Como carretera abandonada, mil quinientos días viví.
Mil quinientos coches me pisaron, algunos con mucha fuerza y otros con delicadeza, pero ninguno me tocó como tú.
Pasaste tu y mil quinientos sentimientos llenaron las praderas que abrazaban mi vieja carretera.
Llegaste tú y los girasoles secos eran más amarillos que el sol.
Llegaste tú y mil quinientas hojas cayeron de los árboles.
Llegaste tú e imaginé mil quinientos días a tu lado...
Pero nunca lo pensé, cuando llegaste yo ya no me sentía como lo que era; una carretera abandonada, con grietas y mil quinientas tormentas que me habían vuelto fría.
Llegaste tú e imaginé que era un paradero, que podría mantenerte en mi vida. Y mil quinientas noches te lloré, mil quinientas noches me recordaron que yo no soy un paradero, sino, un pasadero, nadie llega para quedarse.
Los coches vienen y van, esperaba que tú no fueras coche y fueras luz, vi tus faros y te juro que en mi mente vi mil quinientas oportunidades de mejorar, mil quinientas estrellas concentradas en tu ser.
Se me olvidó que yo soy carretera, que soy el camino y no el destino.
Se me olvidó que mil quinientos seres ya habían pasado encima de mi, mil quinientas grietas eran prueba de mi dolor.
Te vi mil quinientas veces, en cada estrella, en cada noche, en cada flor y en cada amanecer, mil quinientas veces tu.
Y mil quinientos años te recordaré, porque pasaste por mi vida y las mil quinientas gotas en el huracán se convirtieron en estrellas, las noches se convirtieron tan calidas como los días y mis grietas se convirtieron en mil quinientas historias que contarte.
Perdón; se me olvidó que soy el camino y no el destino.
Se me olvidó que soy pasadero y no paradero.
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Coordenadas de valentía
PoesíaPorque en un mundo de caos y decadencia, los valientes somos los poetas que cultivamos rosas en los campos de batalla.
