ii - escapar del trayecto

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    Las tonalidades que van desde el  blanco hasta el negro son deprimentes, ¿o será mi imaginación? No lo sé, solo alcanzo a distinguir esos colores a mi alrededor. Blanco, gris y negro. Todo tan monótono y escéptico, al igual que las personas que están frente a mi. Riendo y burlándose.

—Pobre, Rin. No eres más que una persona insignificante, aburrida e irritante, ¿qué pensaste al venir aquí? ¿Qué podías hacer lo que quisieras?—No tiene filtros, todo lo que dice es verdad, lo sé, y me duele. La verdad duele.


    Abro mis ojos, encontrándome en la penumbra de mi habitación. Cuando estoy por moverme siento un brazo alrededor de mi cadera y al girarme me encuentro con el pacífico rostro de mi hermano. Algo hipnotizada por su belleza acaricio su mejilla, me gusta ver a Len dormir. Es como una persona diferente, más tranquila y relajada, si sólo pudiera ser así siempre. Sonriendo suavemente salgo a hurtadillas de (al parecer) su cuarto, ¿en qué momento vine a dormir con él? Suspirando camino por el pasillo al baño. Pero al observarme en el espejo no veo nada nuevo. Al final, nada ha cambiado, sigo siendo igual de aburrida e insignificante. Decido ignorar mi reflejo. Es difícil cuando no logras aceptarte, es muy difícil. Me siento algo vacía cuando regreso al cuarto, hasta dudo de si ir al mío o regresar al de Len. La respuesta es demasiado obvia. Regreso al cuarto de mi hermano, el cual, para mi sorpresa se encuentra despierto. Sentado en la cama y bostezando.

—¿No puedes dormir?—Cuestiono mientras me acerco a él, sentándome en la cama y observándolo, Len me imita y siento sus ojos más intensos que nunca.

—Te iba a preguntar lo mismo, te movías mucho, ¿estás bien?—Trago un poco de saliva antes de sonreír y acercarme a su lado, recostándome en su abdomen y cerrando mis ojos.

—Sólo fue una pesadilla—confieso sintiendo al sueño regresar.

—¿De verdad?—Insiste y asiento algo divertida, su preocupación es tierna hasta cierto punto. Pero no puedo concentrarme en nada más que no sea su mano acariciando mi cabello—. Está bien, buenas noches—susurra mientras besa mi cabeza.


—Rin, ¿te sientes bien?—Me giro a ver a Miku, estamos en el vestidor de chicas, a punto de tener educación física. Me siento algo confundida por su pregunta. ¿Tanto se nota mi mal estado de ánimo?

—Claro, es que anoche no dormí muy bien—ella asiente algo pensativa mientras se pone su abrigo gris con rayas rojas en los brazos y yo suspiro. Me gustaría fingir dolor de estómago e ir a la enfermería, pero eso lo hice ayer.

    El profesor es algo ruidoso y casi parece gritarnos en vez de hablarnos, cuando dice que debemos correr cinco vueltas alrededor de la cancha siento mi alma salir de mi cuerpo. Yo definitivamente no soy una persona de hacer actividades físicas. Siempre odiaré entrar en calor. Además, el sudor y el cansancio no son lo mío... Aunque, tal vez, el cansancio sí. Miku parece pasarla de maravilla, y Gumi esta igual o peor que yo. Observando mi panorama de forma distraída mientras troto observo un par de orbes de un azul muy oscuro a lo lejos, en una de las ventanas. Me impresiono al ver que me observa a mi, y en mi descuidada acción tropiezo torpemente con mis propios pies cayendo al suelo y raspándome la rodilla. En mi mente me sermoneo por lo descuidada que soy.


—Deberías atender más, me he preocupado cuando me sacaron del juego... Rin, ¿me estás escuchando?—Algo distraída observo a Len, quien me observa con enfadados ojos azules.

—Lo siento—me disculpo en un murmuro. Soy una malagradecida, él viene hasta la enfermería a curarme y yo ni le presto atención.

—Como sea, este raspón tardará en sanar. Lo mejor será que descanses hasta cuando las clases finalicen—asiento levemente mirando mi rodilla cubierta de banditas, cuando caí sentí por unos minutos el ardor de la fricción que hubo entre mi piel y el suelo rasgándolo, sentí como escocía. Pero ahora, con ayuda de las gentiles manos de Len, no siento nada—.Bien, te dejo—inconscientemente tomo la remera de mi mellizo, impidiéndole que se vaya, que me deje. Ni yo comprendo el porque de mi disparatada acción.

—Eh, perdona—algo nerviosa me disculpo mientras le suelto, últimamente estoy muy impulsiva. Len se me queda viendo y luego a la puerta, para suspirar y mover la cortina que me impide ver la otra cama y lo demás.

—Me quedaré, creo que los chicos entenderán mi ausencia—me siento egoísta pero la felicidad que me nace es involuntaria, al igual que la sonrisa que florece en mis labios.

    Cuando se acuesta a mi lado me acerco al instante a él, cerrando mis ojos y exhalando de manera profunda. Me gusta poner mi cabeza en su pecho, sentir como éste se hincha y desinfla. Escucho pequeñas salpicaduras de afuera que se incrementan a medida que mis latidos lo hacen.

—Está lloviendo—Len susurra y yo asiento mientras hago círculos con mi dedo anular en su estómago, algo ida, mis sentidos están orbitando alrededor de Len.

—Lo escucho, no trajimos paraguas—le hago ver al acordarme de ese pequeño detalle, Len ríe y es como si en su pecho explotarán burbujas.

—Nos tocará mojarnos—algo reacia a su idea asiento, con lo que detesto la lluvia.


     Preparar postres es complicado, aunque ya tengo tanta práctica que se vuelve fácil. Sonrío con suficiencia al sacar del horno mis muffins de vainilla y chocolate para encontrarlos en perfecto estado. Espero que a Len le guste, pienso mientras los decoro con un poco de crema chantilly. En eso la puerta se abre y cuando alzo la vista veo a mi hermano entrar con Kaito.

—Rin, estaré en mi cuarto haciendo deberes con Kaito, cualquier cosa me avisas—asiento con una sonrisa ante su perezosa mirada y saludo a Kaito, quien se nota más callado de lo usual y, ¿sonrojado? Desconcertada alejo aquellos pensamientos que comienzan a nacer en mi mente y continúo con lo mío.

     Me felicito un par de veces al ver el resultado. Las cerezas en la cima quedan perfectas, aunque no me alcanzó para todos los muffins. Algo desanimada por ello pongo la mitad en una charola, pienso que a Len y Kaito les gustará un aperitivo. Creo que un poco de leche le haría buena compañía. Sonriente camino por el pasillo, Len abre la puerta de su cuarto abruptamente lo que me hace tambalearme hacia atrás, con destreza los muffins con los vasos de leche no se me caen.

—Rin, lo siento. ¿Estás bien?—Yo suspiro algo agitada y asiento, verificando que todo esté en orden.

—Sí, no te preocupes—sonrío y él me imita, rodeándome se va hacia al baño y yo entro a su cuarto, encontrándome con Kaito sentado en el suelo, encima de un almohadón y desparramado en la mesita baja que Len tiene—. Kaito, ¿te gustarían algunos muffins?—Él asiente algo más animado y yo pongo la charola en la mesita.

—Que delicia, ¿tú los hiciste?—Halagada asiento, completamente satisfecha con el comentario.

—Sí, no es tan difícil como parece—explico sentándome a su lado y mirando los apuntes y libros esparcidos en la mesa, al parecer están estudiando arduamente, yo también debería hacerlo pero falta mucho aún para los exámenes.

—Me gustaría tener alguien que me hiciera muffins—él dice con tono apagado y yo le observo, algo extrañada.

—Bueno, podrías pedírselo a tu novia... si es que tienes una—él niega, con una sonrisa amarga.

—No soy de tener novias—sorprendida ante lo sabido busco sus ojos, los cuales me evitan. Pensé que alguien como él tendría novia, digo, es muy apuesto y atractivo. Además, sé que muchas gustan de él.

—Eso es algo difícil de creer—él ríe y me observa minuciosamente, logrando incomodarme.

—¿Lo es? Bien, tal vez pueda contarte un secreto—ansiosa por saber que oculta acerco mi oído a sus labios, su cálido aliento logra hacer que un escalofrío recorra mi espalda, pero el contenido que me revela es completamente inimaginable.

—Rin, ¿estás bien?—Algo aturdida observo a Len, quien me mira desde la puerta.

—¿P-Por qué la pregunta?—Logro cuestionar entre tartamudeos.

—Bueno, estás roja—bajo mi rostro algo avergonzada y salgo de allí sin siquiera mirar a Kaito.



Amarillo.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora