||Capitulo 11.

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CAPÍTULO 11
Pontiac, Illinois.

-Bienvenido al instituto para la salud mental, señor Castiel...?

El ángel se dio cuenta que le estaba preguntando su segundo nombre. Lo pensó por unos segundos hasta que contestó.

-Winchester.

Le dijo y sonrío de lado.

El señor asintió y le indicó el camino para que lo siguiera.

Castiel caminaba desorientado siguiendo a un doctor por los pasillos de un hospital psiquiátrico. Él era nuevo en este asunto de sentir y eso, pero entendía a la perfección que si estás lastimando personas, lo mejor es alejarte. Y eso iba a hacer.

¿Cómo entró? Sencillo. Les dijo a los doctores la verdad. Claro, después de todo ¿quién le iba a creer todo lo que les dijo?. La mayoría, por no decir todos, lo iba a tomar como un loco, lo cual en esta situación era lo que quería.

Cas se miró a sí mismo y pareció no reconocerse. El no estar usando su traje y gabardina de siempre le resultaba algo muy raro, y más porque estaba vestido completamente de blanco y su cabello estaba desordenado.

Después de caminar como 3 minutos se detuvieron frente a una habitación con la puerta cerrada. El señor que lo acompañaba sacó una llave de su bolsillo y abrió la puerta, dejando a la luz una habitación blanca, con una cama en el centro y cámaras de vigilancia en las esquinas de las paredes. Además, de una pequeña mesa y una silla en un lado.

Castiel suspiró y entró a la habitación, dándose cuenta que ahí habían dejado su gabardina. Sonrío pues le tenía un cariño especial a esa cosa.

-Bueno, lo dejo para que se acomode, mi nombre es Robbie y espero que en lugar de que solo sea tu enfermero podamos ser buenos amigos, Castiel.

-Gracias. –dijo Castiel y asintió.

Robbie salió de la habitación y cerró la puerta detrás de él. Cas fue hacia la cama y se sentó. Miró para todos lados intentando distraerse pero nada lograba sacar al verdadero problema de sus pensamientos. Dean.

Lo único que el ángel esperaba era poder dejar de lastimar personas y al mismo tiempo, esperaba poder dejar de amar a Dean. Castiel pensaba que el estar enamorado tenía una cura, pero desgraciadamente no la tiene.

Cas tomó su gabardina y se la puso, se sintió feliz al verse, esa era una manera de sentirse él, de sentirse en casa.


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Lawrence, Kansas.

Dean tomó una cerveza del refrigerador para después ir a sentarse frente a su hermano.

-Dean... Es la 5ta en lo que va de la mañana ¿estás bien? –dijo Sam, señalando la bebida con preocupación.

Dean frunció el ceño.

-¿Qué? ¿Ahora eres doctor? Estoy perfectamente bien.

Dijo y tomo un trago.

-Si eso dices... –dijo Sam– ahora escucha, tengo algo aquí que dice...

Sam continuó hablando y Dean no le prestaba nada de atención. Se mantuvo mirando la mesa fijamente mientras su hermano le hablaba de algo que no sabía que era.

Solo podía pensar en ¿donde estaría Cas? ¿por qué se habría ido? ¿por qué no le dijo nada? Toda su cabeza era un mar de preguntas y él se estaba ahogando en ellas.

Había estado bebiendo sin parar los últimos 2 días y es que no sabía qué hacer. No sabía qué decirle a Sam ni mucho menos como hacer que Cas regresara.

Learning How To Feel || Destiel Donde viven las historias. Descúbrelo ahora