Capítulo 10.

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La brisa de invierno se había vuelto más fría en el transcurso de la noche, así que en aquellos momentos causaba escalofríos en los hombros descubiertos de la chica de cabello azabache, quien caminaba por las oscuras calles de París del brazo del sobrino del presidente de Vitbarn, quién parecía mostrar un considerable interés en ella y que de hecho le provocaba cosquilleos en intensidades que casi había olvidado.

Era como vivir las primeras semanas con Adrien otra vez.

El chico se quitó el saco y lo colocó delicadamente sobre los hombros de la ojiazúl, sin decir palabra pero dedicándole una sonrisa.

-Gracias- dijo envolviéndose en la prenda -Tocas maravilloso- se negó a continuar con el silencio que no le ayudaba en nada a controlar sus emociones.

-Muchas gracias- respondió sonriendo -Me ha tomado años de esfuerzo.

Ella notó que la voz del chico sonaba distinta a cuando estaban en la mesa de los estudiantes, o a cuando había hablado con su primo, era como si le añadiera cierto tono severo al hablar con el resto de las personas y con ella parecía mucho más dulce, incluso sonaba vulnerable.

-Mi madre siempre ha sido muy afecta a la música clásica, por eso se encargó de que yo tomara clases desde muy pequeño, aunque nunca tuvo planeado que yo comenzara a amarlo- miró al frente -Ella quería que mi único amor fuera la empresa familiar, a final de cuentas fue por eso que se casó con mi padre.

-¿Cómo?- La ojiazúl frunció el seño, volteándolo a ver -¿Un matrimonio arreglado?

-¿Te sorprende? Son bastante comunes entre las familias adineradas.

Marinette apartó la mirada y se llevó una mano a la boca, abrumada ante la idea de ser obligada a casarse con alguien que no ama por mero capricho y ambición de sus padres, no entendía cómo podía haber padres que sometieran a sus hijos a tal cosa.

-Pero no fue el caso- continuó él -Mi padre se enamoró de ella de verdad, se conocieron cuando llegó para la inauguración de Vitbarn París desde Suecia y me contó una vez que cuando la vio pensó que era un ángel- ante eso, la chica sonrió -Pero mi madre nunca sintió lo mismo por él, a pesar de que le dio todo y siempre fue un caballero honorable, cariñoso y noble.

La sonrisa desapareció lentamente y de nuevo ambos miraron al frente. Toda aquella historia sonaba demasiado triste, la chica casi podía visualizarlo como un enorme peso que el chico llevaba cargando, una opresión con la que tenía que luchar constantemente.

Se preguntó cómo le haría sentir todo aquello al universitario, se notaba que amó mucho a su padre y pensó en cómo la indiferencia de su madre le pudo haber afectado, en cómo la muerte misma de su progenitor influenció en la persona que era hoy. Es verdad que como héroe y enfrente de otras personas se portaba arrogante, pero estando ahí, con ella, hablándole de su familia simplemente porque le nació... era bastante lindo.

Cuando llegaron a la panadería, las luces ya estaban apagadas, los padres de Marinette sabían dónde estaba su hija y confiaban plenamente en que volvería en cuanto terminara el banquete, por lo tanto no se habían preocupado en esperarla despiertos.

Ambos miraron el edificio y luego se miraron el uno al otro, la chica se ruborizó.

-Debes apreciar mucho a la familia y la vida que tienes- murmuró el ojigrís -Porque todo esto es lo que te ha hecho de la manera que eres, y no hay nada más valioso que eso- la aprisionó con la mirada -No lo que es Ladybug, si no tú: Marinette Dupain-Cheng.

Los ojos azules no podían librarse de los grises, la sorpresa de lo que acababa de decir hizo que entreabriera ligeramente la boca. Se sintió profundamente halagada... aquél chico la quería por todo lo que ella era, él realmente pensaba que era maravillosa en cualquiera de sus formas, civil y heroica, podía ver a través de ella como si fuese un libro abierto y eso la hacía sentir transparente, con él no podía fingir, no había podido hacerlo desde el momento en el que se conocieron, y aún cuando había pasado tan poco tiempo desde eso, comenzaba a pensar en él de una forma más profunda que como colega.

Blanco, negro y rojoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora