Capítulo VII

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No lo salves de la tristeza, soledad,
no lo cures de la ternura que lo enferma.
Dale dolor, apriétalo en tus manos,
muérdele el corazón hasta que aprenda.
No lo consueles, déjalo tirado
sobre su lecho como un haz de yerba.

Jaime Sabines, No lo salves de la tristeza, soledad.


Helsinki, Finlandia.

-Javi, ya pasamos por esto el año pasado- Brian no necesitaba decir nada más, su voz cansada y la irritación en su rostro lo decían todo.

Se habían reunido en una pequeña sala en el vestíbulo del hotel, donde Javi y otra buena cantidad de patinadores se hospedarían por poco más de una semana, para discutir los horarios de práctica y otras cuestiones con respecto a los elementos de los programas. Pero el español estaba en serios problemas.

Patines perdidos. De nuevo.

¡Hola, desesperación, mi vieja amiga!

-Ya están trabajando en ello, acabo de llamarlos de nuevo. Todo saldrá bien, Brian.

-Por tu bien y por mi salud mental espero que eso sea cierto.

-Ya, ya. No fue culpa suya, Brian- la siempre conciliadora Tracy salió en su defensa.

-He escuchado esa frase mucho últimamente. Deja de tratar de excusarlos, Tracy, o terminaras echándolos a perder.

-Oh vamos, Brian- Tracy rodo los ojos de una forma tan graciosa que Javi tuvo que mirar hacia otro lado para ocultar la sonrisa en su rostro.

-No me mires así, sabes que es cierto. Eres peor que una madre, primero Yuzu y ahora Javi...

Javi se acurruco más en el cómodo sofá en el que estaba sentado y guardo silencio ante el pequeño intercambio de sus entrenadores, feliz de dejar de ser el blanco del mal humor de Brian.

Tenía que darle las gracias a Tracy más tarde.

En ese lapso de tiempo donde su mente era libre de vagar, se permitió pensar en Yuzu y en lo mucho que lo extrañaba. No pudo verlo durante el registro porque Yuzu arribó antes que él y desapareció sin que pudieran encontrarse. Se sintió nostálgico al recordar los viejos tiempos cuando los dos de ellos hacían fila juntos y bromeaban con los otros patinadores, pero los tiempos cambiaban y la gente cambiaba con ellos.

Una imagen de un Yuzu pálido asalto sus pensamientos y se preguntó si el otro chico estaría bien. El japonés había estado muy extraño las últimas semanas y Javi estaba frustrado porque sabía que algo estaba mal pero Yuzu no parecía dispuesto a contarle nada. A veces le desesperaba la forma en que el chico siempre prefería guardar silencio aun cuando lo que llevara dentro lo estuviera matando.

Su pecho dolió al pensar que quizás la confianza que existió entre ellos en el pasado nunca volvería.

El sonido de su teléfono le hizo volver a la realidad. Brian y Tracy habían dejado de lado su pequeña riña para volver a su silenciosa conversación sobre horarios y prácticas. No presto mucha atención a eso y en su lugar observó la pantalla de su teléfono que brillaba con un mensaje de su representante, Jorge.

Javi se entretuvo dibujando el contorno de los coloridos tulipanes impresos en un folleto que tomó de algún lugar, quería distraerse con cualquier cosa en un intento por no pensar en la discusión que Jorge y él habían tenido unos días antes de viajar a Helsinki. Pero su mente, que era una conocida traidora, revivió todo el asunto con una claridad repulsiva.

- ¿Tú y tu compañero de pista tienen algo?- no necesitaba aclarar quién era el compañero de pista al que se refería. Se había esforzado en mantener un tono ligero como si fuera una charla sobre el clima, pero Javi lo notó, la preocupación debajo de toda esa mascara de desinterés.

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