Mentiría si dijera que conocía al amor de mi vida, porque en verdad no sabía nada de él.
Todo comenzó aquel día soleado de marzo en primer año de universidad. Yo estaba realmente nervioso, no conocía a nadie y en mi colegio anterior me etiquetaban de raro. Aunque tenía en mente la idea de haber cambiado porque tome un año sabático específicamente para hacer ejercicio y practicar más técnicas de arte.
No estaba seguro de cuál era mi salón ya que toda las puertas se parecían y solo tenían una placa arriba de éstas que se veían con microscopios.
Me di cuenta que mi salón estaba lejos, muy lejos, casi llego tarde al perderme entre tanta gente y tanta estructura similar de la universidad.
Entré con cautela al salón y vi a un profesor dormido y toda la clase hablando. No sabía donde sentarme. Pero no era el único, había otro chico que estaba sólo, simplemente sumergido en una libreta de dibujo sin prestarle atención a su alrededor. No le tome importancia y solo estuve agradecido de no ser el único sólo en el salón. Me senté en una de las primeras filas apartado de casi todo pero sentí varias miradas encima mío, era algo tedioso ya que nunca resaltaba en nada y siempre me ignoraban en la secundaria. Volteé encontrándome con los ojos de un grupo de chicas que no paraban de sonreirme, no les voy a mentir, me desagradó mucho. Me recordó al grupito de Caroll Sonian de la secundaria, plásticas y sacadas de una novela cliché barata. Y siendo sincero tenia otro tipo de gusto con respecto a la sexualidad.
Me giré y decidí ignorarlas e ignorar todo sacando una libreta en la cual me sumergí al igual que el chico que vi. Ese primer día no hubo clases, solo profesores diciendo las reglas básicas de la facultad y de su asignatura, lo típico de un primer día. Agradecí que me tocara con mi tío Gunther, que a pesar de ser muy estricto en todo fue el que me introdujo al mundo del arte y me ayudo a aplicar para esta universidad. Pero que sea mi tío no significaba que me diera un trato especial.
—¡Antonio!— gritó desde su asiento con el ceño fruncido— ¡Presta atención o te fracaso el semestre!— después de ese grito siguió dando su clase.
Me dio risa, el como tío es el mejor, pero como maestro me hizo pasar un infierno, pero igual lo quería, ya que en verdad me ayuda mucho.
Al llegar a mi casa encontraba a mi hermano regando sus flores como siempre, y cada vez que pasaba me decía que mirara donde pisaba porque no quería que aplastara una de sus preciadas flores.
No. Mi hermano no era ni jardinero, ni florista, ni tenia trabajo, se la pasaba arreglando flores por mero gusto y de eso sacaba dinero, ya que muchos vecinos lo llamaban para que les arreglara el jardín y le pagaban bien al desgraciado.
Pasaron meses para que me fijara de nuevo en aquel chico que siempre estaba solo en todas las clases. Había hecho algunos amigos y me juntaba con ellos en los recesos de medio tiempo. Pero ese día llegó. Estaba riendo con el grupo que siempre frecuentaba y sentí una mirada sobre nosotros. No le quería dar importancia pero me giré buscando quién era la persona que tenía tan potente mirada y ahí lo vi. Estaba a unos largos metros lejos de mi pero lo pude ver. Una mirada algo triste en unos ojos de un extraño color miel muy claros. Obviamente al darse cuenta que lo miraba volvio rápidamente a concentrarse en su libreta de dibujo. Me intrigó un poco, siempre esta sólo aquel chico y nunca lo veia con alguien. Y pregunté por él con mis amigos.
— Oigan, ese chico de allá — apunté al que antes nos miraba con insistencia — ¿Quién es?
Gabriel, uno de ellos se giró a donde apuntaba y me respondió con simpleza.
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Flowers (Yaoi/Gay)
Short StoryY cada día, al pié de mi puerta, aparecía una nota y una nueva flor...
