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El caso es que tengo catorce años y pienso que el tema de la menstruación se debe respetar bastante. Ése fue mi argumento para hacer lo que hice a mitad de una clase de Educación para la Ciudadanía.
Estábamos mi mejor amigo y yo sentados, detrás de nosotras estaban dos conocidas; a una le visitó Andrés la hora anterior, pero como no nos movimos... nadie se dio cuenta. Estábamos haciendo un juego en el que era necesario levantarse, por lo que tarde o temprano ella tendría que ponerse de pie.
—¡Mirad, la señora X tiene la regla! —gritó un gilipollas cuando ella se incorporó.
Me tocó tanto las pelotas que me levanté y le metí una ostia.
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Moraleja: se necesitan menos gilipollas en el mundo y más personas comprensivas,
P. D. : Me expulsaron dos días del Instituto porque "no era motivo" para pegarle. Al día de hoy lo repetiría trescientas veces.