Ella era su propio ángel
y acabó ahorcándose en el halo.
No había lugar más sagrado
que el que pisaba al caminar,
difuminando la línea
entre el bien y el mal
en su movimiento hacia la cumbre.
Pero sus demonios
susurraban demasiado alto
y no podía escucharse
pedir auxilio.
Las notas de suicidio
se confundían con la música
en su risa.
La desesperación camuflada
en su voz de terciopelo.
No podía controlar su destino.
Por eso se rindió a él.
ESTÁS LEYENDO
Catarsis ©
PoetryAquí os dejo una parte de mí, para no tener que cargar con ella a cuestas.