Capítulo 8

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Escuché el timbre por casualidad. El silencio se hizo durante unos segundos cuando la canción acabó y el reproductor de música del ordenador se preparaba para reproducir otra. Sonó tres veces, rápidamente, escuchándose por toda la casa.

Vaya, sí que tenía la música alta, al final tendría razón mi padre y acabaría quedándome sorda. Dejé el ordenador al otro lado del sofá, levantándome deprisa y corriendo hacia la puerta cuando volvieron a llamar de forma insistente.

- ¡Voy! ¡Voy! - grité, esquivando las botas que me había quitado para estar en casa y que había dejado en mitad del pasillo. - ¡Ya voy!

Abrí la puerta sin ni siquiera mirar por la mirilla encontrándome con Taehyung al otro lado, con la capucha de la sudadera puesta, una mueca gigante en los labios y una mano sobre el timbre mientras la otra permanecía guardada en los bolsillos de la sudadera.

- ¿Qué haces aquí?

- ¿Por qué no abrías? Llevo llamando casi diez minutos - bufó, consiguiendo que me sonrojara.

- Lo siento. Tenía los auriculares puestos y la música a todo volumen.

Soltó un sonido de garganta como aceptación de la disculpa, entrando en la casa directamente, sin pedir permiso o apartarme a un lado. Caminó recto y yo tuve que ir retrocediendo para que no me atropellara. Cerró, dando un portazo.

- Guau - me quejé, apartándome finalmente a un lado, dejando que entrara al salón y se quedara quieto, a mitad de camino del sofá, del frigorífico, del baño o de la habitación. - Cuidado, el piso es alquilado y quiero que me devuelvan la fianza. ¿Te pasa algo?

- Vaya, ya era hora de que dieras cuenta - bufó. Girándose hacia mí, clavando sus ojos en los míos. ¿Ya era hora? Bueno, dar un portazo no te hace discreto.

- ¿Qué?

- Llevo tres días enfadado contigo.

- ¿Qué? ¿Enfadado?

- Sí.

- ¿Por qué...? espera ¿tres días? Eso no tiene sentido.

- No tiene sentido porque no te has dado ni cuenta. - bufó, arrugando la nariz, mirando hacia otro lado.

- Taehyung, ayer me encerraste en el cuarto de la limpieza para besarme durante casi veinte minutos - gesticulé. A pesar de que le había dicho que nada de... ese tipo de cosas en el trabajo. A pesar de que creía que le había quedado claro. Así que no tenía ni idea de por qué estaba enfadado o decía estarlo. - No puedes llevar tres días enfadado conmigo.

- No creo que una cosa tenga que ver con la otra.

- ¿Qué? - repetí. - ¿Por qué hiciste eso si estabas enfadado?

- Me apetecía besarte. Repito, no entiendo que tiene que ver una cosa con la otra. - Mi boca se abrió, parpadeando con rapidez. Yo sí que no podía entenderlo a él. Realmente, había veces, que me era imposible entenderle.

- No tiene ningún sentido... - me burlé, negando con la cabeza y sonriendo, haciendo que sus labios se curvaran hacia abajo.

- Lo que no tiene sentido es que te importe tan poco. - El tono lastimero de su voz me sorprendió, viendo como se cruzaba de brazos y retrocedía, apoyándose de pie sobre la parte trasera del sofá.

Vaya...

Se relamió los labios, sin mirarme, con los ojos clavados primero en la cocina y luego en sus pies, cruzando con más fuerza los brazos. La capucha aun le cubría la cabeza, chasqueé la lengua, acercándome a él. Taehyung me miró de reojo, bajando aun más la cabeza, y cuando llegué a su lado aparté la capucha de la sudadera, descubriéndole el pelo, que se quedó alborotado.

Wager - Kim TaehyungHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora