El chico de cabello oscuro se encontraba de nuevo en la celda. Mirando a su derredor desconcertado. Todo había sido sólo un sueño. La penumbra había desaparecido y ahora el sol estaba dándole justo en la cara.
Nicolás se removió adolorido. Todo el tiempo allí lo había dejado un poco alucinado, de repente su mente fue golpeada con el tatuaje de un hombre muy grande y raro, cómo su mano era cortada por la guadaña de esa persona entre las sombras. Drake.
No puede ser él, sólo fue un sueño Nicolás, todo eso, él no podría tener un arma así, no se lo permitirían- Se obligó a decirse a sí mismo.
Una campana sonó.
El familiar sonido alarmó a Nicolás, fue hasta los barrotes y gritó: ¡¡Sáquenme de aquí!!
Un guardia se acercó a la celda del chico y éste se apartó un poco, calmando sus nervios.
-Muchacho, es mejor que te calles. No me gustaría tener que llevarte al cuarto de castigo- Sugirió el guardia.
Él quería decirle que se callara y que él no era el culpable, pero sabía que no le creerían. Una bocina se ajustó a lo lejos y se escuchó una voz: Atención, el joven Nicolás tiene visitas, traedlo.
Nicolás no sabía quién pudiera ser, pero no se resistió, pensó que sería mejor que quedarse en esa celda hasta quien sabe cuando. Su celda se abrió y el guardia lo esposó. Hasta entonces no se había percatado de los agujeros en su camisa y la sangre seca. Cosa extraña. Intentó tocarse las heridas, pero el guardia lo empujó creyendo que intentaba escapar.
El chico fue llevado hasta un cuarto pintado de blanco y negro. En medio había un muro a media altura, de ahí hacia arriba era vidrio. Nicolás se preguntó si serían a prueba de balas y si eso impediría que se escuchara a la persona del otro lado.
Él se sentó en la única silla que había y el guardia salió de la habitación, cerrando la puerta tras de sí. La bocina se hizo escuchar de nuevo: Señora, ya puede pasar.
La puerta al otro lado de la habitación y su corazón casi se detuvo al ver que era su madre Julia, quien lo venía a visitar. Sus esperanzas se alzaron tan rápido como cayeron al recordar que Dan, su padrastro había muerto. Se preguntaba si ya le habían dicho.
Julia se sentó en la silla y su semblante parecía muy preocupado, sus ojos se le notaban rojos, por tanto llorar se imaginó Nicolás. Hubo un silencio en la habitación.
Julia fue la primera en hablar.
-Nico... me tenías muy preocupada... yo...- una lágrima surcó la mejilla de Julia, bajó la mirada, Nico pudo notar que las palabras se le atoraban en la garganta, sabía lo que eso significaba...- Entiendo que lo de Dan no fue tu culpa.
-Mamá, de verdad, hice todo lo que pude por salvarlo, pero ese...- No terminó la frase, su madre había empezado a llorar.- Mamá, lo siento mucho. Dijo Nicolás con pesar.
-Lo siento, Nico...- Julia lloró con más fuerza.
-¿Qué tratas de decir? ¿Mamá?
-Ya no soy tu madre...- Dijo Julia mirando a Nicolás a los ojos- Lo siento, Nicolás. Espero algún día lo entiendas.
Julia se paró envuelta en lágrimas y abandonó la habitación dejando solo a Nico.
Él estaba en shock, ya no había nada, no había nadie. Estaba solo. El dolor le traspasó el alma y no pudo retener el llanto. Sollozó allí sentado. No entendía, sentía odio, pero al mismo tiempo tanto dolor. Nicolás nunca hubiese imaginado que hace dos días estaba con Julia y Dan, que Dan lo había salvado en más de una ocasión y que la única vez que era él quien tenía que salvarlo, había fallado. Y ahora su... madre. Quería dejar de serlo. El sufrimiento lo colmó tanto que sus ojos enrojecieron el brillo en sus ojos había comenzado a ser mayor. Más cruel, como si llamas amarillas consumieran su ser dentro de él.
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La Verdad de un Guerrero
AventuraNicolás, un jóven de 17 años, se encuentra a punto de ser mayor de edad y debe afrontar las tradiciones de su ciudad natal. Es enviado en una travesía para convertirse en un verdadero guerrero. En el camino se encontrará con bestias de toda clase y...