Hongbin estaba terminando su turno en el restaurante y mientras se quitaba el mandil para guardarlo en su casillero, aun no dejaba de darle vueltas a toda la conversación que había tenido con Ken horas antes.
— ¿Qué me dirías si te dijera que hay una posibilidad de ganar el suficiente dinero, como para que compres los lentes que necesitas para tu cámara e incluso una nueva?
— Que suena demasiado bueno para ser verdad.
— Oh, vamos, Binie solo tendrías que dejar que te pinte de nuevo.
— Bueno, sabes perfectamente que para verme desnudo no necesitas pagarme — le respondió acercándolo a su cuerpo para besar su cuello.
— Y me encanta que así sea, pero...
— ¿Pero...? ¿Qué no me estás diciendo exactamente?
— Digamos que tendrías que posar desnudo para toda una clase.
— ¡De ninguna manera¡ ¡Te volviste loco! — le dijo alzando la voz.
— Pero Binie, el pago seria referenciando directamente por la universidad.
— ¡Ya te dije que no!
Cuando estuvo en la calle, caminando rumbo hacia la parada que lo llevaría a casa, la cabeza aun le daba vueltas. No es que él fuera alguien demasiado pudoroso, pero tan solo el recordar esa primera vez, todavía hacía que su corazón se disparara, y el que ahora Ken le pidiera que posara para toda una clase no le era muy atractivo. Sobre todo después de que se convirtió en la comidilla de su propia familia cuando en días atrás, les confesara que estaba saliendo con Ken — lo cual no era algo de qué avergonzarse —, y él lo interrumpiera hablando sobre su desnudo, para Hongbin fue el día más vergonzoso de su vida, porque incluso sus hermanas querían ver la dichosa pintura.
* * *
Todavía no lograba entender porque había dicho que sí, pero ya no tenía otra opción, especialmente porque de nuevo se encontraba desnudo, aferrándose al nudo de la bata que Ken le había entregado minutos atrás. El latir de su corazón y los nervios, eran incluso mayores, a los que había sentido cuando solo era Ken el que lo esperaba en la otra sala.
— Binie ¿estás listo? — preguntó Ken, tocando a la puerta.
— No... — respondió y abriendo la puerta agregó — creo que ya me estoy arrepintiendo.
— No seas exagerado, todo lo que tienes que hacer es estar relajado, además recuerda que también yo voy a estar ahí — comentó Ken besándolo brevemente en los labios, para después tomar una de sus manos y darle un apretón.
Aun tomados de las manos caminaron hasta donde — en medio de toda la habitación —, se encontraban varios lienzo sobre algunos caballetes, los cuales rodeaban en un semicírculo un pequeño sillón en un color rojo guinda; Hongbin miró una última vez a Ken dedicándole una sonrisa tímida, antes de que este tomara su posición justo al frente. Y entonces Hongbin se quitó la bata, tomó su posición en el suelo como le habían indicado con anterioridad, con la cabeza recostada en el sillón y una de sus piernas doblada; de ese modo los presentes — en total diez personas — comenzaron su trabajo de pintura.
* * *
— De verdad no puedo creer que me convencieras de hacer esto otra vez — objetó Hongbin mirando la pintura de Ken ya finalizada.
— Bueno, digamos que ya estamos a mano.
— ¿A mano? — preguntó Hongbin con curiosidad.
— Sí, yo tengo esta nueva pintura, mientras tú, esas fotografías mías que guardas celosamente en el estudio de revelado.
— ¿Cómo lo...?
— El día que olvidaste tú celular y yo fui por el ¿recuerdas?
— Sí iba a... enseñártelas.
— ¿Cuándo? — preguntó Ken levantando una ceja.
— Algún día — comentó sonriendo.
Hongbin se acercó a Ken y rodeándolo con sus brazos comenzó a besarlo. Puede que ambos tuvieran pasiones por lo artístico de forma distinta, pero valía la pena el poder compartirlas juntos.
— Aunque te diré... — continuó Ken — no todos pueden decir que tiene una obra de arte como novio.
Ambos sonrieron y volvieron a besarse, sin embargo para Hongbin, la verdadera obra de arte era Ken, quien se había convertido en su bálsamo protector de los días malos, llenando su vida en blanco y negro para darle distinto matices de muchos colores, con sus sonrisas y esa forma tan alegre de ver la vida; porque puede que no solucionara sus problemas económicos, porque Ken tampoco era rico, pero el poder estar a su lado le era lo suficientemente fácil para poder sobrellevar lo que fuera, incluso el que la pintura de su desnudo fuera expuesta en una exposición de arte, algo más profesional que en la universidad. Adquiriendo de ese modo fama por ambas partes, Ken como pintor y Hongbin como modelo.
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Y llegamos al fin, espero que mi idea de esta historia haya sido de su agrado. Aún a pesar de que no es un pareja muy común, como me dijeron por ahi.
Muchas gracias por darse el tiempo de leer, votar y comentar.
Nos vemos en alguna de mis otras historias.
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Artwork [KenBin]
Fanfiction¿Qué estarías dispuesto hacer por dinero? Hongbin se hizo esa misma pregunta, y por más que le dio vueltas a sus posibilidades, la única alternativa que le quedaba era vender su cuerpo.