TREINTA Y DOS [Final]

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Omnisciente:

Rubén estaba sentado, viendo la televisión sin ningún tipo de emoción.
Entonces, cuando menos lo pensó Esmeralda estaba detrás de la puerta sus nudillos tocaron la puerta de Rubén y este atendió tan rápido como pudo.

Se puede jurar que los ojos de Esmeralda se fusionaron con los de él.

Hola, Rubén. — Saludó amable y sonriente y no tenía motivos para estar así.
Hola querida Esmeralda. —  Se acercó a la chica para besar sus labios pero al instante ella lo alejó. — ¿Qué pasa, cariño? , pregunta el castaño retomando su anterior posición.
No podemos continuar, Rubén. Expulsó la chica de cabello negro. —Lo nuestro es una relación tan tóxica como el veneno. Observó los ojos de su contrario, no tenían una pizca de alegría y tampoco sus indiferentes labios.

Esmeralda abandonó la casa del castaño, dejándolo con tantas preguntas.
Estando cerca de ese lugar, fue como si el clima hubiera leido su triste corazón, una tormenta comenzó a formarse, y ella no pudo contener sus ganas de llorar ni un minuto más, entonces lo hizo, lloró cuanto pudo bajo la lluvia que ahora la acompaña. Estaba empapada y su rostro estaba siendo lavado al igual que sus lágrimas por las gotas de la misma lluvia, su ropa era una esponja, absorbía el agua pero quedaba con la misma.
Unos gritos hicieron que su corazón se acelere, era él.
Tal vez sentía pena por verla así, o por leerla. Y si no era eso, ¿qué otra cosa podía ser?, él no la amaba y no lo demostró jamas, no podía amarla de un minuto a otro.

¡Esmeralda! , grita el joven a lo lejos, esperando encontrarla, esperando que ella no deje de estar a su lado.

Pero ya no había vuelta atrás, todo había terminado y eso debía hacer con ella, con ese sentimiento que no la deja avanzar porque es tan necesario para su corazón y tan venenoso para su alma. Porque estar junto a él era tocar el cielo, pero también un fogoso e insoportable infierno.

Ya se terminó Rubén. — Dijo la morena, respondiéndole.

Sus ojos fueron cerrados poco a poco sintiendo la lluvia y los apretó al sentir aquel dolor insoportable en su corazón. Estaba pasando.
Pero las cálidas manos de Rubén envolvieron la cintura de Esmeralda, evitando que cometa esa locura por lo que él le había causado.

Si no vas a amarme, ¿por qué me lastimas haciéndome creer que sí? — Dice la castaña con lágrimas en sus ojos, esperando que responda.

Perdoname, mi amor. No voy a dejarte caer, ésta vez no y te juro que no lo repetirás. Te juro que te amaré y respetaré como lo prometí, hasta la muerte.

Rubén besó los labios de ella, atrapándola y abrazándola entre sus brazos, bajando su cuerpo de aquel tapial de cual quería saltar.
La lluvia terminó de mojarlos y de limpiar las lágrimas que por ambos rostros caían.

Te amo, Esmeralda.

Y así lo hizo, la amó con besos.

Fin.

Va el epílogo, zorras. Nada de finales sádicos, estobsksjsk tenía que terminar bien.

Notas para un infiel; RubénDonde viven las historias. Descúbrelo ahora