Capítulo 9

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Cuando me despierto me encuentro a ferrado a Melody que duerme plácidamente de espaldas a mi. Su cabello alborotado se encuentra desparramado por toda la almohada y percibo su silueta subir y bajar de forma lenta acompasada a su respiración.

Es preciosa.

Me levanto con sumo cuidado para no despertarla mientras consulto la hora en el reloj de la mesilla, aún es temprano pero sorprendentemente me siento descansado y con muchísima energía.

Llamo a Wilson para que me traiga algo de ropa y mientras tanto me dispongo a buscar algo que hacer de desayuno para sorprenderla.

-Gracias Wilson, nos vemos en la empresa -agradezco aceptando la bolsa de ropa que, me ha traído.

-Si, señor -asiente antes de desaparecer.

Sigo dedicado a mi tarea de hacer un omelete, aunque... realmente no me está saliendo a como yo esperaba, tampoco se ve tal mal. A puesto a que sabe mejor de lo que se ve.

-Buenos días -su voz me sobresalta.

La veo junto a mi tratando de husmear lo que tengo en el fuego. Se ve tan sexy.

Sin dificultad la levanto y la siento sobre la encimera lejos de la cocina, me acomodo entre sus piernas y hundo mi rostro en su cuello para aspirar su delicioso aroma.

-Buenos días -murmuro entre su cuello sin muchas ganas de apartarme-, ¿cómo dormiste?

-Mejor que nunca, ¿Y tú, dormiste bien?

Me limito a asentir.

Disfruto mucho de estar así, hace mucho tiempo que la extraño y por fin tenerla así entre mis brazos es extasiante y terapéutico.

Cuando me incorporo un poco mis ojos se van a sus labios de inmediato y siento que no me puedo contener, sobre todo después de lo que me dijo anoche. Ella no quiere que yo me vaya y yo no quiero irme.

Como parte de un impulso me inclino hasta unir nuestros labios y disfrutar de su sabor y su suavidad. Mel pasa sus brazos alrededor de mi cuello y acaricia mi cabello transmitiendo un estímulo directo a mi entrepierna, así que la sujeto con fuerza por la espalda y por la cintura trazando círculos por las partes desnudas de su piel acercándola más a mí.

Su boca y su lengua son exigentes a medida que la intensidad de nuestro beso va aumentando hasta que por falta de aire tenemos que separarnos.

-Te he echado muchísimo de menos -admito apartando un mechón de su cabello y poniéndolo detrás de su oreja.

-Yo igual.

Su declaración hace que algo dentro de mi se extienda, un sentimiento extraño con el que no me encuentro muy familiarizado a decir verdad.

-Estoy intentando preparar el desayuno.

-¿Quieres que te ayude? -pregunta asomándose por sobre mi hombro y abriendo mucho los ojos.

-Sí, me parece buena idea -veo que de la sartén sale una pequeña columna de humo.

La ayudo a bajar y de inmediato se dirige a apartar la sartén del calor.

Mientras dejo que ella prepare unos pancakes de los que se antojó, pico algunas frutillas y preparo un poco de zumo de naranja.

-Están deliciosos -aseguro cogiendo otro bocado y llevándolo a mi boca-. Lamento haber arruinado el desayuno que estaba preparando para ti, era una sorpresa.

-Está bien -niega-, gracias por la sorpresa.

-Aunque, si no me hubieras distraído no hubiera quemado el omelete. Se veía muy rico.

DanielDonde viven las historias. Descúbrelo ahora