*16 años*
Narrador omnisciente
La muchacha se encontraba sentada en el verde césped de la montaña, observando con la vista cansada el hermoso y pintoresco pueblo Irlandés.
Sólo que para ella, el pueblo no era mas que un estorbo para no estar en su casa, bebiendo una deliciosa malteada casera de fresa hecha por su rechoncha y sobreprotectora madre, al tiempo que oía a su padre renegar y apostar con sus amigos sobre partidos de baseball, viendo a su perro "Wally" rodarse sobre la alfombra, poniendo carita tierna y atragantándose de tiras de tocino que Nina, su hermana cuatro años menor, le aventaba.
También extrañaba el bosque que quedaba a la vuelta de su casa, extrañaba los campos de su pequeño pueblo, llenos de diminutas flores violetas, el lago que se encontraba escondido en el bosque, su secundaria, sus amigos, el aroma de pan dulce recién hecho en la mañana, la gente amable y amistosa y todos los recuerdos y memorias que había vivido en ese precioso lugar.
Pero sobretodo, extrañaba a Olliver, su amigo, su confidente, su compañero de juegos y secretos, su comandante, cuentacuentos, aliado de bromas, príncipe, héroe, pero sobre todo, su mejor amigo y amante de broma.
Bueno, ni tan de broma. Ella sentía algo por el joven de cabello obscuro como una noche de tormenta, solo que había algo en su interior que se lo negaba y enterraba lo evidente en lo profundo de su corazón...
Suspiró profundamente y soltó un sonoro resoplido, al tiempo que empezaba a recostarse de a poco sobre la suave hierba.
El viento acariciaba por completo su cuerpo, sacándole una única sonrisa que sólo su pueblecillo y los recuerdos le podían sacar.
Se podía decir que no la estaba pasando bien en Irlanda. Solo se llevaba de mejor amiga con tres chicas de 653. Anabell, Gemma y Rolanda.
Nunca había tenido tan buenas amigas en su pueblo natal, pero le hacía falta su Olliver. El internado era muy grande para ella, era enorme, 60 veces su secundaria.
No estaba acostumbrada a los edificios altos y enormes, pero ella era una persona de fácil adaptación y vanguardista, por lo tanto, no tardo en sacarle una pequeña sonrisa al lado obscuro de la vida.
No se sentía de humor para practicar ninguna actividad extracurricular, de las que era fan, pues no era feliz para practicar actuación o pintura, cosas que a ella la mataban.
Clemitte, la chica hermosa de su grado, sinónimo de perfeccion, se encargó de bajarle el animo a nuestra peleonera protagonista, que peleo con uñas, dientes y pies contra Clemitte, para evitar que esta la humillara más de lo que ya lo había hecho.
Los padres de Sophia recibieron muchas llamadas de parte del internado para denunciar a su hija por violencia aplicada contra sus otras compañeras. Sophie rió por lo bajo al recordar una de sus muchas peleas contra Clemitte.
Se acordó que le había dado una cachetada durísima en la mejilla, y le había jalado su sedosa colita de caballo, haciendo a la muchacha soltar un agudo grito de dolor. En esa misma pelea, también le propino una patada en el vientre, que Olli le había enseñado a hacer cuando iba a clases de karate.
Si, se podría decir que se había vuelto un poco más agresiva gracias a Clemitte y su odioso grupo de porristas molestosas.
La joven sonrío ante el recuerdo de oir llorar a su archienemiga. Lamentablemente al hacerle eso, solo se causo mas problemas con los maestros e hizo que muchos de sus compañeros se alejasen de ella por mala influencia. Bueno, no todos. Solo esas tres chicas la respaldaron cuando nadie lo hizo. Y eso es algo que Sophie nunca pudo agradecerles ni compensarles.
Pero bueno, eso es lo que unas buenas amigas harían.
La pasó entre bien y mal ese año, y esperó que el siguiente no la pasase tan mal, ni con Clemitte, ni con los chicos de todo el internado, que la habían tachado como violenta y nada femenina, cosas que no eran del todo ciertas. Lamentablemente, todavía le faltaba un año para regresar a casa con su familia y amigos.
Cerró los ojos e inhaló el delicioso perfume del pino viejo que se encontraba plantado a sus espaldas. Eso era algo que definitivamente extrañaría de Irlanda. Bueno, eso, y sus amigas.
-¿Qué haces aquí de nuevo?-preguntó Gemma gritando, haciendo que un escalofrio recorriera todo el cuerpo de Sophie, mientras escalaba la montañita de hierba verde y cuando la alcanzó en la cima, se recostó a lado de ella.
-Me gusta mucho este lugar, eso es todo.
-¿Extrañas mucho Wale, verdad?
-No tienes idea. Éste lugar me gusta porque me recuerda mi casa.
-Ven aca-La muchacha de cabello corto y castaño se incorporó, quedándose sentada y obligó a Sophie a hacer lo mismo, y luego, la envolvió en un cálido abrazo.
Sophia sonrio, y sin querer, comenzó a llorar sobre el hombro de su amiga.
-Ya,ya,ya. Descárgate con todos.
Y la joven lo hizo. Lloró desquitándose con sus padres, el internado, Clemitte, los chicos, Irlanda, sus maestros y muchas cosas mas. Pero sobre todo, lloró porque extrañaba a su hermano, su Superpoder, elegido, mejor amigo del alma y payaso, SU Olliver.
"A veces me pregunto, si tu también piensas en mi..."se planteó mentalmente la chica.
"I miss you
I miss your smile
And I still shed a tear
Every once in a while
And even though it's different now
You're still here somehow
My heart won't let you go
And I need you to know
I miss you, sha la la la la
I miss you"
Esa fue la canción con la que Sophia se torturó en ese momento, pensando en Olliver, dejando el mundo y sumiéndose en un espacio de dolor y lágrimas, hasta que se durmió llorando sobre el hombro de su amiga.
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When the stars go blue
Genç KurguSophia y Olliver han sido amigos desde que tienen memoria, y juran ser fieles entre ellos por el resto de sus días. O lo que queda de ellos. Cuando una enfermedad amenaza con separarlos y romper todos los sueños y promesas que habían creado, vendr...
