Capítulo 9

253 35 1
                                        

-Deberías socializar un poco más Dulce- comento Christopher observando como la chica evitaba las miradas de las personas que le pasaban por un lado.

-No necesito hacer amigos, siempre que te encariñas con alguien, lo pierdes- se defendió ella misma, frívola, los músculos de él se tensaron...

Si de perder seres queridos se trataba Dulce era el mejor ejemplo, perdió a sus padres, y con ellos su vida y sus amigos de la infancia, luego, perdió a sus "amigos del orfanato" al menos a Tesa.

Se mentalizo que si no se encariñaba con más personas, no sufriría de nuevo si las perdiese.

Aunque la tarea se veía difícil teniendo a Christopher siempre pendiente de ella, esperaba que con los días el trato fuera disminuyendo, quizás en un mes, ella se convertiría en un estorbo para el.

-Me tienes a mi, ¿Qué no soy tu amigo?- le sonrió

-Eres mi tutor...- el la interrumpió

-Basta- se paro en seco delante de ella, sosteniendo su mirada sobre la de Dulce- si esperas que me deje influenciar por ese tono frió y lo deje pasar, estas equivocada, si soy tu tutor- aclaro- pero, eso no quiere decir que no puedo ser algo más- ella en su mente mal interpreto ese "algo más"- ¿vale? Si te adopte no fue por caridad, y las cosas que te doy- levanto las numerosas bolas de compras que llevaba en sus manos- son solo por necesidad, si me importas,  deberías sentirte agradecida, porque no hago esto con cualquiera y deberías al menos ser un poco menos amargada y encogida-

-Nunca te pedí que hicieras todo esto por mi- su mirada se ahogo en enojo- ni que me adoptaras, ni nada de eso- esta vez fue ella quien levanto la bolsa- nunca he pedido nada, y aun así obtengo hasta lo que no merezco- lo miro intensamente, el se sintió pequeño, como un niño al cual, su mama regañaba- ¿sabes? Lo único que he pedido de la vida, es ser feliz, pero, la vida es una perra que te da lo que a ella le da la regalada gana y si soy así, no es porque quiero, sino porque me canse, de actuar bien y recibir solo lo malo

-Lo siento- el sabia lo mucho que ella había sufrido, estaba siendo egoísta, esperando que con ropa linda y un cuarto bien decorado, al menos ella sonriera, pero, no conocía sus verdaderas necesidades, ella quería ser feliz y el la haría feliz de alguna forma

-Y ahora lo sientes- suspiro frustrada- no lo sientas, no tienes la culpa- esta vez su voz fue calmada

-Vallamos a casa, necesitamos relajarnos, que tal si estrenas ese lindo bikini que compraste y nos damos un chapuzó en la piscina- sonrió cambiando de tema, muy notablemente Dulce pensó que era lo mejor.

-Esta bien- respondió no muy segura

-¿Ocurre algo?- el sabia que algo andaba mal

-Mis piernas- la mirada de ella lo hizo entender, el había visto sus marcas, había visto su cuerpo entero desnudo

-Son hermosas- no mintió, incluso llena de imperfecciones lo eran, tomo su mejilla ruborizada, las manos de el estaban frías provocando que Dulce se estremeciera con el tacto- tu eres hermosa Dulce.

-¡Mierda! -Exclamo Dulce luego de sacar su cabeza del agua- esta fría.

Christopher la había convencido de nadar un rato, ella se había negado a causa de la hora, eran las 11 de la noche y el frió estaba tolerable para Christopher, más no para ella.

-Quédate- el tomo su mano al nota que Dulce se preparaba para salir del agua- luego de un rato te acostumbras a la temperatura- ella se devolvió cerca de el

-No esperaba que estuviera tan fría, ¿que no tienes calentador? -el negó con la cabeza, sus dientes titiritaron a causa del frío, Christopher creyó que moriría de ternura al verla, abrazada sus brazos debajo del agua intentando darse calor ella misma.

-ven acá- la acerco a su cuerpo, quedando ambos a solo centímetros, sus brazos rodearon la cintura de ella intentando abrazar un poco más de eso para proporcionarle calor, la levanto dentro del agua, su cuerpo era tan liviano como una hoja, y el rostro de Dulce quedo a solo centímetros del de el- ¿así esta mejor? - pregunto en un susurro, consiente de la distancia entre ellos.

Ella asintió rodeando el cuello de Christopher con sus brazos, haciendo más fácil el trabajo de él al sostenerla, estando cara a cara, aliento contra aliento.

-creo que el frío esta pasando- su voz sonó entrecortada, pero, él no la soltó, al contrario, la sostuvo aún más fuerte, la mirada de él se intensificaba cada vez más sobre la suya- Christopher, estoy algo cansada, creo que debería...

-te digo un secreto- la interrumpió haciendo caso omiso a su comentario, Dulce asintió- es la primera vez que entro en esta piscina- rió, ella se vio sorprendida- así que esperaba que te quedaras un rato más, porque me agrada estar aquí- Dulce asintió, entendiendo que no debía irse- si quieres descansar descansa sobre mi pecho-

Dejo caer lentamente la cabeza sobre el moreno hombro de Christopher, evitando tener contacto visual, haciendo más fácil, quedarse allí con el sin vagar y pensar cosas indebidas, aunque no lo logro.

Ella ya no era una niña, ya era una mujer, y ya había experimentado, su mente estaba vagando en lo indebido en ese momento, y el silencio entre ellos dos, no interrumpía la visión que tenia en su mente, los labios de Christopher estaban sobre su hombro, rozaban apenas su piel, provocando que Dulce temblara, incluso cuando los labios de él estaban calientes, provocando corrientes eléctricas en todo su cuerpo, impulsándola a cerrar los ojos y acariciar el oscuro y liso cabello del chico.

El agua los hacia danzar uno sobre el otro, provocando que sus cuerpos hicieran un contacto más intimo, las manos de el sobre la cintura de ella y sus labios rozando su hombro, le quemaban.

El frió de su cuerpo había desaparecido completamente, en su lugar, se había encendido un calor que bajaba hasta su feminidad.

El por otra parte, deseaba acabar con tanto protocolo, estaba olvidando que ella era menor de edad y que él era su tutor, quería besarle, no solo rozar su hombro y abrazarla en el agua, la estaba deseando, el aliento de ella terminaba sobre su cuello, y por su mente paso el deseo de sentir los dientes de Dulce en ese mismo lugar, y sentir sus uñas apretar la piel de su espalda, mientras el se enterraba dentro de ella, quería sentirla completamente.

Cualquiera se podría sorprender al verlos, allí tocándose, más de la cuenta, si ellos quisieran podrán hacer lo que querían, lo que ambos pesaban, pero, ninguno de los dos abría sus ojos, ambos se limitaron y así pasaron horas, abrazados, rozando piel con piel.   

Tutor LegalHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora