Epílogo

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Petris of Erebor

Epílogo

Año 2771 de la tercera edad del sol, un año había transcurrido desde al advenimiento de Smaug, y puntual a su cita tras el rudo invierno de Forochel, un hombre de las nieves viajaba a Esgaroth para hacerse con provisiones y herramientas.
Pero aquel viaje era distinto a los anteriores, su carromato no iba cargado de pieles para el trueque, en su lugar dos cofres repletos de monedas servirían para pagar a los lugareños de Ciudad del Lago.
Sucedió que cuando el dragón le concedió el indulto y partió dejándolo solo en su guarida contempló el tesoro que Smaug dejaba atrás.
Una miseria sin duda para un gran gusano, pero una enorme fortuna para un solo hombre y Acronu tiempo después volvió a la extraña cueva para llevarse hasta la última joya, hasta la postrera moneda fue saqueada por el lossoth.
Ahora llegaba feliz al guardián de piedra que custodiaba aquellas tierras, le sorprendió no ver una larga hilera de carretas a las puertas de Erebor. Pensó que los enanos seguro celebraban una de sus fiestas, y sabía que en el transcurso del festejo los descendientes de Durin por siete días se encerraban bajo su montaña sin trabajar entregándose a las bebidas, las risas y las canciones.

Pero al poco vislumbró los calcinados muros de Esgaroth, y no solo quemados púes mucho no eran más que una pila de escombros aún sin retirar. Apenas una decena de barcas pescaban en sus aguas, muy pocas para lo que era costumbre en aquel lago, pero lo que más sobrecogió al lossoth a medida que se acercaba era el sepulcral silencio en la bulliciosa ciudad. Insonoro escándalo de tristeza que lúgubre impregnaba el lugar, las agudas voces de los niños jugando ya no estaban, el sonar de la rueda contra la piedra era substituido por el solitario sonido del viento silbando entre los muros y todo estaba teñido de negro cubriendo a la Ciudad del Lago con un macabro manto de olvido y desolación.
Por sus calles vio a un anciano, sentado en el suelo con la espalda apoyada en una pared, uno de sus ojos estaba oculto tras un jirón de tela y sus ropas yacían desgarradas más teñidas de negro y sangre lo vestían a duras pena.
Acronu abrió uno de sus cofres cogiendo cinco monedas de oro, hacía el mendigo se dirigió y entregándole el dinero le preguntó.
  -  Quienes fueron buen hombre, orcos o asdriags los que arrasaron vuestra ciudad? -.
  -  Orcos?... -
El viejo miró fijamente al lossoth por un momento para romper en estridentes carcajadas a continuación. En su mugrienta boca un huérfano diente restaba sin compañía y entre la comisura de sus labios una espesa y oscura baba bailaba en aquella desquiciada risa.
  -  Nooo!! viajero no fueron orcos, un ejercito de uno tan rojo y brillante como el ocaso del sol entre las montañas descendió del cielo. Si señor así fue, sabes?... no, no sabes no?, y era de fuego su furia y a todos nos cubrió... gritos, muertos y gente corriendo hacía el agua, pero hervía como olla con caracoles. No se llamaba asdriag el dragón, su nombre es Smaug creo -.
Un escalofrío sacudió al hombre de las nieves mientras un enorme peso lo comprimía sin compasión.
  -  Y cuando fue eso? -.
El hombre que loco pero no tonto ante él extendió su mano esperando más honorarios, y no fue hasta que Acronu satisfizo la demanda que aquel hombre no habló.
  -  Pues si me entiende bien le diré un año lo más, luna arriba luna abajo -.
  -  Y el dragón se fue?, sabe donde esta? -.
  -  Ejem.. - de nuevo su mano reclamaba la recompensa - si se fue pero estaría cansado porque solo llegó hasta la montaña y allí duerme desde entonces -.
  -  Y los enanos? -.
  -  Sin su montaña y oro muchos murieron y otros partieron, hace tiempo que no se les ve por aquí. Creo que no volverán, si eso creo ellos no nos ayudaron y nosotros tampoco a ellos. Se puede decir que ya no existe su reino y también diría que Esgaroth ya no es lo que era, bueno eso seguro -.
El anciano se levantó tambaleante y en su apestoso aliento de Acronu se despidió.
  -  Y sí ahora me permite me iré por vino y ron, buen vinito de aroma embriagador y buen ron para dormir de sopetón -.
Y riéndose se marchó dejando solo al lossoth, y allí entre las ruinas de Esgaroth incipiente losa de descomunal peso se aposentó sobre sus hombros aplastándolo, pues era la culpa quién lo invadía y era mordaz y despiadada en su dolor.
En su camino a través de las devastación más gente se cruzó y todos eran presos de la desgracia, de la más absoluta pobreza en sus infelices rostros reflejada y cada mirada como hiriente punzón en su corazón se clavaba profunda y dolorosa.
 
Se alojó en la única posada que subsistía en Esgaroth, casi nadie la visitaba ya pues nada había allí para el extranjero, el comercio prácticamente había desaparecido y la pesca era solo para los supervivientes de la tragedia hambrientos y desesperados.
Solo en su habitación revivió su encuentro con Smaug y de cada una de sus palabras se arrepintió, realmente creyó que sí aquel dragón osaba atacar a la poderosa Erebor moriría. Pero en sus ojos fue obvió el error y deseó haber sido devorado aquel día.
De su mochila saco una resistente cuerda y por cada muerto una lágrima se derramaba sobre las lazadas que anudaba en uno de sus extremos. Acabado el lazo en el techo buscó una gruesa viga en la que atar la soga y allí la ató asegurándose que cuando saltará de la silla sus pies no tocarán el suelo.
Porque Acronu era un buen hombre y asediado por mil ejércitos el agobió era insufrible, su pecho oprimido apenas le permitía respirar y por todo eso alrededor de su cuello aquella cuerda primero lo acarició, y subiéndose a la silla pidió perdón a todos más nadie le escuchó. La acaricia en mortal abrazo se tornó cuando de la altura saltó, y cuando su cuello crujía y su garganta se asfixiaba, sobre la cama su mortecina mirada observó por última vez el brillo del oro apagándose para siempre.

Con el tiempo la muerte de Acronu fue conocida en su lejano poblado y muchos contaron que fue el tesoro del dragón quién lo condenó, pues habla una leyenda que estos están malditos. Y quizás solo sean antiguas supersticiones, rumores sin fundamentos extendidos en el tiempo pero no sería el hombre de las nieves el último en morir tras arrebatar el dorado lecho de Smaug. Habría otro en sufrir su misma suerte años después, hijo de Thrain y descendiente de Durin, Thorin " escudo de roble " también sucumbió en el cegador resplandor del oro.

FIN

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