capitulo 53

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-Harry’s POV-:

Ese día, mientras esperaba a que fueran las dos para recoger a Skylar a la Universidad, me apoyé sobre mi moto, preguntándome qué mierda había pasado con mi camioneta y por qué no la veía por ningún lado. Me rasqué la cabeza, intentando recordar algo. Estaba totalmente seguro de que la había comprado. 

Me froté las manos sobre los pantalones, inhalando profundamente el aire seco de otro día en Arizona. Fruncí el ceño para soportar el Sol quemándome el rostro en aquella esquina cercana a un bar. Había venido aquí para tomar algo, pero en realidad sólo quería verla a ella. De alguna manera, sentía que, durante mi colapso de un mes, no la había visto en absoluto. Ella no quería decirme nada. Había estado evadiendo el tema durante las últimas doce horas con que en realidad no importaba, y que tal vez me lo diría más adelante, cuando estuviera listo. Pero ¿listo para qué? Yo estaba listo. Siempre estaba listo. ¿Qué tan malo podría ser?

-¡Voy a matarte, maldita perra! –gritó un tipo a lo lejos. Mi oído se aguzó. Cuando intenté escuchar otra cosa, tan sólo fue el viento que comenzó a filtrarse en mi audición. Fruncí el ceño y sacudí la cabeza. Esto es a lo que llamo estar volviéndose loco.
-¡Suéltame! –chilló una voz aguda, un poco más cerca. Arrugué la frente, apartándome de la motocicleta. Estaba seguro de que había escuchado algo. Entonces, escuché el grito gutural de una chica y luego un golpe seco, y luego unos tosidos agudos y desesperados. Comencé a caminar a través del callejón, aumentando el paso a medida que reconocía la voz de la chica, quien gritaba por ayuda por entre las voces gruesas de varios hombres.

Me detuve frente a un basurero lleno de grafitis donde nadie ponía el pie. Una chica de cabello rubio pálido yacía sobre el suelo, con la nariz ensangrentada, mientras se sostenía el abdomen con los brazos. La chica era Alison.

Me apresuré hacia delante, y aparté de un tirón a uno de los tipos que la golpeaban. Me encontré con un tipo canoso con los dedos ensortijados y una de sus manos metida en el bolsillo de su pantalón de tela gris mientras se fumaba un porro. Claro. Estaba drogado. Pero ¿qué cojones estaba haciendo Alison ahí?

-Oh. Hola, Harry –sonrió. Lo observé fríamente, y él levantó su cigarrillo. -¿Gustas?
-¿Qué carajo estás haciéndole? –espeté, abriendo y cerrando los puños.
-No deberías estar aquí, niño. Si sabes lo que te conviene, claro –arqueó una ceja, y mi mirada se deslizó por los dos tipos que me observaban. Sentí la navaja en el bolsillo trasero de mi pantalón, y agradecí al cielo por eso. Al escuchar esa voz, y ver esos ojos, lo supe. Era el padrastro de Skylar. Byron, o algo así.
Me reí. –Usted es el que debería estar tranquilito en su casa –le dije, acercándome a él con las manos metidas en el bolsillo.
-Ellas no están en casa –sonrió, encogiéndose de hombros, y llevándose el porro a la boca.
-Eso lo sé –asentí, sonriendo. –Pero un hombre a punto de casarse debe dedicarle más tiempo a su prometida, ¿no?
Se rió, acercándose. -¿Qué quieres, niño? ¿Vienes a defenderla o qué?
Me reí de nuevo. En verdad era gracioso lo idiota que era. No sabía con quién estaba tratando. –Pero claro que vengo a defenderla. A una dama nunca se la deja en apuros.
-Ah, vale –dijo, dándole golpecitos a la punta del cigarrillo. -¿Vas a pagarme lo que me debe?
-Te daré algo mejor –sonreí. Seguidamente, saqué una mano de mi bolsillo y choqué mi puño contra su rostro, haciéndolo caer hacia atrás, chocando contra el basurero de hierro oxidado. Los dos tipos se lanzaron sobre mí. Forcejeé con ellos, agarrando al flacucho por la chaqueta y propinándole dos bofetadas antes de partirle el tabique de un golpe. El cabrón retrocedió, cayendo sobre una pila de cajas de cartón.

El siguiente se abalanzó sobre mí, dándome un guantazo en el rostro. Inmediatamente sentí la sangre caliente inundar mi boca y correrse por mi barbilla. Me levanté, hecho una furia, y palpando mi bolsillo trasero, saqué la navaja lentamente. A continuación, le di un puñetazo utilizando la navaja, haciéndolo retroceder y chillar del dolor como un hijo de puta.

Me di la vuelta hacia Byron, quien sostenía un arma de frente hacia mí. Alison gimió detrás de mí, y retrocedí, alzando los brazos, tirando la navaja al suelo, mientras lo miraba con odio. Él rió con cinismo.

-¿Qué pensará mi próxima hija cuando se entere de que su noviecito está muerto? –sonrió, ladeando la cabeza. Me humedecí los labios, sintiendo el ardor proveniente del mismo dispararse inmediatamente. Entonces, alguien se abalanzó sobre Byron, haciéndolo soltar la pistola y que ésta rodara por el suelo, disparando una vez. Alison gritó y yo me apresuré hacia ella, intentando hacer que se levantara. Su nariz y boca estaban ensangrentadas, y ella temblaba del miedo. Me miró con sus ojos azules como el cielo, al tiempo que se apoyaba de mí para levantarse, haciendo muecas de dolor.

Byron se había ido corriendo como todo un gilipollas, al igual que los dos tipos que, a duras penas, se levantaron. Pero en el suelo quedaba alguien.

Se levantó un rubio moviendo la mandíbula de un lado a otro mientras se la sostenía con los dedos. También se inclinó sobre Alison, ayudándola a levantarse, y yo lo observé con el ceño fruncido. Él me miró, también.

-Niall –mascullé. Él apretó los labios con incomodidad mientras colgaba un brazo de Alison alrededor de su cuello.
-Harry –dijo. Asentí, y sacudí la cabeza, levantándome al tiempo que Alison y Niall a duras penas hacían lo mismo. Tragué saliva, sintiendo el ardor en mi labio. Rocé el dorso de mi puño y observé la sangre correr por mis dedos. Escupí sobre unas bolsas de basura y volví a atarme el pañuelo que mantenía mis cabellos apartados de mi rostro. Miré de reojo a Alison, quien estaba dándole un fuerte abrazo a Niall; y luego de asentir, se encaminó hacia un auto plateado aparcado al cruzar la calle.

-¿Dónde estabas? –le pregunté, frunciendo el ceño soportando el Sol calentándome la cabeza. Negó con la cabeza, alborotándose los cabellos, para luego situar su mano pálida sobre su mandíbula, moviéndola de un lado a otro, achicando los ojos.
-Resolviendo asuntos –fue todo lo que respondió, encogiéndose de hombros. Asentí, y me volví sobre mis talones, escupiendo sobre los botes de basura la sangre que se acumulaba en mi boca.
-¿Y bien? –pugnó. Me di la vuelta, cruzándome de brazos.
-¿Y bien, qué?
-¿No le vas a decir a Skylar?

Suspiré. Mierda. No había pensado eso.

-No lo sé –musité, humedeciéndome los labios ensangrentados y tragando saliva. La verdad es que ese tipo, Byron, nunca me había gustado en lo absoluto. Y estaba el cien por ciento seguro de que Skylar lo detestaba mucho antes de que el viejo se quedara observándola como si quisiera matarla a cuchillazos. Yo había estado seguro de que el tipo se traía algo, pero, oh, vamos, ¿traficante? ¿Mafioso? ¿Posiblemente un gángster? O sea, ¿qué coño estaba pasando en la vida de Skylar que no podía conocer a alguien normal? Tal vez ella se preguntara lo mismo.
Niall me dio unas palmaditas amistosas en el hombro y me di la vuelta para mirarlo. –Viejo, yo entiendo. ¿No ves que yo también tuve que salvarle el culo a Alison? Estas chicas son unas pasadas. Y si la amas, seguramente que se lo dirás, ¿vale? Porque no creo que se lo tome muy bonito si lo descubre ella sola.
-Tú no lo entiendes –suspiré, dejándome caer en el suelo. Niall se puso de cuclillas, pero terminó acomodándose a mi lado, frotándose la barbilla. –Skylar es el tipo de persona que se pone histérica con cualquier cosa, hombre. Podría mandar toda nuestra relación por el caño si se lo digo ahora. Todo va tan bien.
-Confianza –dijo de golpe, chasqueando los dedos y apuntándome. –A lo mejor ella confía en ti, te abraza y luego follan. 
Solté una risita y apoyé la cabeza sobre la pared. –Vale. 

Seguidamente, cerré los ojos, escuchando los pasos de Niall alejarse conforme pasaban los segundos, y luego el motor de un auto encenderse y una puerta cerrarse. Respiré hondo, sin tener idea de qué diablos iba a hacer ahora. Tal vez podía convencer a Skylar de huir del país o algo así. Sinceramente, me resultaba imposible encontrar a una sola persona que no pareciera como si iba a matarnos a ambos.

Mi teléfono vibró en mi bolsillo, y lo saqué con pesadez, recorriendo la herida del labio con los dientes y escupiendo al suelo la sangre restante. El remitente era un conjunto de números y símbolos extraños, pero lo suficientemente extraños como para darme una pista de quién se trataba.

“Maté a Sheena, y ahora no tengo problema en ir por ustedes. Después de todo, sólo son un puñado de piezas de mi juego de ajedrez”.

Lost- segunda temporada-Donde viven las historias. Descúbrelo ahora