CAPITULO 4º:AUSENCIA:

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Cada vez me era más difícil sentirme abrazada por ese gusano. No quería sus besos y su lengua jugando con la mía me estaba matando.
Agradecía a todos los santos por el bendito teléfono. El aparato vibró en el bolsillo de mi pantalón desconcertando al baboso.
Fingí una sonrisa deslumbrante y le empujé ligeramente para poder ver quién me llamaba. Vi el nombre de mi hermana reflejado en la pantalla.
Por supuesto que no contesté, a pesar del alivio que sentí.  Mis dos vidas no debían cruzarse bajo ningún concepto. Debía proteger a mi hermana.
Sentí como ese maleducado me arrastraba hasta su lujoso deportivo de dos plazas.
Sin preguntar,  sin esperar.
Antes me maravillaba aquel coche, pero ahora lo único que deseaba era rajarle las ruedas. Y reventarle el tubo de escape.
Aproveché que estaba distraído conduciendo para mandarle un mensaje a mi hermanita mayor.
"Nena, estoy en la biblioteca estudiando para un trabajo importante. Espero estar en casa en dos horas. A no ser que se me vaya el santo al cielo. Te quiero."
Devolví el móvil a su sitio, me entretuve mirando por la ventana, hasta que me di cuenta que lo del trabajo era verdad.
Maldije, tenía que presentarlo en dos días si no quería suspender la materia.
Y ya mis profesores me habían llamado la atención. Mi rendimiento estaba bajando.
Noté que Lorenzo aparcó mal y no se preocupó más de mí. Se bajó a toda prisa. Entonces hice yo lo mismo.
Entré detrás de él en un viejo almacén, el espectáculo dentro era dantesco. Pise sangre e hice una mueca de asco. Era viscosa, pastosa y pegajosa.
Y el olor era casi insoportable, a óxido y ocre.
Busqué a Lorenzo y lo vi arrodillado abrazando el cuerpo inerte de su padre. Me sentí como si fuera un monstruo, la escena no me conmovía. No me daba pena.
Era como si me regodeara en esa escena de muerte. ¿En qué clase de persona me estaba convirtiendo? En ese momento no tenía sentimientos.
Me daba todo igual.
Reprimí el impulso de bostezar aburrida, en lugar de ello, fingí una arcada.
-¿Sara? - Lorenzo me llamó con la voz rota y yo me sentí fuerte con ello.
¿Era mala persona por ello? Tal vez.
-¿Qué? - pregunté intentando poner voz estrangulada.
-Tengo que solucionar esto, tengo que poner a salvo a mi padre. Aún tiene un hilito de vida. Tengo un cargamento que recibir en el club, ¿podrías ir allí y recibirlo por mí? Pero no en el club que tú conoces. Está en la parte este del barrio. Lo usamos de almacén. Ven, acércate, en el bolsillo trasero tengo la tarjeta con la dirección. Coge también dinero, busca un taxi - por primera vez Lorenzo me ordenaba algo sin soberbia. Y yo tenía ganas de aplaudir al escuchar su derrota.
Un hombre estaba muriéndose por mi chivatazo y a mí no podía importarme menos.
Que dura me estaba volviendo.
Me acerqué intentando parecer conmocionada, él se dio la vuelta ligeramente para que yo pudiera acceder a su bolsillo. Cogí su cartera y la tarjeta que me señaló. También cogí dinero.
Le di un ligero beso en los labios antes de marcharme, tenía que fingir y me sentí como la viuda negra dando el beso de la muerte.
Una vez fuera aspiré una gran bocanada de aire fresco. Como agradecí el oxigeno.
De repente unas manos que mi cuerpo reconoció me arrastraron hasta un oscuro callejón, lejos del almacén. Esa mirada azul me escudriñó, encendiendo chispas en mi.
De repente sus ojos se abrieron, vi reflejado en ellos la furia y la posesión.
Algo que no me gustó nada.
-¿Qué mierda tienes en el cuello? ¿Es su marca? Voy a matarlo. - gruñó con celos en su voz.
-Cariño me dijiste que lo entretuviera. No me dijiste como. - respondí con indiferencia.
No esperaba su movimiento, se apoderó de mi boca con lujuria, con ansia, con posesión y rudeza.  No hacía mucho rato que habíamos estado así pero juraría que le estaba echando de menos.


DIABLO:

La primera parte del plan estaba en marcha, la primera cucaracha fuera del camino, ahora destruir a Lorenzo sería como quitarle un caramelo a un niño.
Esperaba a Sara en el coche junto a mi hombre de confianza. Estaba deseando verla. Algo extraño porque no hacia tanto rato que había gozado de su compañía. Esa chica se estaba metiendo en mi sangre demasiado rápido.
Cuando por fin la vi salir elevó su rostro al cielo con alivio. Salí para poder hablar con ella.
La arrastré hasta el callejón para tener privacidad, la observé, no sabía por qué pero lo hice.
Hasta que vi esa maldita marca en su cuello. Me enfurecía que ese malnacido hubiese puesto las manos en mi mujer. Definitivamente lo mataría.
-¿Qué mierda tienes en el cuello? ¿Es su marca? Voy a matarlo. - gruñí furioso.
-Cariño me dijiste que lo entretuviera. No me dijiste como. - respondió con indiferencia, como si hablara del tiempo la maldita.
Con rabia me apoderé de su boca, le demostraría que ella era mía y de nadie más. MÍA. Rugía mi alma. Con rabia estampé su menudo cuerpo contra la pared del callejón. Quería poseerla, hacerla mía.
Y me daba igual todo en ese momento, hasta la venganza pasó a un segundo plano.
Pero ella me empujó y se liberó de mi agarre, me miró sonriendo y dijo:
-Me encantan tus besos, pero tengo cosas que hacer. Tengo que ir a recoger un pedido de Lorenzo.
-Ella tiene razón Diablo, no es el momento de besos - me recriminó mi único amigo. No me enteré de cuando abandonó el coche, pero ahora estaba en el callejón con nosotros. Y me miraba con censura.
Pero no me gustaba no tener la última palabra así que dije:
-Bien, lo impediremos, esa entrega no se llevara a cabo.
-Mi amor, ¿no te parece que te precipitas? Ahora casi te cargas a su padre. Tienes que esperar un poco para el siguiente movimiento o le harás sospechar de mí. No te conviene eso - Sara se atrevía a replicarme, crucé los brazos enfadado.
-Ella tiene razón Diablo. Dejemos que se confié otra vez, para atacar. La señorita nos irá diciendo cuando ella crea que es el momento - otra vez mi amigo se atrevía a contradecirme.
-Iros al infierno los dos. - dije derrotado.
-Yo ya estoy en él cariño- me replicó Sara.
-Yo también hermano y por culpa de Richard. ¿Debo recordarte nuestro objetivo?- la voz de Larry sonaba acusatoria.
Furioso me fui al coche para dejarlos tirados allí. Si tan bien se entendían que se apañaran.
No quería entrar en razones.
Pero que Sara se preparara pensaba castigarla con mi ausencia.
Algo que esperaba le doliera.

APARENTEMENTE DULCEHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora