"Más que alucinaciones, realidad no aceptada"
Haru tan solo es una adolescente, no debería preguntar cuántos meses de vida tiene, no debería ser obligada a consultar con los psicólogos qué es lo que realmente tiene. Es solo una niña confundida que h...
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Hoy por fin es jueves, mi padre ha decidido preparar lasaña. Mi favorita hace mucho tiempo, cuando mi madre la hacía cada vez que había algo que celebrar, por muy insignificante que fuera ella cocinaba lasaña con su música favorita a todo volumen. Ahora que mi padre lo haga es una excusa para decir noticias no tan felices y como consecuencia ya no me apetece como antes.
Así que cuando mi hermano Carter arrastra la silla hacia adelante con su cabello castaño despeinado y sus ojos azules rojos se cruzan con los míos griseados, sé que él sabe algo, pero obviamente su misma mirada me lo niega en segundos, mi padre y yo estamos ya con nuestros pedazos de lasañas en nuestros platos y el café (o chocolate caliente en mi caso) cuando sencillamente fingimos que nada importante se va a decir esta noche.
— ¿Estabas haciendo ejercicio antes? —pregunto a Carter mientras señalo sus ojos rojizos.
—Sí, creo que hoy supere mi propio récord —se encoge de hombros y sonríe—. Casi supero al mejor hoy en el gimnasio.
Me quedo callada limitándome a asentir con la cabeza, no sé qué comentar después de esa respuesta. Mayormente el continúa hablando acerca de eso, aun cuando yo he dejado de prestarle atención, pero esta vez no sigue. Ni mi padre comenta lo malo que puede ser eso, como siempre.
Los minutos pasan así, en silencio casi total si no fuera por el ruido a masticar y los utensilios que resuenan cada tanto. Hasta que mi padre se digna a hablar aclarándose la garganta.
— ¿Cómo les fue hoy en el instituto? — pregunta sonriendo un poco relajado hacia ambos.
Me remuevo en la silla incomoda. "Nada interesante padre, simplemente pensé que por unos segundos todo se detenía, menos yo. Me pareció de hecho ver también una especie de portal que por cierto solo lo veo cuando me desmayo, que es lo que no tiene sentido en todo esto, obviamente".
Me encojo de hombros más para mí que para él. Incluso decirlo en mi mente, me hace verme a mi misma como rara.
Carter decide responder por los dos al ver que yo no contesto en voz alta. Se inclina hacia adelante dejando que su camiseta blanca se recoja levemente. Sus 17 años de vida demuestran cómo ha tomado práctica en responder ciertas...cosas.
—Excelente pa, ya mañana inician los exámenes, Haru se la ha pasado con Mikeyla todo el día así que —se gira hacia mi mientras me señala con el dedo—, mañana almuerza conmigo ¿Okey?
Espera ahí, ¿Exámenes? Por favor que solo sea parte del camuflaje porque yo ni enterada, y eso no es bueno para mi yo aplicado. Y es inevitable sentir esa pequeña espina, donde yo no encajo en sus planes, tal vez por eso me quedo aquí fingiendo, porque son pocos los momentos que compartimos.
Y así señores y señoras cambia de tema tan...sencillo, a diferencia de mí. Asiento con la cabeza como respuesta, mi padre me mira esperando unas grandes palabras de mi parte, pero no las tendrá por más que yo quiera dárselas. Y eso me hace sentir mal, no soy así, por eso detesto mentirle.
—Estuvo bien, lo de siempre con Mikeyla ya sabes... —agrego tratando de sonar indiferente.
Asiente pensativo, se inclina para estar más cerca de nosotros y allí es donde lo dirá.
—Sabes que estas cosas de los psicólogos... aunque sus resultados estén bien dados siempre hay que verificar aun cuando es innecesario Haru, ayer tuvimos una respuesta que es un gran...alegría, pero antes de darlo por sentado debemos llevarte a que te hagan unos análisis, estudios en el hospital.
Me tenso inmediatamente, ¿cómo no lo pensé? Necesitan pruebas, no palabras dichas. Que ingenua fui con pensar que ocultar un simple resultado lo era todo. ¿Ahora qué haré?
—Lo entiendo, está bien papi —le sonrió para tranquilizarlo— ¿Cuándo? —pregunto interesada, algo puedo hacer por muy insignificante que sea.
—Pronto, primero quería decírtelo pequeña —dice suavemente logrando que mi corazón se encoja, sé que es difícil para él, volver al mismo lugar que mi madre detestaba ir cuando las cosas se complicaban.
Suspiro para mí mientras me levanto de mi asiento tirando la silla hacia atrás, camino hacia mi padre que está al frente de nosotros con su semblante preocupado y sencillamente lo abrazo fuertemente queriendo de alguna forma disipar sus miedos.
—Te quiero mucho papi —murmuro dulcemente besando su mejilla.
—Yo más mi niña —responde con la voz entre cortada.
Después de cenar subo a mi habitación saltando dos escalones apresuradamente para poder tirarme en mi cama. Antes de lograr mi cometido, me acerco a mi pequeño librero agarrando un libro al azar, apago la luz de mi cuarto y me acuesto en mi cama mientras enciendo la pequeña lámpara en mi mesita de noche. Sonrió al ver la portada del libro que he agarrado "Violet y Finch" decido leer los post-its que he marcado cuando leía.
"El mundo nos rompe a todos, más después, algunos se vuelven fuertes en lugares rotos"
-Ernest Hemingway
Pasó los post-its de colores cada tanto con emoción porqué logra recordar la razón de cada una en la historia, pero me detengo en una página en especial al ver que no solo tiene uno sino muchos pos-its que están llenas de palabras sin orden alguno. Frunzo el ceño.
Eres, Sabes, Sé, Haru , Que, Capaz, Lo, Tu, Quien
No son palabras al azar, significa algo, quito todos de la página y los coloco en la portada del libro, ¿Qué es esto? Los miro atentamente, cada palabra debe decirme algo.
Eres Haru quién, sé de qué capaz ¿Tu lo ?
Niego con la cabeza, así no es.
Sé quién eres Haru, sé de qué eres capaz ¿Tú lo sabes?
Mi pequeña tranquilidad del momento se esfuma, ¿cómo supo que iba a escoger este libro hoy mismo? No, lo qué es más ¿desde cuándo está allí?, alguien entro en mi cuarto y ni cuenta me había dado hasta ahora ¿Quién lo escribió? ¿Qué significa? ¿Qué es lo que no sé?
Ahogo un grito en la almohada frustrada, solo esto me pasa mí en el momento exacto que he decidido ser fuerte. Me giro hacia la ventana, tal vez entro por allí, debería preguntarle a Carter a qué hora llego hoy, lo más seguro es que quién sea el de la nota entrara durante estos días anteriores, casi no hemos estado en la casa. Arrugo todos los post-its en un puño y lo tiro en el basurero azul a lado de mi librero turquesa. No tengo tiempo para volverme paranoica, debo estudiar para el examen de mañana.
Busco dentro de mi mochila el cuaderno de literatura, allí apunte los horarios de los exámenes. Sí, mañana para mi desdicha hay examen. Perfecto —nótese el sarcasmo— la prueba es de biología, puro datos que tengo que aprender de memoria, debo iniciar ya, al menos este insomnio me permitirá aguantar para ganarme un hermoso setenta.