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Eran los últimos días de primaria, yo andaría por los once o doce años. Recuerdo que estábamos haciendo abdominales para Educación Física, un ejercicio que de verdad odiaba. En la tercera abdominal sentí algo extraño entre mis piernas, pero no le tomé importancia y seguí con lo mío. Cuando me levanté sentí la espalda baja mojada y deduje que era sudor.
El profesor me usó para una demostración y al tocar mi espalda, su mano se manchó de sangre; lo vi tratando de disimularlo.
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Me llevó rápido con mi profesora y ésta me condujo al baño para entregarme una dichosa toalla. Cuando entré y miré la mancha, me puse histérica. Comencé a gritar que el ejercicio era malo porque hacía sangrar por la vagina jaja. Fue muy vergonzoso.