El aire pesado golpeó mi rostro, y ya tenía ganas de pegar la vuelta y volver a casa.
Después de una semana intensa, en donde tuvimos bastantes reuniones para proyectos futuros, al fin era viernes.
Habíamos organizado con los demás youtubers de argentina volver hacer una colaboración entre todos en el especial de la primavera, una pelotudes, pero en fin.
Caminaba al lado de Pablo, quien tiene fija su vista en el teléfono, ya llegando al lugar pactado.
— Me da a que va a ser una pelotudes esto – comento y el ríe.
— Dale Bar, ponele un poco de onda– ruedo mis ojos. Ya el malhumor era incontrolable – aparte nos cagamos de risa un rato con los demás y fue
— Va a estar Mica, Pablo... no volvimos hablar más y ¿sabes lo difícil que va a ser disimular que no pasa nada? – bufa.
— Bueno, es una buena oportunidad para que después de junten hablar
— No depende de mí
— Tranqui Bar, no es tan boluda la chiquita. – sonrío.
Entramos al lugar, y ya nos encontramos con varios de los chicos, Pablo enseguida empezó a saludar y mendigar colaboración, yo lo seguía por atrás.
Cuando casi todo el lugar estaba lleno, decidimos ubicarnos para comenzar con la reunión. Entonces la ví, estaba charlando con Lina
Me vió y cruzamos miradas, me sonrío a medias y yo igual, enseguida desvíe la vista y mordí mi labio inferior.
Me hacía tanta falta.
Todo era tan complicado.
Suspiro.
Que largo se iba hacer.
Cerca de las nueve la reunión ya estaba finalizando y ya se estaban yendo.
Le avisé a Pablo que ya me volvía, él se quería quedar charlando un poco más con algunos de los chicos.
Salí, el aire estaba más fresco, ya se podía respirar.
Cuando me estaba yendo, me encuentro con Micaela hablando a los gritos ¿sola?
— ¿Mica? – ella voltea para verme, con una expresión de sorpresa – ¿pasa algo?
— Se me cayó el teléfono, se me hizo mierda – rodea los ojos. Yo sonrío.
— ¿Tan yeta? – pregunto y ella muerde su labio inferior, ocultando una risa
— La puta madre, boluda – muerdo mi labio inferior también. Me mira y sonríe.
— ¿Precisas llamar a alguien? – le ofrezco mi celular.
— No...no, gracias – asiento chiquito
— Bueno me voy...
— Espera – me toma del brazo. Larga un suspiro – te extraño
— Mica – murmuro.
Muerde su labio inferior.
— Si, ya sé, vos no ¿no?
Sonrío, y niego seguidas veces.
Ni enterada de lo que me pasa.
— No es lugar – vuelvo a murmurar. Ella asiente.
Un silencio enorme se forma.
— ¿Querés... querés venir a casa?
