Capítulo 5.

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Durante toda aquella semana se habían escuchado rumores sobre la cena de bienvenida que el alcalde iba a ofrecer para una importante familia que acababa de volver a Paris, Chloé era de las invitadas de honor y Kim lo sabía, así que convenció a Sabrina de decirle la hora a la que su amiga debía salir hacia el banquete, y desde un tiempo antes se plantó afuera de la puerta del hotel Le Grand Paris para esperar a que su querida saliera.

Él sabía que Chloé no era la mejor persona del mundo, pero admiraba de todo corazón su coraje, la manera en la que vivía sin miedo de decir lo que pensaba de todo el mundo, aunque fueran cosas malas, admiraba la seguridad que tenía en sí misma. Fantaseaba con ver a aquella fiera un día vulnerable y ser él quien le diera consuelo, que ella viera cómo él la quería a pesar de todo y que pudieran estar juntos. Él sabía que aquello podría suceder, tenía esperanzas, él sabía que podía ayudarla a salir de aquella burbuja de agresión y guiarla a usar todo aquél potencial que emanaba de una manera buena.

Para él, Chloé Bourgeois era un diamante que necesitaba ser limpiado y pulido para brillar en todo su esplendor, a veces incluso la imaginaba como una heroína de traje amarillo, blanco y negro como la vestimenta que solía usar, la imaginaba defendiendo a la gente con el mismo fervor con el que la veía defenderse a sí misma, siendo incluso más capaz que la propia Ladybug.

Suspiró.

-¡Sí, claro! Estoy en camino, ¿la limusina está afuera?- Escuchó la voz de su amada desde dentro del lugar y se irguió.

Se sacudió el traje que llevaba puesto, un esmoquin sencillo negro con camisa blanca y corbata de moño negro que había encontrado en el armario de su padre, era el que pensaba usar para el baile. Olfateó por última vez la rosa amarilla que llevaba en la mano, que había estado cuidando él mismo desde que la había comprado como capullo, dándole el mantenimiento necesario para que abriera como una rosa mucho más bella que cualquiera que pudieras encontrar en las tiendas, la rosa perfecta. Todo debía ser perfecto.

La rubia salió, portando un hermoso vestido de noche largo color amarillo canario de un solo hombro, que del lado derecho de la cintura lucía una deslumbrante flor de brillantes incrustados en la tela que parecía ser seda, de ésta se alzaban diversas líneas de brillantes que corrían hasta el único tirante y se perdían en la espalda. Su cabello estaba recogido en un elegante moño, del estilo de las bailarinas de ballet. Kim se quedó boquiabierto.

-No empiecen sin mí- dijo al teléfono antes de colgar y voltear a ver al chico -¿Y tú qué haces aquí?

Cerró la boca y luego la volvió a abrir para decir algo pero nada salió, aquellos ojos azul rey parecían resaltar entre todo el amarillo. Se aclaró la garganta.

-Yo... me preguntaba...- se arrodilló frente a ella, ofreciéndole la rosa -Si tú quisieras ir conmigo al baile de invierno.

Esta vez no hubo un charco de agua ni una bicicleta que lo mojara, no hubo viento que le aventara nada en la cara, todo salió bien... la luna era llena, las estrellas se veían en el cielo, su traje y la rosa eran tan perfectos como la manera en la que lucía su chica en aquél momento.

Durante unos segundos se hizo el silencio, la chica lo contempló sorprendida, no esperaba una invitación así al baile y algo en el fondo de sí se movió, causando aquellos segundos de titubeo y confusión antes de decirse a sí misma que todo aquello era ridículo y recuperar su compostura.

Comenzó a reírse.

-Por favor, Kim, detén todo esto- le dijo apartando con una de sus manos de perfecto manicura la rosa que éste sostenía -¿Realmente esperas que diga que sí?

Blanco, negro y rojoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora