Comienzos

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Concetradisima en que todo el agua hirviendo caiga en la taza sin que me salpique, largo un suspiro cuando lo logro, entonces ahí puedo seguir hablando.

— Y nada, ¿que le voy a decir? Si sabes cómo es, salta a la defensiva enseguida.

Ruedo mis ojos y escucho su carcajada.

Frunzo el ceño y me asomo contra el marco de la puerta de la cocina para observarla sentada en el sillón, a carcajadas puras.

— No entiendo que es lo gracioso.

— Perdón Bar, es que, mira lo que me recordó facebook. Hablando de Roma.  – su voz tomada por la risa que todavía no podía contener.

Reí al ver esa foto y los recuerdos de esa noche de festejo, alcohol y confesiones.

— Ese barco re... 

— ¡Turbio! – decimos las dos a la vez y reímos.

Flashback.

Le hice señas al barman de "una más" y el río, para después alcanzarme el vaso de cerveza.
Caminé mientras mi cuerpo se llevaba por el son de la música y de algunas copas de más.
Me sorprendió cuando me agarro la mano y me arrastro hacia un grupito, todo está listo para hacer un shot de tekila todos juntos.
Y fue en este momento cuando todo se fue de las manos.
— ¡Perdieron la prenda, dale beso! ¡beso!  – maldita prenda. Maldita Daiana. Maldito barco y maldito cumpleaños.
Bueno,  o no tanto.
Ella reía, estaba igual o peor de ebria que yo, y sus impulsos hicieron que se acerque a mi y que amague a darme un beso, pero con su dedo índice negó divertida haciéndome reír y nuestra colega gritar un "¡dale, Micaela!"

— ¿Cuándo llegamos a esto? – le pregunté y ella rodeo sus ojos.

— Cuando en vez de decir que Pluto era un perro dijiste que era un planeta. ¡ERA PLUTO, NO PLUTÓN! – largué una carcajada y ella se contagio y me abrazo por el cuello – sos una boluda.

— Lo hice a propósito para que me beses.

Ella se separó y me miró sorprendida, reí nuevamente.

— Mentira tarada.

— ¡Uh, dale Mica! si no un shot más las dos.

Rodeó sus ojos e hizo un gesto demostrando que la susodicha se estaba poniendo re pesada, yo sonreí, acortando la distancia y al fin nuestros labios se unieron en un corto beso, pero no por eso menos significativo, ya que, al menos para mí, despertó todos aquellos sentimientos que negaba a sentir por Micaela.

Maldita prenda parte dos.

Ella bajo la mirada y yo logré una distancia, para mirarnos, que se nos escape una sonrisa y encargarnos de hacernos las boludas haciendo unos pasitos de la canción que estaba sonando. 

Y ahí es cuando todo se fue de las manos. Entre alcohol y risas, bailes y cantos desaforados, entre abrazos y selfies, nos encontrábamos en un rincón de este barco bastante oscuro y lejos de los invitados del cumpleañero.

— ¡Hija de mil! Tenés las manos heladas – Gemí por el contacto de sus manos en mi espalda. Ella ríe.

— ¡Quédate quieta boluda! Si te moves es peor.

No te apagues (one shot)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora