—Ya quisieras compañero, lo sé. Pero hoy no estas de suerte amigo. – le palmé el hombro y él se echó a reír.
—Buena respuesta. – dijo, y sentó a mi lado a hablar de cosas cotidianas. Desde el alquiler hasta los precios de boletos de colectivos.
Pero en un momento me comentó de lo feliz que era (y se le notaba) cuando hablaba de su equipo de futbol de la universidad.
Él estaba al tanto que allí solían ir cazatalentos, incluso iban de equipos extranjeros, no sólo locales a reclutar jugadores. Y a él le ofrecieron un puesto, pero tuvo que rechazarlo por su padre.
Y allí me pone a pensar acerca de mi familia. Mis padres a pesar de tantas cosas nos han dejado ser y perseguir todo lo que queríamos. Y allí me encontraba...sin tener coraje de decirles lo que me estaba pasando.
A veces los buenos hijos no tienen buenos padres, y los buenos padres no tienen buenos hijos. El segundo grupo era el mío.
— ¿Qué pasa? ¿Te aburrí de tanto hablar? – su cara realmente estaba preocupada. Vaya a saber cuánto tiempo estuve ensimismada con mis pensamientos.
—Bueno...lo de mi embarazo lo saben sólo mis amigas, y bueno ahora tú, y yo. – sus cejas se elevaron.
—Tus padres...no. – negué. – En algún momento tienes que decirles.
—En algún momento. – razoné. Tomó mi mano, y la fregó un poco, y luego se levantó extendiendo su mano. - ¿Qué?
—Vamos. – tomé su mano, luego apagó las luces del comedor para iluminar con su celular el pasillo que nos dirigía a los dormitorios.
Me paré en el umbral de su habitación. Su cama de dos plazas estaba muy bien acomodada, ropa doblada al final y él quitándose la camiseta... ¿Qué estaba haciendo qué? Sí, efectivamente se estaba quitando la camiseta.
Esto realmente era una escena romántica. El chico hot quitándose la ropa, alumbrado por la luz del celular y la luna. Sí, ese satélite es el llamador al pecado.
— ¿Te ayudo con esas botas? – me dice señalándome.
—Todavía puedo sola. – se sonrió y pasó a mi lado para meterse al baño. Quité mis botas, y las coloqué en la pared cerca de la puerta.
Dejé su chaqueta sobre la silla que había ropa doblada, y me quité mi chaqueta para dejarla encima de la otra prenda.
— Aquí tienes una camiseta o un buzo para dormir más cómoda. – tenía ambas prendas en su manos, y escogí el buzo canguro. Me metí al baño y me quité las medias.
—Al menos tengo las piernas depiladas y suaves. – murmuré mirándome lo pálidas que estaban.
Salí y él ya estaba recostado. Pero apenas me vio se sentó en la cama.
—Hay mucho lugar, y prometo portarme muy bien. – levantó su mano como si de un juramento se tratara.
—Más te vale tener las manos quietas James, si quieres seguir teniéndolas. – él se carcajeó y abrió el acolchado invitándome.
No recordaba haber hablado, incluso divertirme tanto con alguien en la cama pero ¡Ojo! En el buen sentido de la palabra. De acostarte sin hacer absolutamente.
Largué un largo suspiro, cuando estuve recostada. Las estaban frías. ¡Cómo extrañaba mis medias de lana de llama! Refregué varias veces mis piernas para entrar en calor.
— ¿Tienes miedo?
— ¿De qué? – se movió hasta quedar de costado mirándome y apoyándose sobre su brazo.
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Sin Contrato
Teen FictionLa vida nunca deja de sorprender a ningún ser humano. Ni Annie, ni a Stephen se aplican las excepciones. Historias salen a luz, retos y desafíos siempre serán parte del camino. y el amor, nunca debe faltar, si no nada tendría sentido.