3

18 4 4
                                        

Abre los ojos, ¿Qué ves?

Escucho una voz nunca antes emitida, o tal vez solamente no la recordaba. Con lentitud, ella abría los ojos, con temor de saber a qué se enfrentaría.

— ¿Qué ves?

Volvió a preguntar. El cuarto se veía normal. Y en un sólo instante al parpadear, las paredes comenzaron a sangrar.

— ¡Ay! Pero que hiciste. — Exclamó la voz preocupada. — Niña tontita, los monstruos destruyen todo lo que ven, y tú, en un sólo pestañeó los mataste a todos...

Ella quería gritar, pero no podía hacerlo.

— Pequeña Aria, yo siempre estaré contigo. Yo soy el único ser en este mundo que te cuida, y también el único que puede castigarte. — Susurró, queriendo hacerlo con un toque de ternura, pero más bien, erizaba la piel. — Créeme linda, esto te va a doler más a ti que a mí.

Y esa cosa se dejó ver, aquel ser oscuro mostrando sus blancos y afilados colmillos, entonces tomó la camilla y la empujó con un poco de brusquedad provocando que aquellos cables que conectaban a la chica con los distintos monitores empezarán a desprenderse, provocándole un poco de dolor.

Una especie de... Venas negras aparecieron por la pared, enredándose unas con otras y mezclándose con la sangre que había cubierto el piso y se seguía derramando.

La puerta principal empezó a abrirse mostrando una profundidad y aterradora oscuridad. El lado opuesto de la puerta, tenía una luz muy tenue pero irresistible, ya que en éste apareció otra, con una imagen que solo ella pudo apreciar.

Cada vez más cerca de la oscuridad, gritos incesantes y un olor nauseabundo.

— Un castigo ganarás, si mal portada estás, por eso siempre he dicho. Has le caso a papá. — Cantaba el ser.

Por un momento ella se vio, acostada en la camilla, amarrada a la misma y con una especie de bozal que cubría su boca.

Pero su vista se centró en la otra puerta.

— El futuro no cambiaras, la muerte siempre te ganará, tal vez a uno puedas salvar pero otro morirá. — Cantó más fuerte, con aquella voz inhumana y luego, empezó a reír. Ese ruido irritante, rápidamente se esparció.

Y con esa insoportable carcajada de fondo, Aria presenciaba como su cuerpo se retorcía. Ella podía sentir un ardor terrible en los oídos, más sin embargo nada podía hacer. Desesperada empezó a gritar, pero, el ruido simplemente no salía de su boca.

Y entre aquella horrible impotencia, un disparo retumbó en el lugar, los ojos de la chica fijos en la puerta de donde la luz tenue salía, aunque ahora está de rojo se teñía...

————————

— ¡No! — Grito Aria al despertar, sentándose súbitamente.

— Aria tranquila solo fue una pesadilla. — Intento calmarla su madre. — Tal vez tuvo algo que ver, el hecho de que tu padre viera esa película de terror mientras dormías.

Aria no respondió, ya ni siquiera escuchaba las palabras que su madre decía, solo la veía mover la boca...

Esa cosa, quería matarla. Pero actuaba como si la quisiese, claro que debía ser falso. Pensaba Ella.

"¿Como alguien que te quiere te haría eso?"

Ella no lo entendía, seguramente nadie lo haría.

Apretó las sábanas, trataba de calmar sus nervios, como último recurso cerro los ojos.

— Abre los ojos... ¿Que ves?

No quería hacerlo, debía seguir dormida, tal vez si lo ignora se irá. ¿verdad?

"Por que si tú ignoras el problema, tal vez él te ignore a ti."

Una mano en su hombro, la sentía a la perfección, era real. Escalofríos recorrían alocadamente su espalda la curiosidad era grande.

"Padre Nuestro que estás en el cielo."

Le apretó el hombro.

"Santificado sea tu nombre y... Y... No lo recuerdo..."

Lo sentía cada vez más cerca.
Su mente se bloqueo.

"No nos dejas caer en tentación... No así no es, piensa Aria..."

El pánico le ganó.

"Li-libranos del mal."

Y ella abrió los ojos y lo vio...
















Su padre estaba de pie frente a ella, con dos tazas de café y una cajita color marrón.

— Te traje Tiramisú y tú te pones a temblar. — Su padre callo un par de segundos analizando la situación. — Hija, sabía que algún día tendríamos que hablar de esto.

— Ay Mark por favor, ahora no.— Pidió Mónica, su esposa.

— Verás Aria, tú encontrarás a personas increíbles, pero, también a personas muy especiales... Y por especiales me refiero a los tontos que prefieren comer hielo a una deliciosa lasaña para mantenerse lo que según ellos es "Delgado y hermoso" Aunque sean más feos que tu tía Anastasia en traje de baño... Asi que si quieres hacer dieta iremos con un nutricionista, porque no te podemos dar de comer cualquier cosa, con eso de los precervantes que contienen todos los productos... Podrías tener problemas con tu ciclo mens...

— Okay creo que ya entendí. — Lo detuvo Aria, ahora más incómoda que asustada. — Dame el pastel.

— Segura que no quieres hablar de algo — Aria negó con la cabeza a la pregunta de su padre. — Por que sé acerca de los efectos secundarios de las drogas, los riesgos del embarazo en adolescentes, enfermedades de transmisión sexual...

— Mark, está comiendo. Déjala en paz. — Interfirió Mónica, antes de que eso terminara mal y con un pastel desperdiciado.

— Bien, pero que conste que me ofrecí a charlar, es decir, que ya cumplí con mi deber. — Mark se relajó, estiró sus piernas, luego se sentó y cruzó sus brazos. — Ser tan buen padre cansa.

Dijo para luego recostarse en aquel sofá azul marino.

Aria se libró de una charla, un tanto incómoda de padre e hija, pero no podía sacarse aquel ser de la cabeza... Intentando borrarlo de sus pensamientos, pensó en la escuela.

Fue cuando un nombre cruzó por su mente.

— Angie — Dijo muy bajo, sus padres la vieron, esperando a que repitiera la palabra. — La chica, Angie ¿Que pasó con ella? Estoy segura de que estuvo aquí.

Mark y Mónica se vieron mutuamente.

¿Habría hecho algo Angie para tener que ocultarse lo a Aria?

O ¿Angie se está ocultando de Aria?

Bueno, tal vez hay cosas que es mejor que queden... Entre familia.











Oh yeah baby
Ya volví.

Y pues ahí está... Sólo era eso, no es como que les regale un millón de dólares.

Pero, escribí un capítulo...

Peor es nada.

😶







Sujeto 2Donde viven las historias. Descúbrelo ahora