Chandelier

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*Uruha x Reader*

En el piano se escuchaba una tenue melodía, era el famoso compositor del momento quien tocaba su reciente obra en un palacio de la realeza; Ludwig van Beethoven le llamaban. Mientras tanto, en una esquina apartada de toda la nobleza, se encontraba una joven sirvienta sin poder ver entre la multitud al famoso pianista.

— (n) ¿quieres que te lleve al frente para que lo veas? –preguntó un chico de pelo castaño con un traje de gala blanco que le tocaba el hombro con delicadeza.- vamos.

— Joven.. no puedo aceptar su propuesta, es muy indecente que vean a una sirvienta en una situación así con el príncipe y más tratándose de usted...

— No me interesa. –el joven tomó la mano de le chica y la guió hasta el centro donde pudo ver el cabello blanco del compositor. Las personas enseguida murmuraron cosas sobre el heredero del rey y su comportamiento con la chica.– ¿es suficientemente cerca?

— Señor... Sí lo es, pero debo retirarme. –ella sentía una opresión en el pecho cada vez que se acercaba al príncipe, le agradaba su compañía y su trato pero sabía que no podría estar con él de la forma que deseaba.
Él sólo era amable con ella porque era la más joven de sus criados, porque era dos años menor que él.
(n) pensaba que era una estupidez pensar así, pensar que algún día él le hablara de la forma mas dulce posible. Esa misma noche ella lloró en su alcoba fría. Esa noche, Bastilla Sant-Antoine cayó, tomada por campesinos para iniciar la revolución, Uruha estaba implicado en ella.

A la mañana siguiente el rey mandó a sus mejores tropas a combatir. El palacio seguía imperturbable, el príncipe se encontraba comiendo en el salón y ella yacía en una esquina como siempre, con la cabeza gacha.

— Hoy hace un día agradable ¿no lo crees? –habló por fin él, sin despegar la vista de su plato.

— Así es señor, pero afuera hay una guerra. Es horrible.

— Así siempre son las cosas entre los pobres. Siempre hay conflictos, peleas y un millón de cosas que... –su explicación fue interrumpida por un dolor punzante en la mejilla derecha, (n) le había dado una bofetada aprovechando que no había nadie ahí, sabía que él no movería ni un dedo en su contra y no entendía muy bien el porqué.

— Le recuerdo, señor, que el responsable de todo esto es su padre. Y que ahora mismo mi familia está peleando por usted.

— Lo lamento, no pretendía ofenderte. –él se levantó y abrazó a la chica quien estaba confundida por tal acto, después se separó de ella, acarició su mejilla por la cual descendían lágrimas.– ¿estás bien?

— ¿Por qué me habla de esa manera? No somos cercanos, no somos nada más que sirvienta y amo. Un perro y su dueño.

— No es así y algún día lo comprenderás. –él se apartó y salió de la habitación dejando a (n) llorando de nuevo.
Una vez que ella se calmó y estuvo dispuesta a terminar sus deberes en la cocina, se escuchó un estruendo en la puerta. Ella fue a revisar y encontró al príncipe sangrando, su blanco traje estaba manchado de carmesí. La chica fue a atenderlo de inmediato, le ayudó a pararse y lo llevó al almacén de la comida donde tenía también un equipo de medicina.

— ¿Qué le ha pasado? –susurró ella mientras sacaba unos vendajes y él se quitaba la parte superior de su ropa.

— Los pueblerinos han entrado, han matado a todos los guardias y se han llevado a mi padre.

Ambos se quedaron en silencio, hasta que oyeron la puerta de la cocina abrirse violentamente, entonces (n) tapó la boca del príncipe para que no hiciera ruido, unas sombras pasaron una y otra vez frente al almacén; una de ellas avisó que ahí no se encontraba nadie hasta que decidieron revisar donde ambos se encontraban. Entonces ella cubrió al chico con una bolsa vacía de patatas, se restregó un tomate y uvas en su cabeza para hacerlo parecer sangre; una vez que los invasores entraron y la encontraron así, la dieron por muerta y se retiraron después de cubrirla con un manto.

— Después vendremos por ti pequeña. –le susurró uno de ellos y cerraron las puertas.
Cuando (n) escuchó los pasos alejarse, se levantó y terminó de vendar al castaño, le puso ropajes de mayordomo y lo sacó por una de los miles pasadizos del castillo.

— Tenemos que ir por el bosque sur, hacia una aldea cerca de aquí y después iremos a Inglaterra.

— (n)... ¿Por qué haces esto?

— ¿Acaso quieres quedarte aquí y morir? –gritó ella una vez que entraron a los establos por los caballos. Entonces se dio cuenta de la forma de hablarle a su amo y bajó la cabeza.- lo siento.

— No te preocupes (n) llámame Kouyou, si eso te tranquiliza. –él sonrió y causó un sonrojo notorio en la chica mientas ambos subían a un caballo para partir.

Una vez que estuvieron a mitad del bosque, Kouyou detuvo el caballo ya que (n) se había quedado dormida. Entonces, sin permiso alguno, la bajó del animal con delicadeza para sentarse en el césped y recostar la cabeza de ella en su regazo, acariciar su cabeza y su cabello una y otra vez. Pero no quedó satisfecho hasta que rozó sus labios con los de la chica quien se despertó al sentir el delicado contacto, aún seguía adormilada.

— Mi hermoso Chandelier. –susurró él.

— ¿Uruha...? –ella abrió de nuevo los ojos.– ¿candelabro?

— Tú iluminas mi vida al igual que el candelabro ilumina al castillo. Por eso...–cuando ella se levantó, el apartó su cabello y besó su frente.– voy a creer en ti, para seguir y tener un futuro.

— ¿Eh?

— No digas ni una palabra, ni una sola. Porque no la necesitas. –Uruha había besado a la chica después de eso, el caballo había escapado sin razón, dejándolos a ambos en el bosque; luego de que ese acto se consumara, el primero en sentir un dolor punzante fue el chico, quien no dudó en mirar una vez más a su querida antes de partir. Habían sido asesinados por uno de los líderes de la revuelta, Napoleón Bonaparte.

Aún cuentan, que los pueblerinos encontraron sus cadáveres entrelazados y atravesados por una espada. Y su amor perdura, al igual que un viejo candelabro en su castillo.

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Me tardé en actualizar, no daré excusas :v solamente diré que esto es por el cumpleaños del pato hermoso

INSIDE BEAST (one shoots)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora