- Ey... - Le contesté yo, con una pequeña sonrisa. - ¿No duermes?
- No, imposible... - Alex dejó su libro a un lado, y le dio dos golpes al colchón, indicándome que me sentara con ella.
Tragué saliva y cerré la puerta tras de mí, con cuidado para no despertar a nadie. Me acerqué a ella intentando descifrar su mirada. Ya no estaba enfadada, o por lo menos no lo parecía, y mientras no quitaba sus ojos de mí, se mordía levemente los labios.
Me empecé a poner nerviosa mientras me sentaba a su lado, no sabía qué decirle ni como arreglar lo de esa noche, y el no saber qué me decía con su mirada tampoco ayudaba...
- ¿Qué leías? - Le pregunté para romper el hielo.
- Nada, un libro en inglés que he encontrado de tu hermana. De las estrellas y tal, esas cosas mías, ya sabes. - Alex sonrió y eso me hizo sonreír a mí. Era tan rara y especial que a veces me asustaba, pero me encantaba que fuera totalmente diferente a todo el mundo.
Se produjo un silencio de unos segundos, en los que las dos nos mirábamos de reojo pero no sabíamos cómo actuar. Cada vez que nuestras miradas coincidían yo no podía evitar bajar la cabeza y sonreír.
- Siento lo de antes... - me estaba volviendo a pasar, mi cabeza estaba dejando de funcionar y las palabras empezaban a salir de mí sin control. Mantuve la mirada en mis manos, que enredaban con las sábanas. - Sí estaba un poco enfadada.
Alex se incorporó un poco, acercándose un poco más a mí y acariciándome la pierna, lo que no ayudaba a que yo pensara fríamente. - Lo que me pasa contigo... es que me olvido de todo lo demás cuando estoy a tu lado. Y todo incluye mi vida en Madrid. - dijo ella, haciendo que yo la mirara por fin a los ojos fijamente.
- No es asunto mío, no tenía que habértelo dicho...
- Sí, si tenías que decírmelo. - Alex asentía mientras me miraba con una pequeña sonrisa. Entonces ocurrió, ella me miró a los ojos, y seguidamente a los labios, y yo perdí por completo el control.
- ¿Has tomado? - le pregunté mirándole también a sus labios.
- No... estoy embarazada, ¿recuerdas?
- Mejor. - Pasé mi pierna izquierda por encima suyo y quedé sentada sobre ella, que me miraba sorprendida y respiraba aceleradamente. - No quiero pensar que me aprovecho de ti...
Esas fueron las últimas palabras que nos dijimos esa noche. Sus manos subieron por mi espalda mientras yo acariciaba su nuca con la mano izquierda y rozaba su mejilla y sus labios con la derecha, haciéndole sentir que no tenía miedo a nada, y que por fin me iba a dejar llevar con ella.
Tras varios minutos solo acariciándonos en silencio y aumentando nuestro deseo, no pude más y mordí su labio inferior, cogiéndolo entre mis labios y acariciándolo con mi lengua. Empezamos a besarnos con deseo y pasión. No era besos suaves y dulces como aquel día en la playa, no. Esta vez eran besos apasionados acompañados por caricias por todo el cuerpo.
Nuestras lenguas se entendían a la perfección y nuestros cuerpos se deseaban más a cada segundo que pasaba. Ella fue la primera en quitarme la camiseta de tirantes, deteniendo los besos y parándose a mirarme detenidamente mientras me acariciaba desde el ombligo hasta el cuello, pasando por mis pechos sin sujetador.
Si ella quería jugar a torturarme, yo también sabía como hacerlo. Me levanté de encima suyo lentamente mientras le quitaba el pantalón corto que tenía como pijama, dejándola en tanga. Ella me miraba con deseo de comerme entera, pero yo no se lo iba a poner tan fácil. Cogí su pierna derecha y empecé a besarla desde los pies y subiendo hasta sus muslos, lentamente y ayudándome también de caricias. Ella no pudo evitar empezar a gemir, y eso me acabó de volver loca.
Le levanté de la cama y mientras nos volvíamos a besar le quité la camiseta por encima de sus brazos. Ya estaba prácticamente desnuda y yo podía apreciar con mis manos todas sus curvas. Le cogí a horcajadas y la senté encima de la mesa de escritorio, para mirarle de arriba a abajo mientras me mordía el labio inferior y quitarle el tanga suavemente con la boca mientras acariciaba sus piernas de nuevo. Ella no quitaba su mirada de mí.
Ya era mía. Empecé a estimularle el clítoris mientras lamía sus pechos y ella no tardó en empezar a gemir al oído,lo que me ponía aún más y hizo que quisiera devorarla. Bajé mi lengua por su tatuaje y su ombligo, hasta llegar a su clítoris y empecé a lamer despacito cada milímetro de su sexo mientras ella gemía de placer y de deseo. Acabó corriéndose en mi boca, y, jurando venganza, hizo que yo también me corriera poco después apoyada sobre esa misma mesa mientras ella de espaldas me mordía la espalda y el cuello y me masturbaba a la vez.
Fue el mejor sexo de mi vida. No puedo decir cuantas veces llegamos porque estuvimos toda la noche haciéndolo y no puedo ni contarlas; pero acabé a las 7 de la mañana, con los rayos del sol que ya entraban por la ventana, totalmente rendida durmiendo abrazada a su pecho.
Y yo en esos momentos lo único que deseaba era que el tiempo se parara, que no existiera mundo detrás de esas paredes, que todo quedara así. Para siempre.
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Despacito (Blumettra)
FanfictionBLUMETTRA se reencuentra 3 años después de acabar gran hermano, Azar, casualidad, destino??
