Capítulo III

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Tú me quieres alba,
Me quieres de espumas,
Me quieres de nácar.

Entonces, buen hombre,
Preténdeme blanca,
Preténdeme nívea,
Preténdeme casta.

Alfonsina Storni, Tú me quieres blanca.



En una sala de juntas de cierto edificio, que ahora se encontraba llena de murmullos después de haber escuchado a Itsuki Tatsuma y a Yuma Fujimori hablar, se encontraban los altos mandos de la JSF que se reunieron ese día para discutir el más reciente contratiempo en sus agendas.

¡Un escándalo! Eso es lo que pensó la JSF cuando el doctor Itsuki Tatsuma les informo sobre la condición de su más valiosa carta de triunfo. Un embarazo. Sería una mancha que no se borraría por más títulos y medallas que su patinador ganara. Una mancha para Japón. Y ni hablar de las pérdidas monetarias que tendrían después de que los patrocinadores decidieran cancelar los contratos.

La presidenta de dicha organización, Seiko Hashimoto, se encontraba sentada en el extremo más alejado de la mesa, masajeando sus sienes con como si quisiera borrar el dolor de cabeza que en ese momento la asaltaba, y junto a ella el secretario general Amano Yoshihito quien observaba todo con los ojos desapasionados de un espectador mirando el desarrollo de un drama de televisión, como si dicho drama no tuviera nada que ver con él en lo absoluto.

Sentada al lado del doctor Tatsuma estaba Yoshiko Kobayashi quien trataba tan duro de no deshacerse en llanto y pedir disculpas nuevamente por su incompetencia. Su trabajo como portavoz de la JSF era acompañar a los patinadores del equipo Japonés a las competiciones, organizar entrevistas, coordinar a sus subordinados para ser sus ojos y oídos ahí donde ella no podía estar; en resumen, su trabajo era asegurarse de que todo salía según lo planeado y así evitar situaciones problemáticas como la actual.

Alguien sugirió convencer al patinador para interrumpir la gestación. Una nueva ola de protestas escandalizadas se elevó de los presentes y Kobayashi-san se encogió aún más en su asiento deseando por millonésima vez poder escapar de ahí. Todo el asunto era tan estresante, justo como había imaginado que sería.

-No debe preocuparse Kobayashi-san, cuando los ánimos se hayan calmado volverán a pensar racionalmente y tomaran la decisión correcta- Tatsuma-sensei mantuvo una actitud tranquila aun al escuchar la atrocidad que habían sugerido anteriormente, Kobayashi-san le agradeció mentalmente por tratar de tranquilizarla.

Y efectivamente tres horas después, la presidenta Seiko Hashimoto anuncio las acciones que se tomarían para evitar, lo que en su opinión era, el mayor escándalo en la historia de la JSF.

Yuzu estaba agradecido con Kobayashi-san y con Fujimori-san por no haberlo arrastrado a esa espantosa reunión en la sede de la JSF el día anterior, pero también se odiaba por haber sido cobarde y causarles más problemas a las dos personas frente a él. Volvió a sentirse culpable al ver el cansancio reflejado en esos rostros que conocía tan bien.

-Realmente lamento todas las molestias que les he estado causando- se inclinó profundamente ante ellos, disculpándose desde el fondo de su corazón.

-Está bien, Yuzuru-san. No se puede evitar. Por ahora Fujimori-san le informará de la solución a la que fuimos capaces de llegar.

-La JSF quiere que todo esto sea manejado con extrema discreción, nadie fuera de su círculo familiar debe enterarse de su condición y ya que será difícil ocultarlo de su entrenador tiene permitido informarle, también se le sugiere abstenerse de cualquier contacto, más allá del estrictamente necesario, con el padre del niño. Se deben evitar rumores que puedan empeorar aún más su situación.

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