Todavía

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Suspiro y sonrío.
Al fin en casa.
Sin dudas, lo habíamos pasado increíble en Barcelona, y volver a casa después de varios días fuera, se hace más hermoso.
Lo mejorcito es que había podido comprar la guitarra que tanto tiempo quise, y ahora podía disfrutarla.
Si es que no tendría tanto lío en casa.
Por eso es que decidí poner un poco de música y empezar, ya mañana nos iríamos de vuelta por la gira, y temía por mi departamento y mi salud mental si a la vuelta encontraba roedores. Así que, sin más comencé
Cerca de las nueve y media logré terminar, así que feliz, decidí cocinarme algo para después ir directo a dormir, también tenía que disfrutar de mi cama.
Mi teléfono empieza a sonar avisandome de que alguien llamaba, por eso me limpio las manos que anteriormente estaban preparando la ensalada y apurada, sin ver, atiendo.

— ¿Hola? - detrás de la linea se escuchaban ruidos, tal vez del tránsito, pero también se escuchaban sollozos. Separe el celular para ver de quien era la llamada: Mica Suárez. - ¿Mica? ¿Sos vos? - ahí es cuando una corriente helada me recorrió todo el cuerpo e hizo que se me erice la piel.

— S-si - estaba llorando.

— ¿Que pasa boluda? Me asustas. -pero no puede hablar y más nerviosa me pongo. – Mica ¿Dónde estás? – No responde.

— ¿Hola? – una voz masculina me sorprende y me asusta mucho más a la vez. La puta madre, Micaela

— ¿Quien sos? ¿Que pasó con Micaela? Pásame con ella.

Los nervios por las nubes, alteradisima.

— Soy Martín, el chico del quiosco de acá la esquina – ¿El chico del quiosco? ¿Que hace con Micaela? – Tu amiga está bien, pero esta en shock, la acaba de perseguir un hijo de puta y paró acá para que la dejé en paz

— ¿Pero esta bien? ¿No le hizo nada? – esta vez se apodera una angustia de mi cuerpo, el hecho de saber que le pasó esto me aterra, ¿que mierda hacia en la calle a esta hora y sola?

—Si, está bien. Me pidió que la lleve a tu casa. Estamos abajo.

— Ya... ya bajo.

Un suspiro enorme se me escapa, sin siquiera haber podido digerir lo de recién, bajo por la ascensor los seis pisos que me separan de planta baja.

Al llegar, mis pasos son ligeros hasta llegar a la puerta del edificio, abro y me encuentro con Martín, el chico del quiosco sosteniendo a Mica por la espalda, que esta con sus ojos hinchado y su cuerpo tiembla al verme.

— Mica - murmuro y me acerco para abrazarla. Al fin, al fin puedo verla, al fin sé que está bien, que ese hijo de puta no le hizo nada grave. Al fin puedo sentir su cuerpo junto al mío, después de casi dos semanas en las que no nos veíamos.

Su cuerpo se relaja, y solloza una vez más en mi hombro. La situación que acaba de vivir la supera, la atormenta, ¿Y qué más se puede esperar?

Se separa del abrazo y me dirige una mirada que me parte en dos, tan triste, dan dolida, pero a la vez con una pizca de alivio.

Se acerca a Martín y le sonríe, como puede, en forma de agradecimiento.

— Muchísimas gracias - pero hablo yo- en serio - Él solo sonríe y asiente.

— Hace la denuncia, por favor - le pide a Micaela y ella asiente.

— Gracias -murmura y Martín se va.

La miro, muerdo mi labio inferior y vuelvo abrazarla. Por suerte está acá, conmigo, bien.

Al llegar a mi departamento ella se sienta en el sofá y yo voy por un vaso de agua fresca. Se lo entrego y ella hace una mueca intentando ser una sonrisa.

— Perdón que te llamé a vos - murmura. Nuestros dedos entrelazados, sus ojitos hinchados y aguados

— Estabas en la esquina de casa, te mato si no me llamabas -le sonrío.

—  Si, pero como la última vez que nos vimos...

— Pero estamos hablando de tu vida, Mica, te juro que si te pasaba algo sabiendo de que venías para acá, me mato.

— ¿Y como sabías que venía para acá?

— ¿Quien más vive por esta zona? - le sonrío chiquito y ella muerde su labio inferior.

— Quería verte, y llegar de sorpresa, pero la cagué

— Tremenda sorpresa me diste igual. - me acerco y plantó un beso en su mejilla. Deja caer su cuerpo contra el mío y la abrazo. Tiene su cabeza apoyada en mis piernas, su rostro parece relajado y nuestras manos siguen unidas.

— Que increíble el flaco del quiosco - me dice y yo sonrío, asintiendo.

— Posta.

— Me corrió cuadra y media mientras se masturbaba. - Aprieto mi mano contra la suya, vuelve a recorrer ese frío estremizante, horrible y miedoso.

— ¿Una cuadra y media? Que hijo de puta boluda, que hijo de puta.

— Corrí como nunca en mi vida. Y cuando vi el quiosco me mande, y por atrás llegó el loco - mis ojos se agrandan. No puedo creer todo lo que vivió - Martín enseguida llamo a los policías pero obviamente que se fue -rodeo sus ojos- igual lo identificaron... y mañana tengo que ir hacer la denuncia.

— Que horrible, te juro que no puedo creerlo - muerdo mi labio inferior- Por suerte no te paso nada - me agacho para dejar un beso en su frente.

— Suerte que estoy ahora con vos -sonrío chiquito y muerdo mi labio inferior.

Ojalá las cosas fueran más fáciles, ojalá dejé de ser tan linda y así poder avanzar en esta amistad que tenemos y dejar de retroceder mil veces. Yo, porque ella si tiene las cosas claras.
O eso es lo que aparenta.
Ojalá dejemos de buscarnos todo el tiempo.

Esta historia tiene tres partes, si les gusta, háganmelo saber para seguir subiendo o no.

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No te apagues (one shot)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora