La vida puede dar muchas vueltas al descubrir que la persona que menos esperabas esta perdidamente enamorada de ti. Más cuando se trata de un ángel.
Las dudas, el dolor, el sufrimiento y las lágrimas son algunos de los obstáculos que tendrán que pa...
Aún recostado, derramé una lagrima. Una sola. Pero esa lagrima contenía todo lo que tenía en ese momento, todo lo que no podía explicar con palabras. Dolor, confusión, cariño, enojo, amor...
"Cas ¿dónde estás? Te necesito... ¿Me escuchas?"
La voz de Dean resonó en mis oídos. Me estaba llamando y yo necesitaba ir con él.
El pequeño problema (más bien, gran problema) era que estaba muy debilitado. Me levante y gemí un poco de dolor. Sacudí mi gabardina para quitarle la tierra que tenía y troné mis dedos para aparecer en la sala del búnker.
Mala idea.
Dean estaba de espalda frente a mí.
Me desplomé y caí golpeándome un poco la cabeza con el suelo y a su vez, con una parte de la mesa. Al parecer el viaje me debilitó más de lo que pensé.
"¡Cas! ¡Castiel! ¡Cas!"
Fue lo último que escuché para después desmayarme.
Desperté sintiendo el calor de dos manos en mis mejillas y encontrándome con dos ojos verdes llorosos mirándome, Dean.
-¡¿Cas?! –suspiró y miró hacia arriba, agradeciendo.- No me hagas eso otra vez.
-Esta bien. –dije, con una mueca.
Me di cuenta que tenía un poco de sangre en sus labios.
Dean me sujetó de la cintura y con una mano en mi hombro, me ayudó a sentarme en el suelo. Volvió a colocar ambas manos en mis mejillas, mientras me acariciaba.
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-Dean... T-tu labio –dije, haciendo una mueca de dolor y mirando su boca.
-No tiene importancia... Yo... Pensé que estabas muerto y arrojé un vaso a la pared –dijo señalando unos vidrios rotos en el piso.
Acerqué tres dedos a su labio.
-No, no, no... Cas, está bien –sostuvo mi mano antes de que tocara sus labios- ni siquiera me duele y tú estás muy débil.
Ignoré lo que dijo, quité su mano y curé su labio.
Me debilité un poco pero no me importó, lo había curado y él estaba bien. Me dejé caer en la pared.
-¡Cas! –dijo y me sostuvo para no golpearme.
-Estoy bien... No te preocupes por mí.
-Ven, me vas a contar que pasó.
Me tomó con fuerza de la cintura y pasó uno de mis brazos por encima de sus hombros, dándome soporte.
Caminó hacia una de las sillas y me sentó en una. Gemí de dolor al sentarme, el golpe en el estómago se sentía muy reciente todavía.