Había dicho la verdad, la soltó de un momento para otro cuando, en realidad a pesar de imaginar la escena muchas veces antes, no estaba preparado.
–Siento no haberlo dicho antes.
Sus ojos verdes se encontraban de nuevo terriblemente opacos debido a las lágrimas.
–No importa –le limpié las mejillas con cuidado–, me alegra poder oírlo luego de tantas sospechas.
– ¿Lo sabías?
–No en realidad, alguien me había mencionado la posibilidad de ser el padre, pero nunca lo sentí de esa manera.
– ¿Quién lo hizo?
–Janet. Cuando hablamos por ultima vez y me enteré de tu embarazo ella me hizo abrazar la idea de poder ser el padre de las niñas, y tener un mundo alterno en donde dejabas a Lockwood para quedarte conmigo. Era una forma de sobre llevar nuestro rompimiento definitivo.
–Siento haberte alejado de ellas.
–Lo entiendo, todo se nos salió de las manos. Estabas casada, asustada y embarazada de alguien más, tu situación era realmente difícil y lo entiendo.
–Gracias.
Respiré profundo, no estaba seguro de poder hablar con ella sobre lo sucedido entre Debbie y yo, pero sí ella había sido capaz de ser sincera conmigo entonces le debía esa confesión que probablemente le haría salir corriendo de mis brazos sin darme la oportunidad de enmendar mis errores en los dos días faltantes.
–Ahora soy yo quién debe confesarte algo –el temor se plantó en lo más profundo de mis cuerdas bucales, sentía como mi voz se volvía un susurro antes de poder llegar a sus oídos, pero ella se había quedado muy quieta en el sillón esperando a escucharme revelar el más grande de mis secretos.
–Te escucho –me animó a continuar hablando sin saber si realmente podía traerle alivio.
–Es algo bastante delicado y me gustaría tener la seguridad de poder tenerte aquí luego de hacer mi confesión.
–No sé cómo llegamos aquí, si fuera capaz de salir corriendo terminaría perdida en el bosque, no pienso irme.
Su semblante serio no me hizo relajarme, visualice la cara de mi pequeña princesa por unos segundos, sus ojos llorosos para cuando escucho aquellas palabras salir de entre mis labios, si a ella le había dolido ese engaño de mi parte, esto dejaría a Lisa lejos de mi alcance está vez para siempre.
– ¿Por qué aceptaste venir?
–No entiendo.
–No pienso hacer ninguna prueba de paternidad, no pensaba hacerlo de ninguna manera, fue un simple comentario, un grito desesperado.
–No estoy aquí aquí por eso. La prueba de paternidad logró asustarme, pero aún quería tener la oportunidad de... –se quedó en silencio sin ganas de continuar.
Estaba agotada, sus ojos no eran como a principios de nuestra relación, su piel a pesar de conservar su suavidad tenía una textura diferente y su cabello había crecido notoriamente, así como las ojeras resguardando sus ojos.
–Estamos aquí, tan cansados como sedientos.
–Ni siquiera estoy segura de haber llegado a una meta.
–No sé en dónde estamos, pero seguro es lejos de eso.
–Yo realmente estoy cansada –se puso de pie haciéndome tambalear un poco–. Tengo una ligera idea como como serán los dos días restantes –me tendió la mano para poder ponerme de pie–, he visto mucho de ti y no creo sorprenderme está vez, hemos pasado por tanto que sin importar cuántas veces podamos lastimar el uno al otro, terminaré en el aeropuerto deseando bajar del avión en el último instante. Esta vez debe ser en serio diferente, no voy a sentarme cada tarde frente a la ventana pensando en cuanto perdimos, quiero disfrutar de mi vida al menos por esta vez, quiero dejar de estar cansada y estar en paz contigo.
–No hables de esto como una despedida.
–Es una despedida, una de muchas, pero esta vez quiero estar en paz con tu recuerdo.
– ¿Ni siquiera te estás planteando lo posibilidad de ir conmigo?
–Lo hago muy en el fondo. Una parte de mí siempre te quiere cerca, he escuchado a esa parte cientos de veces, ya dejó muchas secuelas en mí.
–No puedes estar hablando en serio.
–Siento mucho haber alejado a las niñas de ti, he pasado cada día mirando como crecen con admiración por ser una parte de ti también, y sin importar cuántas veces tuve el deseo de salir corriendo a buscarte o llamarte para poder decir la verdad...
– ¿Quién te detenía? –la interrumpi sin desear escuchar la respuesta, pensando con rabia en la posibilidad de ser parte de un triángulo amoroso, uno en donde ella realmente se había enamorado de su nuevo esposo.
–Yo, me detenía a mí misma en cada ocasión.
–Pudimos ser una buena familia, pudiste hablar conmigo, ponerme al tanto de todo en lugar de empujarme fuera de tu vida.
–Ellas merecían más.
–No es verdad, no fue esa la razón.
– ¿Cuál fue entonces?
–Tú aún estabas molesta, aún detestabas la idea de poder convivir con mis hijos, me odiabas a mí tanto como a ellos. Deja ya de pensar en eso.
Siempre lo había tenido por seguro, ella no quería a mis hijos, no deseaba estar cerca de ellos en ningún momento, al parecer las cosas habían cambiado luego de mi "muerte", sin embargo en ese entonces su odio injustificado hacia ellos existía.
–Es muy fácil para ti decirlo, tú no perdiste lo mismo.
–También era mi hijo.
–¡Sí, y te fue muy fácil buscarlo de nuevo entre las piernas de alguien más!
Su grito le desgarro la garganta, las lágrimas bañaban su rostro de nuevo. Esa sería la pelea de toda una vida, siempre sería mi golpe bajo, mi más grande desatino, no había manera de cambiar el pasado.
–Sí, odiaba a tus hijos, odiaba escuchar como te alegraban la vida mientras yo me quedaba en casa intentado asimilar como todo el cuento de hadas a tu lado se había esfumado con nuestro hijo, y me dolía más ver cómo Ben y Riley preguntaban por tu ausencia.
– ¿Nunca vas a perdonarme?
–Es complicado mirando a esos maravillosos niños caminando por ahí.
– ¿Aún me odias?
–No, y en cuanto los conocí a ellos no me fue posible conservar ningún sentimiento como ese. Los quiero, sin importar de quién sean hijos se volvieron parte de mí.
– ¿Todos?
–Los tres.
–Paris parece muy apegada a ti.
–Tiene sus ojos, Michael. Los de nuestro hijo.
–Lo sé, y de eso quería hablarte.
– ¿De sus ojos?
–Hay una explicación para que ella tenga los ojos de ese color.
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Quédate
Fiksi PenggemarVen, toma mi mano, recuerda nuestra vida juntos. Ya no habrá secretos, es una promesa. Te amaré por el resto de mi vida, como lo prometí por primera vez, me quedaré contigo cada puesta de sol y seré él primero que esperé a ver tus ojos cada amanecer...
