Capítulo 9.

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-¿Cómo haces eso?- Preguntó la chica, frustrada.

-¿Qué? ¿Lucir fabuloso?- El rubio mostraba una media sonrisa que habría derretido a cualquier otra adolescente. En el fondo, aún se oía a Adrien tocando el piano.

-¡No!- La ojiazúl se cruzó de brazos -¡Aparecerte así! ¿Me sigues?

-No- el chico se sentó en el taburete alto de la barra -Fui invitado, igual que tú.

-¿Invitado?

Aquél banquete era exclusivamente para personalidades importantes, gente muy rica, poderosa, ¿quién era él en verdad? ¿Algún hijo de millonarios?

Él sólo asintió y recargó un codo en la barra y posó su barbilla en su mano.

Marinette se percató de la ropa que llevaba puesta, parecía bastante más informal que el resto de los invitados: llevaba un traje blanco sobre una camisa negra de seda, pero no llevaba corbata, el saco lo llevaba desabrochado y el cabello revuelto, su pose reflejaba indiferencia, como si de verdad le importara un comino toda aquella elegancia que le rodeaba.

De pronto, la joven miró a los ojos del universitario y se sonrojó al recordar la escena en la sala de su casa, ¿qué pretendía aquél muchacho? ¿A caso sólo quería confundirla? ¿Era así con todas las chicas? ¿Quién se creía que era?

-Así que te gusta Adrien Agreste- dijo un poco más serio, mirando al susodicho.

-¡¿Eh?!- Lo miró alarmada -¡No! Digo, ¡sí!... digo, no pero sí, pero no me... o sea sí me... es que...- suspiró -es complicado.

-Bueno, es un modelo famoso y tiene mucho dinero, cualquier chica moriría por él.

Ella lo pensó unos segundos.

-S...sí, pero...- miró al suelo -y...yo...

-¿Es eso en lo que te fijas, Marinette?- Cuando él dijo eso, se escuchó más cerca de ella, así que levantó la mirada para verlo y lo encontró de nuevo a centímetros de su rostro.

Aquél chico no parecía respetar en absoluto el espacio vital de una persona.

-¡Claro que no!- Dijo sonrojada -¿Qué clase de persona crees que soy?

-No lo sé, intento averiguarlo.

La música cesó y dio paso a aplausos por parte de la gente, la joven miró a su compañero de clase en el escenario y le aplaudió igual, viendo cómo hacía reverencias para dar gracias y luego bajaba del escenario. En cuanto estuvo abajo, se dirigió a ella.

-¡Tocas genial!- Le dijo la chica -Ha sido de verdad increíble.

Él parecía un poco enrojecido, tal vez por la luz del escenario, pensó ella, y sonreía, había disfrutado bastante tocar aquella melodía, era como si ésta comenzara a tener un significado más allá para él, por el sueño, era casi un símbolo ya.

-Has mejorado mucho, es verdad- habló Antoine.

Marinette lo miró con los ojos como platos al oír que le hablaba de tú, ¡que atrevimiento! ¿La gente estos días no tiene educación?

-Mi padre dobló el tiempo de las lecciones- suspiró en cambio el ojiverde -Ojalá fuera tan virtuoso como tú.

El universitario soltó una risita.

-Oh, discúlpame- Adrien le habló a una confundida Marinette -No te he presentado, él es Antoine Piaf, mi primo.

No pudo hacer más que quedarse boquiabierta.

Blanco, negro y rojoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora