

-Tu lo sabes mejor que nadie- mi voz sale sin emoción alguna, escucho a Diana suspirar y deja caer todo su cuerpo sobre la ventana.

-Mira como te tiene, le pides que no te busqué más, cuando lo único que quieres es volver a verlo-

Volteo a verla y puedo notar en sus ojos desilusión. Es mi mejor amiga, mi hermana, mi confidente y se que no hay nadie más como ella que quiera verme feliz. -Eso quiero, quiero ver su sonrisa nuevamente, hablar con el, perderme en sus ojos, quiero verlo a él- sonrio y suspiro derrotada, Diana pone su mano encima de la mía en forma de apoyo. -Sabes muy bien que no puedo hacerlo, mi padre nunca lo permitirá-

-Desde que tengo uso de razón tu siempre has estado a mi lado- desvía su mirada y la posa en el techo - Crecimos juntas, te he visto reír, llorar, gritar, pero también he visto en ti esas ganas de vivir, salir y conocer el mundo- se queda en silencio un momento posando su mirada nuevamente en mi -Le pones un color a las cosas, siempre has dicho que estamos hechos de un color, que cada lugar, cada persona, cada cosa, todo tiene un color- me dedica una media sonrisa y continúa su discurso -Es hora de conocer esos colores, que vivas tu vida y no sus miedos, quiero verte vivir-

-¿y que pasa si son mis miedos? ¿Que pasa si afuera no es como me lo imaginé?- pregunto temerosa y siento como mi vista se comienza a nublar en presencia de lágrimas que quieren salir.

Los colores de la vidaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora