Capítulo 13.

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Nathaniel caminaba hacia su casillero, la jornada escolar había llegado a su fin así que se disponía a guardar sus útiles e irse a casa, trabajaba en un par de diseños para vestidos que sus compañeras le habían pedido que hiciera para poder mandarlos a hacer. Él realmente no comprendía por qué las chicas no podían limitarse a simplemente comprar un vestido de la tienda.

-¿Escuchaste el escándalo que armó Chloé?- Dijo algún compañero de uno de los casilleros cercanos.

-Sí, sí, ¿qué sucedió?- Respondió otra voz.

-Adrien Agreste invitó a otra chica al baile y Bourgeois se puso como loca.

-¡No juegues! ¿A quién invitó entonces?

-No lo creerás... Marinette Dupain-Cheng.

Fue como si alguien le hubiese dado una bofetada a Nathaniel, ni siquiera había terminado de planear de qué manera invitarla al baile y Agreste ya le había ganado... ¡era obvio! ¿Cómo pudo haber siquiera pensado en la posibilidad de ir con Marinette? Sabía perfectamente que ella estaba más que enamorada del modelo.

Entre su lástima por sí mismo y el meollo de sentimientos, se le resbalaron los libros.

Ni siquiera lo pensó para agacharse a recoger todo de prisa. Entre los libros estaba su carpeta de dibujos y en la caída las hojas habían salido volando por todas partes, sus manos se movían rápidamente intentando evitar a toda costa que el resto de los alumnos vieran sus dibujos, la última vez que eso había pasado las cosas no terminaron bien.

De pronto otro par de manos se unieron al desastre de papeles.

-¿Estás bien?

Nathaniel ni siquiera quería voltear a ver a Julekka.

-Hey, lamento lo que sucedió.

Él negó.

-Era lógico- su voz salía como un leve murmullo por la tensión de sus labios.

-Nath...- al terminar de recoger los papeles, la chica intentó hacer que el pelirrojo tan siquiera la volteara a ver, pero éste clavó la vista en sus cosas mientras las colocaba de nuevo en el casillero -¡Nath!

Cerró el casillero y miró a otro lado. No podía pensar en nada más que no fueran Adrien y Marinette bailando, tal y como ingenuamente había imaginado que bailaría con él. Se sonrojó.

-¡Nathaniel, mírame! ¡Yo no tengo la culpa de lo que sucedió!

Entonces el chico lo hizo, miró a Julekka, a la única chica que había parecido interesarse en su bienestar, en sus sentimientos. La miró y se dio cuenta de algo que tal vez el estar todo el tiempo pensando en Marinette le había impedido... Julekka era en verdad linda.

Tal vez siempre lo había sabido, tal vez había estado evadiendo lo posible con una ilusión o tal vez simplemente estaba demasiado molesto con Marinette, realmente no supo de dónde ni por qué de pronto sus labios se vieron hablando por si solos:

-¿Quieres ir al baile conmigo?- No fue una petición tierna, como la de Ivan a Mylene, fue como quien al fin deja salir un estornudo que había contenido.


Julekka lo miró sorprendida unos segundos, pero luego sonrió.





La tarde parecía inusualmente agradable para Marinette mientras bajaba la escalinata de la escuela, lista para marcharse a casa. El asunto de Chloé había sido una pequeña mancha, pero la emoción de ir al baile con Adrien era mucho mayor que cualquier tipo de culpa venenosa que la rubia pudiese causarle.

Blanco, negro y rojoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora