*2: No muy bienvenido Agosto:*

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¡El dichoso mes de Agosto había llegado!

Hacía un poco de frío, pero éste mes traía consigo ese maldito viento (típico de la temporada) que dejaba las ventanas del apartamento lleno de polvillo, ése detestable que hace que estornudes por días. Y como era el mes de que "todo me pasaba", estaba en un estado de resfriado interminable, propio de las primeras semanas de embarazo, según algunos blogs de internet.

Estaba transitando una especie de "miedo" por visitar a un médico, pero en algún momento tenía que hacerlo.

Mientras esperaba el bus en la casilla, me resguardaba del viento frío que estaba corriendo en ese momento. Exageradamente podía llegara a cortarte la piel de lo frio. El lugar se fue llenando de gente, las mismas que veía todos los días cuando tomaba el bus para ir a trabajar, a la misma hora 8:00 am.

Un saludo cordial como unos buenos días nos decíamos todos, al fin y al cabo todos éramos vecinos.

Pero esa mañana fue particular, estábamos los mismos de siempre pero uno nuevo llegó y ese era mi vecino, el metalero. Algunos de los que estaban allí se dedicaron a observarlo como si fuera un bicho raro.

Si algo no entendía es que estábamos viviendo en una época muy "moderna" y aún existía esta gente que se escandaliza por ver a un sujeto con tatuajes en su cuerpo.

Malas costumbres de una mala sociedad. – pensé.

Podía notar la piel de su cuello tatuado, pero iba muy bien vestido. Pantalón de vestir azul oscuro y un tapado gris. Se veía realmente bien, no como la primera vez que lo vi...justo el día que me mudé a mi actual departamento.

Bien, volvamos unos meses atrás.

Ahí va la historia de cómo llegué a este vecindario.

Empecemos con mi familia.

Somos 5 hijos de una pareja muy...bueno no muy normal si vamos al caso. En fin, papá y mamá tuvieron la no muy buena idea de procrearse. Tocándome el penúltimo lugar de los cinco. Comenzaron con dos varones mayores, luego la del medio Sophia, mi hermana (la dueña del departamento donde estaba viviendo). Entre ellos tienen una diferencia de edad de uno o dos años. Pero mis padres deseaban integrar una niña más a la familia, y eso les tomó unos largos 8 años hasta que vi por primera vez este mundo.

Con decirles que en mi cumpleaños número 4 mis padres me anunciaban que venía en camino el último varón.

Mi querida hermana Sophia vivía en este lugar. Ella estudiaba ciencias económicas en la universidad estatal. Una vez que terminó su carrera le llegó una propuesta para un posgrado en Londres. Trabajó un tiempo en una consultoría, y con eso pudo pagar su viaje. Tomó el primer vuelo a la ciudad de mis sueños. No sin antes encargarme éste hermoso departamento.

Recuerdo el día que bajé del taxi con mis valijas, mi madre y mi padre querían pasar unos días en la ciudad para relajarse.

—Este vecindario es hermoso Annie, te vas a adaptar muy bien. – dijo mi mamá bajando una de mis maletas.

Papá le pagaba al taxista y nos ayudaba con las valijas y cajas con mis preciosos para sentirme más en casa en este nuevo lugar.

—No creo que aquí haya un poquito de vida universitaria mamá. – le dije mirando la calle. Había mujeres afuera de sus casas regando sus jardines de enfrente, algunas charlando en la vereda. Se parecía más a un asilo (sin ofender claro)

—Vamos cielo. – habló papá sacando las llaves y abriendo el portón de entrada del edificio.

Las rueditas de las valijas se encargaron de hacer demasiado ruido mientras caminaba un largo pasillo hasta llegar a mi puerta. Mientras esperábamos que mi papá encontrara la llave adecuada para abrir la puerta del apartamento, un vecino hizo su aparición.

Sin ContratoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora