Cuatro (✔️)

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Ángeles y presentaciones

Philip

No encontraba excusa alguna válida para salir de mi habitación.

Wendell puso a juego su suerte intentando hablar conmigo hace un par de días y no lo consiguió.

Apenas he comido.

Apenas he dormido.

Estoy esperando un milagro o la muerte.

Lo que venga primero.

Sonreí al volver a colocar mis ojos en mi creación.

La foto que más me gustaba del álbum dedicado a Lewis.

Era una que se enfocaba únicamente a sus ojos.

Esos hermosos, dulces y pícaros ojos verdes.

Su iris dorado lograba volverme loco.

Porque debo de admitir que a lo largo de nuestra no - relación, logré que aquel rubio expresará poco a poco sus emociones. O quizá, ambos nos ayudamos mutuamente en ese aspecto.

¿Para qué mentir?

Los dos éramos un par de orgullosos más fríos que el Polo Norte y quizá fue ese parecido lo que me atrajo en un principio.

No lo sé.

Él hacia que mis días malos, se convirtieran en días buenos.

Y que mi mal humor se esfumara con un beso.

Ahora que lo pensaba con detenimiento el álbum contaba nuestra historia, o al menos eso era lo que yo quería creer.

Desde aquel primer día que lo fastidie, tomándole disimuladamente una fotografía con mi móvil, al tiempo que le gritaba a Casper que se comportara. Hasta el último día que lo vi siendo realmente él.

Durmiendo plácidamente en mi cama, utilizando unas orejitas de conejo en la cabeza y vistiendo únicamente las sábanas blancas.

Un día antes de mi cumpleaños.

Sería tan fácil darle el álbum y esperar que reaccionará pero no podía hacer eso.

No era lo correcto.

Él me había eliminado de su vida para bien.

Philip Fitzgerald es un ser puramente tóxico.

Un ser que no merece un final feliz.

Después de todo, fui la razón por la cual mi madre alcanzó la locura y si eso no fuera suficiente también conseguí meter a mi propio padre a la cárcel.

Además era consciente de que mis constantes burlas hacia mi prima lograron que desarrollará desórdenes alimenticios durante toda la secundaria. Y tampoco puedo olvidar todas las jugarretas que le hice a mi medio hermano desde el primer día que lo conocí.

¿Cómo podía esperar que él volviera escuchar toda la mierda de mi vida y me aceptará otra vez?

― ¡Hermanote! ―gritó el pesado de Dylan, el desliz número dos de mi progenitor, abriendo de un tirón la puerta de mis aposentos. Este maldito puerco, ¿se habrá bañado o sigue pensando que echarse perfume le quita el mal olor? ― ¿Cuándo vamos a conocer a la banda? ¡Me lo prometiste!

Pequeños ImprevistosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora