Domingo sin padres suena demasiado bien... La verdad es perfecto un domingo así.
Damián no tenía permiso de salir hoy, así que no sé qué va a hacer porque obviamente si mis padres me preguntan por él yo no lo cubriré.
Y hablando del rey de Roma. Una figura masculina ingresa a la casa mientras que yo estoy sentada en el sofá viendo Teen Wolf.
—¿Qué diablos haces?— Pregunta.
—Estoy jugando partido — Ruedo los ojos.
Me da un golpe en mi cabeza y yo le pego con el pie en su rodilla. Me vuelve a pegar pero ahora con el puño por mi hombro.
—¿¡Eres un idiota o qué!? — Hago de mi mano un puño y le proporciono uno muy duro por la cara.
—¡Te pasas keraná!— Me mira con los ojos furiosos.
—¡Tú empezaste!— Le digo de la misma forma.
Ambos nos fulminamos con la mirada y soltamos un gran gruñido.
—¿Qué pasaría si mis padres se enteraran de que acabas de llegar de no sé dónde y encima me dejaste sola cuando ayer habías organizado una fiesta llena de gente tóxica? — Sonrío.
—Nadie se enterará de nada.
—¿Seguro?
Me mira serio y yo no puedo dejar de sonreír.
— Sí, ¿Querrás que tus padres se enteren que llevaste a un chico ayer, en la fiesta llena de gente tóxica a tu dormitorio?
Diablos.
—¿De qué hablábamos?— Gruño.
— Eso pensé — Me sonríe de oreja a oreja.
(...)
Lunes, maldito lunes. Jade no asistirá a clases hoy, está enferma.
Me siento más nerviosa a cada paso que doy, casi llego a la universidad, y no es algo que quiera hacer. No sabiendo que Nathan estará allí y que no tengo nadie a mi lado en quién apoyarme.
Parece que voy directo al encuentro con el lobo feroz.
Diablos Ashley, no es momento de sudar.
En la entrada del campus se encuentran los terremotos y el estúpido de mi hermano. Los tres se ríen de un chico rubio con piel blanca, demasiado blanca. Al parecer se ha tropezado...
Oh no, yo conozco a ese chico.
—¡Tobias!— Corro hacia él y tiro mis cosas al suelo para poder sentarme a su lado — ¿Estás bien?
— Estoy bien.
Me sonríe débilmente y yo sólo hago una mueca.
Me giro y encaro a los estúpidos dioses griegos que se mueren de risa. Excepto Nathan que desapareció.
—¿Qué diablos pasó? — Pregunto.
— El tonto de tu amigo se ha tropezado con su propio pie ¡Es tan bobo!— Mi hermano suelta una carcajada a lo que dijo Mathias.
— ¡No es cierto! Nathan me había puesto el pie, ¡Sólo por eso caí! — Tobías trata de explicarme la situación.
¿Qué carajos le pasa al chico?
—¿Dónde está?
—¿De quién hablas Ashley?— Pregunta Damián.
—¡Del idiota de tu amigo!
