Paso las páginas con suavidad, leyendo con detenimiento los titulares coloreados de negro. Mi compañero de piso está delante de mí, esperando.
Cuando acabo, cierro el periódico y lo miro, olisqueándome los dedos ya que tengo cierta adicción al olor de la páginas y la tinta de los periódicos.
-¿Y bien? ¿Qué piensas?
-Pienso qué el mundo está hecho una mierda e igual mañana mismo nos vamos todos a pique.
Suelta una risa entre derrotada y divertida.
-De eso no, tonta.
-¿Entonces de qué?
Me lanza una mirada fulminante y deja caer los hombros.
-¡Ah, claro! Lo siento, me he tomado la libertad de leer el periódico entero. Sales muy guapo en esa foto.
Suelta aire de los pulmones sonoramente.
-De eso tampoco. De la entrevista. No la has leído, ¿verdad?
Me muerdo el labio inferior y vuelvo a abrir el diario pasando rápidamente las hojas hasta la sección de cultura. Ahí, me mira mi amigo en blanco y negro, trajeado, abrazado a su violonchelo, sonriendo.
Leo la entrevista que le hicieron a mi compañero de piso después del concierto.
Al finalizar la lectura, rio y él frunce el ceño.
-¿Qué ocurre? ¿No te parece que digo palabras inteligentes y parezco maduro e interesante?
-No mucho. Pareces lo que eres.
Enarca una ceja con gesto interrogativo.
-Un chaval de solo veintiún años, que se cree de treinta y pico y tiene mentalidad de niño de cinco.
Reímos y me encanta estar así. Me siento llena. Aunque sé que por mucho que alarguemos estos momentos, no van a ser infinitos.