Omnisciente:
Esa mañana él estaba durmiendo, por fin había conseguido descansar, no tranquilo y feliz como antes, pero si cerrar los ojos y olvidarse por unas horas de todo.
Esa misma mañana, tan fría como las palabras de Esmeralda, y las acciones de Rubén, esa misma hizo perder el control a la chica. Solo se fue, dejándolo solo. Porque así tal vez sería feliz; lejos de él.
Porque cuando uno ama con tanta intensidad y sinceridad debe dejarlo ir. Por más que duela en el corazón, por más difícil que sea; debe dejarlo ir. Si no es feliz contigo, podrá serlo con otra persona. Tal vez, ella estaba equivocada al irse así, porque él tendría que dejarla ser feliz con alguien más, que otra persona le muestre lo hermoso que puede ser pasar el resto de tú vida con alguien que verdaderamente te ama.
Al cabo de dos horas pasadas, Rubén abrió los ojos poco a poco, hasta tener algo de lucidez en todo el asunto.
Se percató que su esposa no estaba a su lado, al momento levantó su cuerpo, esperando verla en algún rincón de esa habitación, pero no fue así. Llevó sus dos manos libres a su rostro, frotándolo, tratando de quitar esas ganas de volver a dormir.
Dio unos pasos y abrió la puerta del baño que se encontraba en la misma habitación, entró al mismo y comenzó con la rutina.
Sentía que este día no le traía nada bueno.
— Esmeralda, vuelve... Por favor.
Fue lo único que dijo el castaño antes de cepillar sus dientes.
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Notas para un infiel; Rubén
Cerpen❝ Aunque tus traiciones me quiten el aire, aquí sigo... ❞ Prohibido copias o algún deribado.
