Epílogo.

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Emily no dejaba de mirar a su hermana Esmeralda, aún no podía creer que todo esto solo fue una simple historia, un simple sueño aunque de simple no tuvo nada. Se le formaba un nudo en la garganta cuando veía a su madre reír pero todavía no aceptaba que su mortal enemigo estuviera ahí manejando siendo su padre que para todos es bueno aún la confianza no era del todo.

Emily miro por la ventana y comenzó a recordar todo, bueno, lo que podía recordar, ya esa historia se le estaba nublando.

- Emily ¿Por qué estas triste? ¿Por qué lloras? - Pregunta Esmeralda, Emily limpio esas lágrimas que ni ella misma sabía que se había estacapado.

- Solo, tengo sueño - Respondió y siguió mirando por la ventana.

Cuando llegaron a la casa, Emily se sorprendió al ver que esa era la casa Everes, donde supuestamente se había quemado por un misterioso incendio, Emily no quería entrar, tenía miedo, pero más estaba triste, sí, tenía a su hermana y a su madre viva, pero por el simplemente hecho de que su vida en el sueño solo fue un... Sueño.

- Entra - Dice la madre de Emily quién tenía una sonrisa de oreja a oreja, al fin tenía a su pequeña hija con ella, se sentía tan aliviada es duro para un madre que le digan que su hija no iba a sobrevivir.

La casa era enorme, sus paredes eran de color verde manzana, combinaba con la naturaleza que los rodeaba, el piso era de madera pulida, los cuadros eran enormes realizadas por grandes artistas y no hablar de los muebles, los adornos, todo era hermoso, era perfecto... Macabramente perfecto.

Emily subió a su habitación, y de nuevamente se sorprendió ¡Era su habitación! La diferencia era que había una cama de color morado oscuro, y algunos retratos de artistas de rock, obviamente era de Esmeralda a Emily no le gustaba ese género su estilo era más de música clásica y pop.

- Te extrañe mucho hermana - Esmeralda se sienta en suelo y agarra una muñeca bastante fea, sus cabellos estaban desordenados, eran de color negro, ojos grises... Su boca era de color carmesí... Esa muñeca era Regina, la muñeca que encontraron en la calle junto con su tío, donde tenía el alma de Alicia.

- Esa muñeca ¿Quien te la regalo? - Pregunta Emily

- Mi mejor amiga, Alicia, no me digas que no te recuerdas de ella, si ella siempre nos visitaba.

- Claro que me acuerdo.

- Y dime Emily ¿Como fue esa historia que te inventaste? - Emily se sienta en la cama y cierra sus ojos, según ella era la mejor forma para recordar.

- Pues tu eras mi gemela malvada, estabas muerta y querías que supiera la verdad, la oscura verdad. Tú decías que era mi culpa que vos habías muerto pero en verdad te mato Edgar, el era un asesino y quería dominar el mundo con un virus que el mismo había creado.

Esmeralda comenzó a reírse de una manera bastante anormal se reía como todo un cerdo - ¡Con razón que gritaste cuando viste a Edgar!

- Si, por eso fue.

- ¡Niñas vengan a comer! - Dice la madre de las chicas quién se encuentra abajo esperandolas con un plato extraordinario "Arepa con caraota, queso y mortadela"

Las chicas corren hacía la cocina, pero se encuentran con una escena que de verdad duele, su madre estaba toda golpeada mientras que Edgar estaba viendo televisión ya con su plato en las manos. Emily estaba enojada, no podía creer que ese hombre, ese asesino golpeara a su progenitora.

- Eres un desgraciado Edgar Black - Dice Emily en voz baja, apretaba sus puños para poder contener su rabia, para todo era en vano su furia ya había repasado los límites.

Emily empujo a Edgar haciéndolo caer al suelo, comenzó a golpearlo, Edgar intentaba defenderse pero no podía la fuerza de Emily era increíble.

- ¡Ayuda! ¡Ayuda! - Gritaba Edgar, la madre de Emily toda adolorida fue ayudar a su amado esposo, un imperfecto esposo.

- ¡Ya Emily detente! - Dice Esmeralda entre llantos. Emily se detiene no porque la estaban gritando, si no porque sintió un fuerte calambre.

Edgar al ver que ya no tenía a Emily se levantó de inmediato tratando también de contener su furia.

- ¡Vete a tu habitación hija del diablo!

- ¡Obviamente que soy hija del diablo si tu eres mi padre!

La madre de las chicas asustada las mando a su habitación, ella sabía que algo se aproximaba, y no quería que sus pequeñas niñas oyeran.

- ¡¿Estas loca!? ¡¿Como rayos le vas hablar asi a nuestro padre!? - Dice Esmeralda entre gritos, en verdad no estaba molesta si no que estaba preocupada por su hermana.

- Ese hombre jamás sera mi padre - Emily se acuesta en su cama a ordenar sus ideas y tal vez dormir un poco.

- Emily, ¡Edgar te va a matar! - Entonces fue cuando unos gritos se oyeron, eran realmente fuertes.

La puerta se abre de par en par, y lo primero que se ve es a Edgar quién tenía entre sus manos a su mujer, estaba mas golpeada que antes.

- ¡ME LA VOY A LLEVAR! - Dice Edgar quién iba directo adonde Emily, pero su madre lo impidió.

- ¡Tu no te vas a llevar a nadie! ¡Mas bien! ¡Tu eres el que te deberías ir!

- ¡Ella esta loca! ¡Tengo que llevarmela!

- ¡Nunca!

Todo quedo en silencio cuando en las manos aparece una pistola quien apuntaba a Emily.

- ¡Si no me la puedo llevar! ¡Entonces yo la voy a matar!

Cuando Edgar dice estas palabras apreta el gatillo. Esmeralda se interpuso, ella fue quién recibió el impacto, su sangre era la que estaba en el suelo, no la de Emily, en cambio Emily se pego con la lámpara, quedando inconsciente.

- ¡Esmeralda! - Grita la madre de las pequeñas.

- Maldita sea - Dice Edgar. Tenía que hacer un plan cuanto antes, si no lo atraparían, y un gran asesino como él no podía ser atrapado. Asi que tomo el cuerpo de Esmeralda y se iba a fugar por la ventana, pero antes dijo:

- No le vayas a decir nada a Emily, escondele la oscura verdad, ella jamás se puede enterar, si no volveré en seis años y los mataré a todos.

Edgar salio por la ventana, pero antes, agarro gasolina que tenía en la cochera y derramo en la entrada de la casa, tomo un fósforo y le prendió fuego a la casa.





Fin.




Mi GemelaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora